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La última chance de ser una república

Federico Di Pasquale
Federico Di Pasquale PARA LA NACION
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25 de octubre de 2018  

La aparición de los famosos cuadernos del escriba Centeno no solo confirmaron el mecanismo de sobornos y pagos indebidos utilizado durante el kirchnerismo, sino que expuso lo que todos ya sabíamos: que "el muerto estaba definitivamente muerto" y, principalmente, que gran parte de la sociedad estaba involucrada por omisión o por comisión en el entramado de la corrupción que afectó a nuestro país durante, por lo menos, los últimos treinta años.

Efectivamente, la sospecha de que la obra pública fue el gran "elefante blanco" que subsidió los bolsillos de los funcionarios públicos y supuestos empresarios en función de sus intereses particulares quedó demostrada por el desfile de "arrepentidos" en las escalinatas de Comodoro Py y sus pedidos de indulgencia ante la posibilidad de perder sus libertades ambulatorias y gran parte de sus ganancias ilícitas.

Frente a estos hechos de corrupción, el pedido de los ciudadanos para que devuelvan lo robado y la grave crisis político-económica que atravesamos, el Gobierno se encuentra frente a una gran encrucijada, que, en definitiva, es la misma con la que se encontró al comienzo de su gestión, pero agravada. Tan agravada que no pude o no quiere darse cuenta de que el problema real es la política y, en consecuencia, la economía, y no al revés.

Haber aplicado el "gradualismo" a la política y a una reforma seria de las instituciones provocó que la corrupción se mantuviera en estado latente y, por ende, hiciera metástasis en una sociedad agobiada por el pasado y sus fantasmas. Esto hace cada vez más lejano y oscuro el tránsito hacia una república seria y sustentable. Las expectativas generadas del "cambio" se van diluyendo por la incapacidad o inercia de sus dirigentes, provocando la falta de confianza, no solo de sus votantes, sino también de una comunidad internacional que espera, todavía, de una vez por todas, que la Argentina, sea un país seguro y creíble, donde el imperio de la ley se aplique y, lo más importante, a todos por igual.

Esta crisis tal vez sea la última oportunidad que tengamos para que se llegue hasta las últimas consecuencias, "caiga quien caiga", y enfrentemos responsablemente cuál es país que queremos, no ya para nosotros, sino para las futuras generaciones. De no ser así, corremos el riesgo de seguir jugando con el pasado y repitiendo los tantísimos errores que la historia nos sigue demostrando.

Seguir escondiendo la basura debajo de la alfombra y suponer que la culpa es siempre de los otros, llámense oposición política, herencia recibida, crisis griega o turca, suba de tasas, mercados, etcétera, no hace más que intentar justificar una falta total de acción y autocrítica que eleve la mirada más allá de los egos, caprichos y la falta de madurez de una dirigencia política que no quiere o no sabe hacer una lectura de lo que la ciudadanía le está reclamando.

Por eso, a contrario sensu de la opinión de los "gurúes" que dicen que la llamada causa de los cuadernos agrava o tiene incidencia negativa en la economía, considero que esta situación crítica es una oportunidad para que los fantasmas del pasado y los supuestos empresarios de la prebenda desaparezcan definitivamente del inconsciente colectivo de una sociedad enferma y por fin florezcan nuevamente los valores que alguna vez tuvimos. Que este sea el comienzo de una nueva etapa en que las especulaciones se transformen en inversiones, que los que ganaron haciendo trampa con el Estado por primera vez pierdan, y que los que jugaron para ambos lados, alentando los fantasmas del pasado, se den cuenta de que el futuro de la República ya no está en sus manos.

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