Se avecinan las elecciones de "medio término" en EE.UU.

Emilio Cárdenas
Emilio Cárdenas PARA LA NACION
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25 de octubre de 2018  • 00:27

El próximo 6 de noviembre tendrán lugar las llamadas elecciones de "medio término" en los Estados Unidos. En ellas se elegirá a quienes ocupen 35 de las 100 bancas del Senado norteamericano y se renovarán todas las 435 bancas de la Cámara Baja. Recordemos que los senadores norteamericanos se eligen por 6 años, mientras que los representantes en la Cámara Baja duran tan sólo 2 años en sus respectivos mandatos.

Para algunos, las elecciones que se aproximan deben verse fundamentalmente como una suerte de referendo respecto de la popularidad del presidente Donald Trump. Si los republicanos conservan el control de las dos Cámaras del Congreso que hoy tienen, las posibilidades de Donald Trump de ser reelecto en 2020 se agrandan. Si los demócratas, en cambio, resultan ganadores, la reelección del presidente Trump podría resultar un esfuerzo difícil, con un pronóstico abierto.

Para Trump, el resultado del próximo comicio puede -de pronto- ser dramático. Si el partido Republicano pierde el control de la Cámara Baja, una eventual mayoría Demócrata podría iniciar investigaciones incómodas respecto del presidente. Como las que apunten al cumplimiento de sus obligaciones impositivas o a su relación con la estrella porno Stormy Daniels. Además, Trump podría hasta enfrentar un eventual proceso de destitución si la investigación que hoy lleva a cabo Robert Mueller respecto de un posible pasado apoyo electoral por parte de la Federación Rusa, de alguna manera, lo comprueba. A lo que cabe agregar la suerte que correrán la construcción del "muro" propuesto por Donald Trump en la frontera de su país con México y la posible demolición del llamado "Obamacare" en materia de salud.

Los observadores, en general, se inclinan por pronosticar que el partido Republicano podría conservar su mayoría en el Senado, sin mayores sobresaltos. En cambio, la situación en la Cámara Baja luce aún impredecible. No obstante, algunos apuestan a que Donald Trump podría, de pronto, quedarse sin la mayoría que allí hoy detenta.

En general los norteamericanos, y muy especialmente los votantes más jóvenes, no concurren masivamente a votar en las elecciones de medio término. Pero este año hay un tema que presumiblemente podría convocar a la juventud. Particularmente a las mujeres, que han quedado dolidas por la forma en que la administración de Donald Trump manejó las acusaciones formuladas contra el ahora juez de la Corte Suprema, Brett Kavanaugh. Por esto el expresidente Barack Obama los ha instado a concurrir esta vez a las urnas. Se trata de quebrar un mal promedio histórico, desde que tradicionalmente sólo uno de cada cinco votantes jóvenes norteamericanos participa en las elecciones intermedias.

Los Republicanos tienen una mayoría escasa en la Cámara Baja, donde controlan 51 bancas contra 49 que están en manos de la oposición. Por esto ante pronósticos que anticipan una elección reñida, habrá que esperar los resultados.

De todas las elecciones de "medio término" hay una que ha despertado un muy particular interés. Es la que tendrá lugar en el estado de Texas. Allí el fogueado candidato republicano local, Ted Cruz, se enfrenta a un novato, Beto O'Rourke. El candidato demócrata es un joven alto, espigado, que -sin mayores antecedentes- parece haber hecho una campaña exitosa. Es claramente un candidato que puede afirmar que viene "de fuera" del mundo de la política norteamericana. Hay quienes creen que si venciera a Ted Cruz, O'Rourke podría ser el candidato presidencial demócrata en 2020.

El partido Republicano tiene esta vez a su favor un argumento de mucho peso y relativamente inusual en el mundo de la política: el de haber prometido, en la campaña presidencial, distintas medidas y haberlas hecho rápidamente realidad desde el gobierno.

Hablamos de cuestiones que no son, para nada, menores. Como el retiro del Acuerdo de París de 2015 en materia climática; el abandono del acuerdo nuclear de la comunidad internacional con Irán; y la rebaja de la carga impositiva que hasta no hace mucho asfixiaba las decisiones de inversión en los Estados Unidos.

Si lo prometido es deuda, Donald Trump la ha pagado. Además, lo cierto es que la economía norteamericana atraviesa un claro período de bonanza, con una tasa de crecimiento en términos de su PBI realmente notable y con un índice de desocupación que está entre los más bajos de la historia reciente.

No obstante, las elecciones son casi siempre una incógnita, cuyos resultados sólo se develan al tiempo de contar efectivamente los votos depositados en las urnas. Por esto la prudencia parece estar aconsejando descartar los pronósticos dramáticos y endosar, más bien, la posibilidad de que los resultados de las próximas elecciones intermedias no produzcan sismo alguno, de ninguna naturaleza.

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