Boca-Palmeiras: un trabajo de derrumbe en el que Benedetto fue "Terminator"

Benedetto volvió al gol, cuando Boca más lo necesitaba
Benedetto volvió al gol, cuando Boca más lo necesitaba Fuente: AP
Claudio Mauri
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25 de octubre de 2018  • 00:44

Boca jugó como equipo y tuvo un salvador. Tan necesario lo uno como lo otro. Consistencia y pegada. De esa conjunción salió una victoria que cotiza en oro, por la instancia y por la dificultad que planteaba Palmeiras . Una Bombonera exultante vivió una noche de Copa Libertadores ideal, seguramente la mejor en este año, como para que el sueño del título que persigue desde hace 11 años tenga correspondencia con la realidad auspiciosa que dejaron los 90 minutos.

El legajo de Palmeiras impresionaba: había ganado los cinco partidos de visitante (uno en la Bombonera, por la etapa de grupos) y en ninguno de ellos había marcado menos de dos goles. Boca lo controló casi todo el partido y lo liquidó al final. Una tarea de derrumbe que encontró en Benedetto al "Terminator" que requería la situación.

Se lo esperó largamente a Darío Benedetto y no podía haber aparecido en un momento más oportuno, de máxima necesidad y emergencia. Para quebrar con dos goles en cinco minutos a la muralla verde que era Palmeiras. Para un triunfo que Boca trabajó a destajo. Un cuarto de hora, el de final, le alcanzó al Pipa para convertirse en héroe, en el hombre que puso muy cerca a Boca de la final de la Copa Libertadores. Entró a los 31 minutos del segundo tiempo, seis después rompía el 0-0 con un cabezazo tras un córner y cinco más tarde se elevaba como el hombre de la noche con una jugada de su sello: enganche en la puerta del área y remate seco junto a un palo. El temible goleador había vuelto, se sacó la abstinencia de un año entre una grave lesión y una reaparición que no lo tenía afilado. Todo debajo de la tribuna de La 12, con una Bombonera estruendosa, como para que Boca viaje al desquite en San Pablo con un razonable optimismo y la confianza recargada.

El primer gol de Benedetto

Con más concentración de la habitual, pero con menos poder ofensivo que el que se le conoce. Boca cometió pocos errores en orden y ubicación en el primer tiempo, a cambio de mostrar escasas virtudes para perforar el férreo bloque de Palmeiras.

Consciente de la trascendencia de la cita, Boca no se permitió distracciones. Interpretó bien que frente a un rival calificado debía achicar el margen de error, pero en los primeros 45 minutos le faltó espesura ofensiva, desequilibrio. Empezó con "Wanchope" Ábila aguantando de espalda al arco todo lo que le llegaba para descargar o pivotear. No era una tarea sencilla para el centro-delantero porque los centrales Luan y Gustavo Gómez -repudiado desde las tribunas por una transferencia que se cayó tras negociaciones interminables- lo encimaban con firmeza y velocidad.

El segundo gol de Benedetto

Palmeiras llegó muy convencido de su plan. Replegado sobre su campo, sin regalar espacios entre sus líneas y con ayudas permanentes para recuperar la pelota, especuló con la ansiedad rival. Boca no se desesperaba, debía soltarse un poco más. Pablo Pérez y Nández guardaban mucho la posición, no pisaban el área. Zárate, recostado sobre la izquierda casi como un tercer delantero, no sintonizaba sus arranques con el resto.

Boca celebra el segundo de Benedetto
Boca celebra el segundo de Benedetto Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro Alfieri

Por momentos se luchó más de lo que se jugó y las interrupciones quitaban fluidez. En ese contexto, las situaciones de gol eran una rareza. Algún remate de media distancia de Olaza y Jara, un cabezazo de Izquierdoz en una mala salida del arquero Weverton. Poco para lo que pretendía Boca, sin perder de vista que Palmeiras no de descomponía nunca en defensa, tenía muy ajustadas las coberturas. Claro, eso al equipo paulista le significó quedar muy lejos del arco de Rossi y sin posibilidades de armar un contraataque porque Boca también estaba bien parado.

Guillermo Barros Schelotto buscó desde los 10 minutos de la segunda etapa abrir más el frente de ataque con el ingreso del colombiano Villa (por Zárate), con lo cual el intermitente Pavón pasó a la izquierda.

Se hicieron más intensos los ataques de Boca a medida que lo apuraba el reloj. Pero la deuda seguía siendo la misma: en los últimos 25 metros no surgía la cuota de creatividad y justeza; varias veces los jugadores quedaban mirándose sin entenderse. En una de las pocas veces que Palmeiras tomó un poco de aire para posicionarse en campo adversario armó un ataque que terminó en un remate desviado. El partido desfilaba por una cornisa.

Le hacía falta refresco a Boca en la ofensiva: Benedetto entró Ábila. Acertó el Mellizo con el cambio, como antes lo había hecho con el planteo general. El partido, duro y cerrado, entraba en la zona de los salvadores. Del hombre providencial. Y Benedetto acudió a la cita como en sus mejores tiempos.

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