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Detienen por drogas a 70 personas por día, el doble que hace dos años

La Policía de Investigaciones de Santa FE allanó casas del clan Orozco
La Policía de Investigaciones de Santa FE allanó casas del clan Orozco Crédito: Ministerio de Seguridad de Santa Fe
Desde enero de 2016, se registraron 48.444 operativos
Fernando Rodríguez
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25 de octubre de 2018  

La magnitud del narcotráfico en la Argentina puede visualizarse en la cantidad de arrestos. Y las cifras que maneja el Ministerio de Seguridad de la Nación, a las que accedió LA NACION, son elocuentes: 51.288 detenidos por tenencia y tráfico de estupefacientes en 48.444 operativos entre enero de 2016 y septiembre de 2018. En la actualidad, un promedio diario de casi 70 detenciones, cuando hace 34 meses era prácticamente la mitad.

Como para tener una magnitud de lo que representa el volumen de arrestos, basta decir que con los detenidos por tenencia o tráfico de droga desde el 1° de enero de 2016 se podrían llenar las gradas del Estadio Único de La Plata. Es una cifra simbólica: en agosto pasado se superó la barrera de los 50.000. Tomando como punto de partida aquella fecha, a fines de septiembre pasado prácticamente se había duplicado la media diaria de personas aprehendidas por infracción a la ley de estupefacientes: de un promedio de 35,9 por día, hace dos años, se pasó a 69,3 en el actual. Y si persiste la tendencia mensual, para fines de este año más de 25.000 sospechosos habrán terminado atrapados en operativos antinarcóticos.

El Ministerio de Seguridad registra 51.288 detenidos por tenencia y tráfico de estupefacientes entre enero de 2016 y septiembre de 2018. Más de un aprehendido por procedimiento. En el primer año de medición fueron capturadas 13.143 personas; en el segundo, 19.903, un 51% más. En los primeros nueve meses de este año fueron atrapados 18.242 sospechosos, un 27% más que en 2017, a un promedio de 2026 detenidos por mes, lo que en la proyección permite aventurar que 2018 podría concluir con más de 25.000 aprehendidos por infracción a la ley de drogas.

Las cifras acumuladas dan cuenta de la incautación de 392 toneladas de marihuana, 23,2 toneladas de cocaína y 450.317 unidades de drogas sintéticas. Su valor en el mercado ilegal de las drogas supera los 25.000 millones de pesos. Según cálculos extraoficiales, dinero suficiente para construir 85 hospitales o más de 300 escuelas.

Los datos de operatividad del ministerio no encuentran verificación, sin embargo, en el final del camino, es decir, en las condenas judiciales. Un informe oficial publicado hace dos semanas por LA NACION revela que solo el 2% de las causas por narcotráfico llegan a una sentencia condenatoria. Muchos de los detenidos, pues, se "pierden" en el camino. En múltiples ocasiones, además, los jueces descartan los casos al ponderar que, por la cantidad de estupefaciente que se les secuestra, a muchos de los sospechosos puestos a su disposición no se les debe computar más que una tenencia de drogas para consumo personal, algo que la Corte Suprema de Justicia, en el fallo Arriola, consideró que no es punible.

Eso ocurre a pesar de que muchas de estas personas son aprehendidas en estaciones de tren o terminales de colectivo cuando consumen sustancias delante de terceros, situación que, precisamente, quedó excluida de la lectura descriminalizadora del máximo tribunal nacional.

La apuesta del gobierno nacional, entonces, es aumentar la eficacia en la persecución a través de modificaciones en las normas legales, en la federalización de la lucha contra las drogas y en la profundización del combate del narcomenudeo tanto con cuerpos federales por crearse como con el trabajo conjunto con jueces y fuerzas provinciales. Así lo explicó a

LA NACION la ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich.

-¿Cómo se explica este aumento en la cantidad de operativos y de detenidos?

-Porque en términos de la lucha contra el narco y la forma en que se da esta lucha, por las acciones de las fuerzas federales, tenemos prácticamente un preso por operativo. Tenemos un aumento de la operatividad de un 77% en procedimientos antinarcóticos; en cuanto a drogas, esto es un número inédito.

-¿Cuál es el impacto en términos de seguridad pública?

-Lo que más impacta es la cifra de homicidios. En la villa 1-11-14, por ejemplo, bajamos de 28 a 2; es impresionante. Cuando controlás el territorio y vas más a fondo contra las bandas, se pelean menos por el territorio, porque se lo gana el Estado. Algunos nos decían que íbamos a tener un aumento de la violencia y los asesinatos porque los narcos se desesperarían. Pero advertimos que el reemplazo del control de un Estado narcocriminal por el del Estado de Derecho baja los niveles internos de violencia, los muertos por narcotráfico y la violencia intrafamiliar. La pacificación de esos lugares genera un impacto en toda la comunidad. Baja el narcotráfico y baja la violencia. Lo vemos en la villa Carlos Gardel (Morón); en Alto Verde, Santa Fe, o con los operativos de saturación que hacemos, por ejemplo, en la villa Itatí, de Quilmes.

-¿Cómo se explican estos números y la evaluación positiva que hacen de ellos?

-Creo que el Presidente focalizó esta lucha como una decisión estratégica. Y hay también una cuestión, podríamos decir, ideológica: el gobierno anterior tenía una idea de que el victimario del narcotráfico era una víctima y no se metía en los barrios como tenía que meterse, no generaba estrategias de persecución con el argumento de "no perseguir a los pibes, sino a los peces gordos". Pero en la Argentina "grandes bandas" son todas. Lo que vemos todos los días es la familia narco, el clan. Los Monos, por ejemplo, son una familia extendida con una lógica de delito superviolenta.

Nosotros conseguimos aumentar la operatividad a pesar de que tenemos menos efectivos que el gobierno kirchnerista, no solo por los 19.000 policías federales traspasados a la Ciudad, sino porque al haber aumentado el tiempo de capacitación de cuatro a nueve meses "ralentizamos" el crecimiento de las fuerzas por ingreso de nuevas camadas.

-Pero ¿cómo aumentaron la operatividad entonces?

-Primero, cambiamos el paradigma, de la casualidad a la causalidad, con inteligencia más investigación. Se trata de no "tropezarnos" con la droga, sino saber dónde están las bandas, cómo actúan, geolocalizarlas y generar estrategia para desarticularlas. Luego, con la territorialización: no solo sacamos una banda, sino que hacemos 50 allanamientos y sacamos a todas las bandas de una misma zona; porque si les golpeás solo un quiosco y te quedás en eso, les das la posibilidad de rearmarse. También estamos más alertas en la frontera. Además, hay una cuestión simbólica: nosotros decidimos dar vuelta la concepción de que las fuerzas de seguridad eran el problema. El problema somos todos y tenemos que resolver ese problema. Se tiraban la pelota entre las fuerzas y los jueces. Y nunca un político en la gestión se hacía responsable.

Cuando dije que no iba a tirar a un gendarme por la ventana fue como una explosión hacia adentro. Sintieron que los apoyábamos de verdad. Partimos de que las acciones de las fuerzas son legítimas y cuando no lo son vamos a ser durísimos. Les damos la derecha y apoyamos lo que están haciendo. Cambió la situación subjetiva. Aumentó el compromiso y, con eso, la operatividad y los resultados. Así pudimos atrapar a grandes bandas y también meternos con la narcopolítica, como hicimos en Itatí.

-¿Cuál es el desafío ahora?

-El Presidente bancó siempre, tuvimos casos complicados y nos apoyó totalmente. Hay que salir de esta idea. Queremos que el narcotráfico sienta que acá no la va a tener fácil, que acá va a perder más de lo que va a ganar. Ahora necesitamos tener el nuevo Código Penal. Me gustaría que hubiera condenas más duras y ordenar el país entre narcotráfico y narcomenudeo. Mandamos una ley de coordinación para poder trabajar con todas las provincias, combinar esfuerzos.

A nivel de fuerzas federales vamos a crear grupos especiales de investigación de microtráfico y narcomenudeo. En las grandes ciudades advertís que los embarques grandes ya llegan divididos. Cuando la droga llega repartida hay que ir contra los búnkeres.

Hoy, una organización de narcomenudeo puede recaudar un millón de pesos por semana. Son economías que hay que desarmar. Hay que generar el cambio cultural; que se sepa que esto no reemplaza el trabajo. Si desde el Estado se le generan oportunidades, la gente no quiere ser narco.

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