En Salta, un tesoro de luz a 2800 metros de altura

Dentro de la finca de Bodega Colomé, a 4 horas de la capital salteña, se emplaza el Museo James Turrell, dedicado a la luz y su percepción
Dentro de la finca de Bodega Colomé, a 4 horas de la capital salteña, se emplaza el Museo James Turrell, dedicado a la luz y su percepción
Julieta Bilik
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28 de octubre de 2018  

En Salta hay un tesoro por descubrir. Como se sabe, tan linda, con sus valles, su selva y sus montañas, esconde en el suroeste de su geografía una gema que vale la pena conocer. Se trata de una bodega casi bicentenaria y un museo dedicado a la luz cuyas instalaciones están enmarcadas por los imponentes valles calchaquíes, su cielo diáfano y sus suelos pedregosos. Pero, como todo misterio, esconde su historia.

Pensemos que un empresario compra una obra de arte. Pero seamos un poco más audaces e intentemos imaginar que en realidad lo que adquiere son contratos que incluyen planos, detalles y medidas de futuras obras que necesitan de un espacio en el que existir. Nada más, ni nada menos que bocetos con estudios de luz: sus respectivas longitudes de onda -que se perciben como colores- y disposiciones geométricas en el espacio.

Entonces, volvamos al empresario y redefinamos su figura. Porque no cualquiera es capaz de pagar por la luz en potencia. Y mucho menos construir un predio de 1700 metros cuadrados dentro de un paraje provincial de un país sudamericano -al que se accede por camino de ripio- para alojarlas.

Donald Hess es el susodicho. Un suizo que nació en 1936, gestionó una cervecería y un grupo hotelero en Marruecos de origen familiar y se animó a comprar en los años 60 un manantial para desarrollar la primera marca dedicada al embotellamiento de agua en su país. Pasaron algunas décadas y Hess se despojó de la mayoría de sus empresas para dedicarse a los negocios a través de -exclusivamente- sus dos pasiones: el vino y el arte.

Considerado por la revista ARTnews como uno de los 200 coleccionistas de arte más importantes de la última década, expone desde 1989 parte de su colección -que incluye obras de Francis Bacon, Frank Stella y Magdalena Abakanowicz, entre otros- en su bodega de 1903 en Napa Valley, California y también en un espacio dedicado al arte en Glen Carlou, Sudáfrica, que convive con la tercera de sus bodegas.

Hess cree en la responsabilidad de apoyar artistas vivos no sólo comprando, sino también exhibiendo su trabajo. Por eso ha construido sus propios museos -todos con entrada gratuita- y suele prestar piezas de su colección a otras instituciones. Para maridar su emprendimiento vitivinícola en Colomé, un paraje inhóspito del suroeste de la provincia de Salta a 2800 metros de altura en el que se calcula viven alrededor de 400 personas, Hess eligió el trabajo -hasta entonces bocetos, planos y contratos- de James Turrell.

Miembro destacado de un movimiento artístico nacido en el sur de California en los años 60 que se dedicó a estudiar la luz y el espacio a partir de avances científicos, Turrell fue más allá de su época. Astrónomo, matemático, psicólogo, piloto de aviones y cuáquero de religión, en su trabajo busca que los espectadores reconecten con sus sentidos y el poder de la luz. Allí donde el arte, la ciencia y el más allá se encuentran, Turrell inscribe su obra que busca no solo exponer la luz sino atravesar la experiencia de contemplarla. Desnaturalizar la observación cotidiana para provocar en los espectadores/transeúntes otro tipo de experiencias, reflexivas e introspectivas, consecuencia de su oportunidad de mirar.

El Museo James Turrell, inaugurado en 2009, es un llamado a los sentidos y está organizado en un crescendo que atraviesa cinco décadas de carrera del artista en un túnel del tiempo de 9 salas. De espacios vacíos intervenidos por la luz que proponen nuevos puntos de vista, a espacios construidos a través de la luz que (des)orientan e imponen el encuentro con lo celestial.

"Mi trabajo es sobre el espacio y la luz que habite en él. Se trata de cómo se puede hacer frente a ese espacio y materializarlo. Se trata de tu visión, como el pensamiento sin palabras que proviene de mirar hacia el fuego", sintetiza Turrell quien colaboró en la planificación y construcción del museo. Y aunque al principio se sorprendió por la ubicación que le había asignado Hess, luego pensó: "Me costó tanto producir mi obra que me parece coherente que también conlleve esfuerzo acceder a contemplarla".

"Mi trabajo es sobre el espacio y la luz que habite en él", explica el artista norteamericano James Turrell
"Mi trabajo es sobre el espacio y la luz que habite en él", explica el artista norteamericano James Turrell Crédito: Florian Holzherr

Es que Bodega Colomé está a 23km de Molinos, 147km de Cafayate y 316km de Salta capital (unas 5 horas en auto), y sus particularidades son varias: por un lado, dicen que allí está la vid más antigua de nuestro país y además tiene lo viñedos más altos del mundo a 3111 metros. Por si esto fuera poco, el valle vitivinícola de altura que la rodea, 2800 metros por sobre el nivel del mar, tiene quebradas, un cielo límpido y cerros multicolores que invitan a disfrutar de la inmensidad.

Ese concepto es el que Turrell decidió adaptar a su museo. Su fascinación con el fenómeno de la luz se relaciona con la influencia de su religión, que plantea una relación directa del hombre con lo sublime, por lo que la contemplación silenciosa y paciente de su obra demanda una gran autoconciencia y disciplina. Un conducta que se materializa por completo en SkySpace, la obra con la que se corona la visita vespertina al Museo e incluye 20 minutos de observación muda del cielo de altura sin contaminación de luz artificial durante el atardecer, cuando tiene lugar la "hora mágica", en la que si bien todavía hay luz, el sol ya se escondió.

Esta idea que lleva a Turrell a crear obras alrededor de eventos celestes para aunar naturaleza y arte se expresa, con toda potencia, en Roden Crater, uno de sus proyectos más ambiciosos, emplazado en el desierto de Arizona. Allí, Turrell excavó dentro del cráter circular de un volcán extinto de 400.000 años de antigüedad para, desde lo profundo, visualizar el cielo. Tesoro dos.

Casi bicentenaria

Bodega Colomé, fundada en 1831 por el entonces gobernador español en Salta, Nicolás Severo de Isasmendi y Echalar, aún mantiene su casco original en exhibición. Aunque perteneció a las familias Isasmendi-Dávalos a lo largo de 170 años, Donald Hess la adquirió en 2001. Y si bien desde entonces la transformación fue radical tres viñedos que datan de aquellos tiempos aún producen uvas que forman parte del vino Colomé Reserva. Cuenta la leyenda que en 1854, cuando Ascensión, la hija de Isasmendi y Echalar, contrajo matrimonio con José Benjamín Dávalos, introdujo en Colomé las vides francesas Malbec y Cabernet Sauvignon porque hasta entonces solo estaba la cepa emblemática de la zona: la uva blanca del Torrentés, una mezcla de dos gallegas que habían traído los misioneros.

En ese contexto salteño de valle vitivinícola de altura en el que se da la conjunción de clima, suelo, agua de deshielo, altitud, amplitud térmica, vid y experiencia, Colomé es una de las gemas de la región y su visita vale la pena.

Además del Museo, hay un restaurante con salón y vista a los viñedos en el que se puede degustar almuerzos: cuestan alrededor de $200 si se eligen ensaladas y $400 los platos más suculentos con carne. También hay sopas, tartas y postres como quesillo y dulce, y helado de ¡cedrón!

La mejor de las opciones, si el presupuesto lo puede afrontar, es quedarse a dormir en la estancia. Con 9 habitaciones amplias -todas con balcón privado- un restaurante, salones de lectura, piscina al aire libre y un pequeño gimnasio es recomendable, no solo por la tranquilidad y los servicios que brinda sino también porque asegura un lugar en la visita vespertina del Museo e incluye la guiada a la Bodega. Tesoro 3.

Con una arquitectura de estilo Santa Fe (entre colonial y mexicana), la estancia ofrece dos tipos de habitaciones: para parejas o para grupo familiar. Y lo más importante: en Colomé no reciben visitas sin reserva. Quizás ni siquiera haya suficiente comida así que mejor escribir a reservas@bodegacolome.com para asegurarse un lugar en la mesa, el Museo y la Bodega. El que avisa... último y cuarto tesoro.

Datos útiles

Dónde dormir

Bodega Colomé: las habitaciones dobles cuestan 250 USD la noche; las familiares (2 adultos y 2 menores), 350 USD y las de 2 adultos y un menor, 300 USD. El precio incluye copa de bienvenida, desayuno buffet, visita guiada a la Bodega y al Museo James Turrell. El complejo tiene piscina. Ruta Prov. 53 Km 20, Molinos 4419, Salta; Tel.: +54 (3868) 49-4200; reservas@bodegacolome.com; www.bodegacolome.com

Qué ver

Museo James Turrell: Horario de visitas: de 14hs a 18hs. Los lunes está cerrado. Ingreso: gratuito, únicamente con cita previa por teléfono o mail. Apto a partir de los 12 años. Durante la época de lluvias (desde diciembre hasta marzo) la instalación SkySpace puede quedar fuera de servicio.

Alquiler de auto

En Hertz, el precio diario por alquiler de coche va desde los $1200 a los $3200 finales para un auto con capacidad hasta 7 pasajeros. El vehículo se puede retirar tanto en el aeropuerto como en el centro de Salta. Aceptan reservas vía web en www.hertz.com.ar con la opción de prepago online que incluye un 10% de descuento. También se puede abonar en el momento de retirar el vehículo haciendo la reserva previamente por web, la central telefónica de reservas o Whatsapp.

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