Superliga: River le ganó 1-0 a Aldosivi en el Monumental con un golazo desde 32 metros y sueña con la Copa

Ferreira grita su golazo y le hace sombra a Moreira, que lo abraza.
Ferreira grita su golazo y le hace sombra a Moreira, que lo abraza. Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro Alfieri
Ariel Ruya
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27 de octubre de 2018  • 14:27

Atrevido como un adolescente, pícaro con el balón, encara a Godoy, lo marea con un caño, levanta la cabeza y apunta. Desde 32,6 metros, la pelota vuela al ángulo de Pocrnjic, una genialidad que establece el gol de River, que se despierta luego de una modorra pesada, soporífera, en el comienzo de la segunda mitad. Cristian Ferreira tiene 19 años, gambeta, panorama y futuro. Entra a los 30 minutos del primer tiempo por Nicolás de la Cruz, una garantía en el arte de desperdiciar oportunidades y con molestias físicas, una vez más. Ferreira tiene la energía excluyente en un equipo con la batería baja, el cuerpo magullado en el Monumental y la cabeza en Porto Alegre. Allí es cuando el público, que de a poco cubre buena parte del escenario, comprende la imprescindible necesidad de un triunfo doméstico. Es el envión -este gris 1 a 0 sobre Aldosivi por la fecha 10 de la Superliga- que precisa River para creer que puede convertirse en gigante en Brasil, este martes frente a Gremio. La derrota por 1 a 0 lo dejó dado vuelta, pero no está tendido sobre el césped. La final es una obsesión.

El golazo de Ferreira

La victoria lo traslada en las cercanías de Racing, el líder. Está a cuatro puntos de la cúspide de la Superliga, debe un encuentro, frente a Defensa y Justicia, y se mantiene vigente en la Copa Argentina, instalado en las semifinales, a la espera de Gimnasia. Sin embargo hoy, ahora mismo, todo esto es una anécdota. "Hasta ganar la copa no paramos", es el cántico de guerra, cuando Pratto provoca la expulsión de Galeano, cuando Ferreira acaba su trabajo y cuando, también, Martínez Quarta se asombra con una tarjeta roja, en un exceso del árbitro Andrés Merlos. "¡Yo quiero la Libertadores!", se grita, con furia. Con esperanza.

"¡Si sos hincha de River tenés que venir, vamos todos, vamos todos a Brasil!", se insiste. El equipo, maquillado de suplentes, con un sobrio Armani, es una formación de amagos con finales previsibles, desafinados. Pratto es un gigante que transpira la camiseta y se le caen un par de ideas sueltas, de vez en cuando. Nacho Fernández da vuelta sobre su eje, inconsistente, ineficaz. Ni uno ni otro le ofrecen recompensas mayúsculas a Marcelo Gallardo con el plan estratégico rumbo a Brasil. Sobrio Zuculini, valeroso Pérez y no demasiado más exhibe el menú de sábado a la tarde. Sólo el aliento del público, ya instalado en el Arena do Gremio.

Superliga: River le ganó a Aldosivi en el Monumental
Superliga: River le ganó a Aldosivi en el Monumental Crédito: Mauro Alfieri

Aldosivi, por momentos, le hace cosquillas. Sobre todo en el tramo final, cuando el equipo millonario aprieta los dientes. River corta una serie peligrosa de dos derrotas en serie (1-0 de Colón, 1-0 de Gremio), después de la racha más exitosa de su historia, esa que queda en el recuerdo con 32 encuentros sin derrotas. Esas 21 victorias y 11 empates quedan archivadas. Ahora mismo, detrás de un triunfo rutinario frente al conjunto marplatense, se esconden la angustia y el deseo. "En la copa cueste lo que cueste, en la copa tenemos que ganar", es el ruego. Al rato, se señala la verdadera ilusión. Está parado, se sienta, se quita el saco, se enoja, celebra, se arremanga la camisa. Es el conductor. "¡Muñe., muñeco!", se exclama. Saluda, aplaude, levanta el pulgar derecho Gallardo, el creador de las causas imposibles.

Por: Ariel Ruya

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