Suscriptor digital
srcset

El crimen de Marito: un asesinato, un rito satánico, 3000 ADN y todo un pueblo bajo sospecha

Evangelina Himitian
(0)
30 de octubre de 2018  • 16:13

El crimen de Marito, nota 1 de 3

QUIMILÍ, Santiago del Estero.- Marito Salto tiene once años y sale con su bicicleta, después de almorzar en la casa de su abuela. Pedaleando fuerte llegará en media hora a la laguna. Hace pocas horas hizo el mismo camino de seis kilómetros, para ir a la escuela, que queda muy cerca.

Ahora pedalea rápido, para ganarle al viento, que sopla fuerte en la banquina de la ruta. Llega a la entrada de la represa y baja andando. Después, rodea la laguna a pie, con la bici de costado. Elige la parte baja porque le da miedo el agua y él no sabe nadar. Deja la bici, prepara la latita y la caña y ahí se encuentra con los dos chicos que están jugando en la misma orilla. Hace frío, pero hay sol. Tira el anzuelo lo más fuerte que le permite su metro veinte para llegar al pozo donde nadan las mojarras. A lo lejos, el Burra Rodríguez vigila el horno de los ladrillos. Los perros son los únicos que se animan a quebrar el mandamiento de la siesta.

El padre de Marito, delante de un mural alusivo
El padre de Marito, delante de un mural alusivo Fuente: LA NACION - Crédito: Ricardo Pristupluk

Pero la calma es un hilo débil que a esa hora recorre el pueblo y dentro de unos segundos se va a cortar. Quimilí va a dejar de ser ese pueblo en el que nunca pasa nada. Se acerca una camioneta por la ruta provincial 116. Se detiene en la bajada de la laguna. Un hombre baja y camina hacia la represa. Desde la otra orilla, levanta la mano y le hace señas a Marito. El chico mira para atrás, para buscar a sus amigos, pero los chicos se escondieron entre los pastizales.

Los perros ladran, el Burra sigue con sus ladrillos. Marito confía, deja la caña y la bici y camina unos 250 metros hasta el hombre que lo llama. El hilo se tensa. Se está por cortar.

La policía hace las pruebas de ADN
La policía hace las pruebas de ADN Fuente: LA NACION - Crédito: Ricardo Pristupluk

El 31 de mayo de 2016, Mario Agustín Salto, de once años salió de la casa de su abuela hacia la laguna con su caña para pescar. Nunca volvió. Por la noche, la familia denunció su desaparición, todo el pueblo lo buscó en la represa. Su cuerpo apareció dos días después, descuartizado. Lo violaron, lo torturaron y lo dejaron abandonado en un basural en las afueras del pueblo.

"Ya tengo su virilidad"

Son las 22 y la luz del despacho de la jueza Rosa Falco, en los Tribunales de Santiago del Estero, está encendida. La mujer revisa uno de los cuerpos del expediente del caso Marito, que parece más un libro de magia que un archivo judicial. Los perros, las cartas, el brujo, los carniceros, el payador, un pacto satánico firmado por varios de los detenidos... Hay una imagen que siempre le da escalofríos: un escrito de puño y letra, hallado en la mesa de luz del brujo, su principal sospechoso. El nombre de Marito marcado con un círculo y a continuación: "Ya tengo su virilidad, su juventud, su fortaleza". Y en otro papel: "Dame lo que te pido".

Un mural de Marito
Un mural de Marito Fuente: LA NACION - Crédito: Ricardo Pristupluk

Falco está convencida de que está a punto de revelar la historia de ese macabro asesinato que desde hace dos años eriza la piel de los santiagueños. Un chico de once años secuestrado, torturado, violado y descuartizado como parte de un rito a San La Muerte. Un día sale a pescar, no vuelve y dos días después aparece en un basural, adentro de once bolsas. ¿Qué la hace creer que está cerca del desenlace? La causa tiene siete detenidos, entre ellos a un brujo de San La Muerte y varios miembros de su familia. Tiene cartas que documentan el ritual satánico. Tiene una hipótesis: un pacto de sangre, un sacrificio humano. Marito como la ofrenda. Además tiene dos patrones genéticos encontrados en el calzoncillo del chico y bajo las uñas. Dos ADN que pertenecen a una misma patrilínea. Los violadores son hermanos o familiares. Pero ninguno de esos patrones coincide con el de los detenidos. Ni con los 50 ADN que se hicieron hasta ahora en la causa.

"El caso está esclarecido", anunció la jueza a los medios locales, en noviembre último, tras la detención del brujo. Llovieron las críticas. El caso resuelto, salvo por dos detalles: todos los detenidos son partícipes necesarios: la jueza no tiene ni al violador ni al asesino.

El calor que golpea a la provincia, incluso en el mes de agosto. Por eso la jueza prefiere trabajar de noche. -¿Todavía por acá?, le preguntó asombrado el presidente del Superior Tribunal de Justicia de la provincia, Sebastián Argibay, cuando la vio en el despacho.

Falco sintió que era el momento para dejar salir esa idea peregrina, descabellada para resolver el caso que desde hacía días le daba vueltas. "¿Y si hacemos un ADN masivo?", lanzó. ¿Cómo?, preguntó Argibay. Se hizo un silencio.

El papá de Marito, en su panteón
El papá de Marito, en su panteón Fuente: LA NACION - Crédito: Ricardo Pristupluk

"En un pueblo en Estados Unidos se hizo y en otro en el Reino Unido, también. Nosotros seríamos los terceros en el mundo", dijo la jueza. El argumento parecía más salido de una serie de Netflix que de la jurisprudencia internacional. Falco buscó un papel e hizo números. Garabateó cuentas que dividían la cantidad de habitantes de Quimilí por la cantidad de familias.

"Convertimos a todos los habitantes del pueblo en sospechosos. Hacemos un ADN por familia. Estamos buscando sólo hombres, que son los patrones que tenemos", dijo impulsiva, con las pupilas dilatadas. "Tenemos que hacer sólo unos 3000 ADN y encontramos al culpable", agregó. "Sólo 3000", remató.

Un árbol genealógico para Quimilí

Parecía una idea delirante. Una tarea faraónica. Titánica. Primero había que armar un árbol genealógico de las familias de Quimilí. Después, visitar casa por casa y tomar muestras de saliva de un hombre por familia. ¿Y si alguien se negaba? ¿Si había viajado? Era una posibilidad, pero ¿y si encontraban al culpable?

Tres mil ADN para encontrar un culpable
Tres mil ADN para encontrar un culpable Fuente: LA NACION - Crédito: Ricardo Pristupluk

Argibay se fue esa noche sin decirle nada. Pero a la mañana siguiente le dio la bendición. Era todo el aval que necesitaba para ordenar la compra de los reactivos, que costaban una carrada de plata, en dólares. Cada examen, unos 3000 pesos. Multiplicado por 3200 familias, la investigación tenía un presupuesto que rozaba los diez millones de pesos.

"Nos sorprendió la medida. Ojalá sirva para encontrar al asesino de mi sobrino, pero a más de dos años del crimen, tener que tomarle pruebas de ADN a todo el pueblo significa el fracaso de la investigación, porque la Justicia no tiene la menor idea de qué le pasó a Marito", dice Marta Salto, la tía del chico.

"Es una medida delirante", protestó Hugo Frola, el abogado de Miguel Jiménez, el principal acusado, a quienes los habitantes de Quimilí llaman el brujo. "Si el crimen ocurría en Nueva York, no alcanzaba la cosecha de algodón del Chaco y de Mississippi juntas para pagar el hisopado ".

De boca en boca

"Abra la boca" y "Firme aquí", se convirtieron en frases que los agentes de la policía Judicial más repitieron a lo largo de septiembre. Cinco patrullas, con siete miembros cada una rastrillaron todo el pueblo hasta que el último habitante quedó hisopado. Hubo unos 27 vecinos que se negaron y unos 200 que no estaban en su casa al momento de la toma de muestras. A todos ellos les caerá el peso de la ley.

Mientras la patrulla recorre las calles de tierra del pueblo, la desconfianza de los vecinos empieza a asomarse por la ventana. Sobre todo cuando ese patrullero vuelve a una misma casa. Detrás de las persianas, todos miran a ver si hay algún resultado positivo. Si mi vecino es el asesino.

Adelanto: El manuscrito del pacto satánico. Explorá la carta que describe el ritual del sacrificio. Conocé ésta y otras pruebas pasado mañana en la nota 3

Hace un mes y medio, cuando desembarcaron en el pueblo los agentes de la policía, con los 3200 hisopos, hubo una reunión con vecinos donde se explicó que todos los habitantes habían sido incluidos en un gigantesco árbol genealógico que se conserva en una planilla de Excel, en la comisaría local. Desde ese momento, se anunció, todos los habitantes de Quimilí se convertían en sospechosos.

En realidad, fue mucho antes. Desde el día en que Marito apareció en once partes en el basural todos los vecinos se convirtieron en asesinos posibles.

Mañana, nota 2 de 3: El brujo adorador de San La Muerte y los sacrificios rituales en un pueblo narco

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?