Olli Kangas."No hay evidencia para decir si el ingreso universal es bueno o genera holgazanes"

Crédito: Hernán Zenteno
El investigador finlandés afirma que la sociedad de ese país está muy dividida con respecto al experimento de pagar una prestación sin condiciones a desempleados
Silvia Stang
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28 de octubre de 2018  

Reacciones encontradas y bien contundentes en la sociedad, con expresiones de rechazo y de aprobación. Hasta ahora, es eso lo que fehacientemente puede saberse sobre lo que provocó el experimento de ingreso básico universal pagado a desocupados por el Estado sin condiciones, que fue iniciado por el gobierno de Finlandia en enero de 2017 y que terminará en diciembre próximo.

Al menos, eso dice Olli Kangas, uno de los promotores del plan y líder del equipo de investigación del Ingreso Básico Universal del Instituto de Seguridad Social de Finlandia (Kela). El funcionario afirma que aún no hay conclusiones y que la decisión de no darles continuidad a estos pagos responde a razones políticas y no técnicas: dice que la fecha inicial para cortar la experiencia era diciembre próximo y que, si bien se había evaluado hacerlo más extenso, eso deberá decidirse después de las elecciones legislativas de 2019.

Desde enero próximo, mientras tanto, las 2000 personas de entre 25 y 58 años que, al azar, habían sido designadas para cobrar la asignación sin condicionalidades de 560 euros mensuales volverán a su situación previa, que en algunos casos será la de cobrar la prestación tradicional por desempleo y cumplir con las obligaciones previstas. Finlandia tiene varios programas sociales y una meta es simplificar, según el funcionario.

"El proceso de evaluación de datos comenzó hace unos días y tendremos resultados preliminares a fin de año; a fines de 2019 habrá datos más acabados de lo que pasó", describe Kangas, que dialogó con LA NACION durante su visita a Buenos Aires, donde participó de un seminario internacional sobre asignaciones por niñez, organizado por la Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses).

Con la expresión "lo que pasó", Kangas se refiere a varios aspectos. Lo que se propone evaluar esta prueba -observada con atención desde distintas partes del mundo donde se abrió el debate- es el comportamiento de las personas que reciben una prestación sin condiciones y sin importar si consiguen trabajo, respecto de diferentes cuestiones: la búsqueda o no de un empleo, la generación o no de autoempleo, el uso del tiempo libre, el cuidado del trabajo si se lo tiene, la participación ciudadana y la forma de gastar el dinero, entre otras varias.

-¿Cómo definiría los objetivos que se propuso esta experiencia?

-Hay mucha gente que dice que el maná del cielo no es bueno porque hace a las personas holgazanas; otra gente dice que cuando recibieron el maná del cielo, los israelitas empezaron a trabajar activamente para llegar a la tierra prometida. Hay una brecha importante en la opinión sobre este tema y el problema es que no hay tanta evidencia para decir una cosa o la otra: eso es lo que tratamos de conseguir. En el programa, cada persona cobra 560 euros como monto neto. Cada uno puede quedarse en el Monte Sinaí o ir a la tierra prometida; el maná siempre les llegará, porque tanto si se quedan en su casa como si consiguen trabajo, seguirán cobrando. En el segundo caso, tendrán cada mes lo que les paguen por ese empleo más los 560 euros del ingreso básico.

-Y de los beneficiarios del ingreso, ¿cuántos trabajan ahora?

-Los datos de evaluación del experimento, con todos sus registros, los tendremos en diciembre de 2019. Ahora estamos haciendo relevamientos, llamando a las 2000 personas que cobran y a 8000 que están en un grupo de control; la idea es comparar cómo estaban y cómo están unos y otros, qué comportamientos diferentes hubo o no según si se cobró o no el ingreso.

-La decisión de no darle continuidad, ¿es porque no se vieron algunos resultados esperados?

-Desde un principio el gobierno dijo que sería una prueba de dos años: 2017 y 2018. Ese fue el plan inicial; luego se dijo que quizás habría una extensión. Pero el año próximo habrá elecciones y la decisión debe quedar para después de ese momento.

-¿Cómo se definió la cifra de 560 euros y para qué gastos alcanza eso en Finlandia?

-El monto representa una base sólida, porque por arriba de eso también se paga el 80% del costo de vivienda y hay alguna asistencia adicional.

-Entre los motivos para hacer esta prueba, ¿cuánto influyó el temor a la pérdida de empleos por la robotización y la automatización? ¿Y qué está pasando en la práctica en ese sentido?

-Hubo varios motivos y uno fue que tenemos varios sistemas básicos de beneficios y es difícil para la gente entender cómo funcionan; entonces, si podemos unificar todo en un ingreso básico será mejor. Y una de las razones fue también la cuestión del empleo, por los cambios de paradigmas. En Finlandia los empleados tienen una buena protección de la seguridad social. Y los autónomos, no. Son cada vez más los autónomos. La digitalización cambia el mercado de trabajo y a veces no es claro quién está en relación de dependencia y quién no. Por eso, es también bueno tener un sistema de seguridad social básico con un piso de ingresos. El sistema que tenemos se construyó para otro modelo de producción.

-¿De cuánto es el desempleo hoy en Finlandia?

-De 7,5%. Tuvimos una crisis económica grave en los 90 y el desempleo pasó del 3 al 16%; luego bajó y llegó a 6% hacia 2008 y volvió a subir al 10%. Ahora, se reduce constantemente.

-¿Y la automatización de tareas no tiene impacto?

-Se estima que un tercio de los puestos va a desaparecer por la robotización y la automatización, pero también se dice que no es que va a desaparecer el trabajo en sí, sino que va a cambiar sus características. Es por eso que tenemos que pensar si la política social sigue siendo válida.

-Y el sistema educativo, ¿ya está adaptado?

-Eso espero. El problema es que no sabemos qué va a pasar. Entonces, el sistema educativo tiene que poner la mayor cantidad de herramientas posibles en la caja, porque no sabemos cuáles exactamente se necesitarán.

-¿Cómo están las cuentas estatales en cuanto a la necesidad de financiar pagos sociales? ¿Y qué cambiaría de hacerse bien abarcativo el del ingreso básico?

-Es un tema político. Hay ahora un grupo de trabajo de expertos, del que soy miembro. Trabajamos en diferentes modelos para que el gobierno que venga pueda elegir con respecto a la política de pagos sociales.

-¿Cuál es la percepción que tiene en general la sociedad del ingreso básico universal?

-Hay quienes dicen que esto no sirve y hay quienes dicen que es algo bueno. Yo recibí mails con insultos y mails que hablaban de lo bueno que es que haya gente como yo... Esos mensajes son un indicador de la brecha.

-¿Y hay encuestas sobre el tema?

-Hemos hecho relevamientos y la mayoría piensa que es algo bueno, pero cuando se habla de los costos implicados, ahí muchos se tornan escépticos. A nivel general, un 70% de la población dice que respalda el ingreso básico.

-Con esos costos, ¿se refiere a lo que tiene que pagar el Estado?

-Claro, a cuánto tiene que pagar el ciudadano de impuestos para solventar el programa.

-Entre los pagos sociales que aplica Finlandia, ¿qué hay con respecto a la niñez?

-Hay una asignación para menores de 17 años, que tiene un diseño para la promoción de la natalidad. Por el primer hijo se pagan 95 euros; por el segundo, 105 euros, y el monto va subiendo hasta el quinto, por el que se pagan 173 euros. Ese esquema responde también al hecho de que los hogares con más niños son los que tienen mayor riesgo de pobreza.

Minibio

Cargo

Líder del equipo de investigación del Ingreso Básico Universal (Finlandia)

Edad

65 años

Actividad académica

Profesor en la Universidad de Turku

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