Economía global: ¿recesión o desaceleración?

Luis Palma Cané
Luis Palma Cané PARA LA NACION
La volatilidad de los mercados financieros es uno de los factores presentes
La volatilidad de los mercados financieros es uno de los factores presentes Fuente: AFP
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28 de octubre de 2018  

Luego de un crecimiento promedio del 4% anual del PBI mundial en el período de 2011 a 2015, al año siguiente se produjo una desaceleración y la tasa de expansión global se ubicó en el 3%. Sin embargo, durante 2017 y el primer semestre de 2018 se dio una clara recuperación de la economía mundial que -según el Fondo Monetario Internacional (FMI)- podría alcanzar un crecimiento anualizado no menor al 3,8%. Más interesante aún, durante este período se dio, por primera vez en muchos años, una expansión global sincronizada. Esto es: todos los países han generado, salvo raras excepciones (concretamente Venezuela, la Argentina, Yemen y Sudán del Sur), tasas de expansión positivas.

Ante este escenario extremadamente positivo y dadas las recientes variaciones de algunos factores geopolíticos y económicos, la pregunta que se impone es la siguiente: ¿se podrá mantener el ciclo de crecimiento sincronizado del orden del 3,8% o, por el contrario, la economía mundial podría entrar en una desaceleración o, lo que sería más grave aún, en un nuevo ciclo recesivo? Lógicamente, de darse uno u otro de estos escenario alternativos, se generarían impactos diferentes, tanto en la economía real como en la monetaria.

En el mencionado ciclo de 2010 a 2015, de alto crecimiento mundial, el balance de los factores positivos a la suba (de la expansión) versus los riesgos negativos a la baja presentó un claro saldo a favor de los primeros. Sin embargo, ese balance se ha ido deteriorando a partir del segundo semestre de este año. En efecto, a partir de allí, el aumento del peso relativo de los factores favorables ha mostrado una tendencia decreciente, mientras que el correspondiente a los riesgos de una caída ha ido en alza.

Los principales factores positivos que va de 2017 al primer semestre de 2018 han sido, entre otros, los siguientes: sanos fundamentos de la macroeconomía; políticas monetarias expansivas que dieron lugar a una abundante liquidez, acompañada de bajísimos niveles de interés; reducción de los niveles de desempleo; tendencia positiva de las bolsas mundiales; aumento de las ganancias corporativas; incremento de la inversión externa directa global (IED); comercio mundial expandiéndose a una tasa récord del 5% anual; inflación controlada; déficits fiscales relativamente estables, y sistema bancario internacional con adecuada solvencia.

Como ya se ha dicho, en general todos y cada uno de estos fundamentos se ha ido deteriorando. En especial, la liquidez mundial, la volatilidad de los mercados financieros, el comercio exterior y las ganancias corporativas, especialmente en la Eurozona y en Japón.

Respecto de los riesgos a la baja, claramente -y a diferencia de los factores positivos-, los mismos han ido en aumento, pudiendo agruparse en tres aspectos: tensiones monetarias y financieras, restricciones al comercio exterior y mayor inestabilidad geopolítica.

Respecto de las primeras, entre otras, se pueden mencionar: progresivo endurecimiento de las políticas monetarias, tendencia encabezada por Estados Unidos a través de aumentos de las tasas de interés y absorción monetaria, con un incremento del endeudamiento y una disminución de la liquidez mundial; inestabilidad y mayor volatilidad de los mercados bursátiles, de capitales y de monedas; fortalecimiento del dólar con fuertes efectos negativos en las economías emergentes endeudadas en dólares, y mayores presiones inflacionarias por disminución del desempleo y los consecuentes aumentos del ingreso y del consumos a nivel global.

En relación con el comercio exterior, que había sido uno de los principales drivers del ciclo anterior, es claro que el proteccionismo instalado por el presidente Donald Trump ha ido "in crescendo" y ya ha afectado la libertad de comercio, lo cual -como ya es sabido- dará lugar a un escenario donde "todos pierden". Este absurdo y negativo golpe al flujo de comercio exterior podría provocar a nivel mundial fuertes represalias generales, las cuales encarecerían los bienes transables agregando más presión a la inflación.

Finalmente, en el corriente año las tensiones geopolíticas se han ido agravando. Entre las existentes, pueden mencionarse: el surgimiento de partidos populistas; la debilidad en la integración de la Comunidad Europea (tanto política como monetaria y financiera); el gobierno de Italia vulnerando los límites de déficit fiscal comprometidos oportunamente con Bruselas; el Brexit; la guerra civil en Siria, que enfrenta a EE.UU. con Rusia; el conflicto en Yemen entre chiitas apoyados por Irán y sunnitas con la "ayuda" de Arabia Saudita; las corrientes migratorias famélicas, y, últimamente, también el choque diplomático entre Arabia Saudita y Estados Unidos por el horroroso crimen del periodista crítico de la casa real -Jamal Khashoggi-, llevado a cabo en el consulado saudí en Estambul, con el consecuente peligro de aumento en el precio del petróleo.

Como se puede apreciar, el actual escenario mundial es realmente complejo: factores positivos que van perdiendo su intensidad, versus riesgos a la baja en aumento (fundamentalmente, tensiones monetarias y financieras, aumento del proteccionismo y agravamiento de las crisis geopolíticas). Del peso relativo de dichos vectores opuestos dependerá la evolución de la economía global.

A la fecha, nuestro escenario base asume un balance a favor de los riesgos a la baja, lo cual sin duda generaría un creciente nivel de incertidumbre con una consecuente desaceleración de la economía global en el período 2019/2020, pero excluyendo -al menos por ahora- la posibilidad de un nuevo ciclo recesivo. Si este fuera el caso, los países emergentes -incluida la Argentina- serían los más perjudicados. Y se daría una mayor volatilidad a la baja en los mercados financieros mundiales. La recomendación es, entonces, la de tener una extrema prudencia en el manejo de las carteras financieras.

El autor es economista

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