Fría visita de Evo Morales

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27 de octubre de 2018  

El presidente de Bolivia , Evo Morales , acaba de visitar brevemente nuestro país, en el que ha sido un viaje de carácter privado, durante el cual no mantuvo contactos con nuestras autoridades nacionales. El visitante recibió en Buenos Aires un poco conocido premio otorgado por la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo (UMET). Se trata de una universidad creada hace cinco años, caracterizada por su intimidad con el movimiento sindical argentino. Particularmente, con quienes lideran el sindicato de trabajadores de edificios.

Allí lo recibieron militantes de la Tupac Amaru y La Cámpora, que lo acompañaron ruidosamente desde la calle en el acto de entrega de la distinción conferida. Morales agradeció el reconocimiento "en nombre de los obreros y campesinos bolivianos", es decir, en nombre de parte de la población de su país.

En su alocución, reivindicó el derecho sindical "de hacer política", agregando, con tono militante, que en su país "antes gobernaban los gringos y ahora los indios". Definiéndose a sí mismo, señaló: "No soy un planificador, soy experto en marchar y cortar caminos", lo que supone una confesión bastante inusual de parte de un funcionario que ostenta semejante cargo.

La única referencia que hizo al llamado "socialismo del siglo XXI" evitó toda mención al gigantesco manto de corrupción que cubre a ese movimiento en nuestra propia región.

Queda visto que, pese a la fuerte pérdida de popularidad sufrida por el socialismo del siglo XXI, producto de los escándalos de corrupción que han afectado a sus principales integrantes en América Latina, los mecanismos de propaganda y promoción construidos en los últimos años todavía funcionan, alimentados por el mismo rumbo político que los hizo fracasar cuando fueron gobierno.

Si la entrega de la distinción universitaria hubiera tenido lugar en alguna universidad independiente en la Bolivia que conduce Evo Morales, premiando a un político de centro, se hubieran alzado voces sugiriendo que el premio constituía una inaceptable injerencia externa en los asuntos internos bolivianos.

Como la situación en nuestro país es, por cierto, muy distinta, nadie utilizó ese falaz argumento para repudiar la distinción universitaria otorgada a Morales, pese a que el autoritario líder bolivariano está muy lejos de ser un arquetipo democrático.

Quienes aplaudieron la distinción conferida ignoraron los constantes esfuerzos antidemocráticos de Morales por tratar de eternizarse en el poder de su país, pese a que en un referendo especial convocado por él mismo precisamente sobre esa cuestión, la de su reelección constante, el pueblo boliviano le contestó con una rotunda negativa.

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