Enigmas alrededor del paso del tiempo

Víctor Hugo Ghitta
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27 de octubre de 2018  

Camille Flammarion, astrónomo del siglo pasado, responde en una línea llena de misterio la pregunta central de este volumen: ¿qué es el tiempo? "Es el reloj marchando en soledad", dice. Ese aire metafísico ronda algunas páginas de 30 de febrero, un ensayito del francés Olivier Marchon que acaba de editar Esperando a Godot. De lo que se trata es de indagar los distintos sistemas de medición del tiempo que la humanidad ha inventado a lo largo de la historia, con resultados en algunos casos extraordinarios. Como se ilustra en el prólogo, esa revisión arroja datos tan curiosos como estos: hubo años que duraron 251 días (y otros, 445), semanas de cinco días pergeñadas por los soviéticos, festejos del año 2000 en 2007, según la medición de los etíopes.

Apropiarse de las herramientas para medir el tiempo ha sido siempre una tentación de los poderosos, de Julio César a Gregorio XIII y de Robespierre a Stalin. Quizá en esa tentativa destinada a fracasar por su artificio megalómano, como lo insinúa Donato Carrisi, olvidemos el valor supremo del instante.

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