El peso de los militares en la campaña de Bolsonaro despierta temores en Brasil

Bolsonaro, en una ceremonia militar en Brasilia durante la campaña
Bolsonaro, en una ceremonia militar en Brasilia durante la campaña Fuente: Archivo
Varios generales de reserva actúan en los bastidores de su candidatura y algunos ocuparían puestos de poder en un eventual gobierno del ultraderechista
Alberto Armendáriz
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27 de octubre de 2018  

RÍO DE JANEIRO.- Por primera vez desde la redemocratización de Brasil, en caso de que el ultraderechista Jair Bolsonaro -un excapitán del ejército- concrete mañana en las urnas su favoritismo en las encuestas, los militares volverían al centro de la escena política. Unidos bajo el lema nacional de "orden y progreso", que por estos tiempos se traduce en combate a la corrupción y a la inseguridad para alcanzar el desarrollo económico, varios generales retirados actúan entre bastidores en la campaña del candidato del Partido Social Liberal (PSL) para sumarse a su eventual gobierno, en una movida que genera inquietud en sectores de la sociedad.

Desde hace más de un año, una docena de oficiales jubilados conforman junto a algunos académicos y especialistas el llamado Grupo de Brasilia, responsable de elaborar las futuras políticas públicas. Aunque todos han resaltado el rol institucional de las fuerzas armadas, el respeto a la Constitución y las normas democráticas, el hecho de que Bolsonaro sea un nostálgico de la última dictadura (1964-1985) y haya dicho que el error del régimen militar fue torturar y no matar más, provoca temores en los organismos defensores de los derechos humanos.

El eje del grupo es el general Augusto Heleno, muy respetado tanto dentro como fuera del ámbito militar. Se desempeñó como agregado militar en las embajadas brasileñas en París y en Bruselas, dirigió el departamento de Ciencia y Tecnología del ejército, fue el primer comandante de la misión de paz de Naciones Unidas en Haití (2004-2005), estuvo a cargo del comando militar de la Amazonia. Retirado en 2011, mantiene autoridad entre las filas castrenses. Es considerado una persona culta, moderada, abierta al diálogo, aunque protagonizó tensiones con el expresidente Luiz Inacio Lula da Silva por sus críticas a la política indigenista y la concesión de tierras fronterizas. Bolsonaro ya ha anunciado que será su ministro de Defensa.

Otros dos integrantes claves del grupo son el general Oswaldo Ferreira, excomandante del Comando Militar del Norte y exjefe del Departamento de Ingeniería y Construcción del Ejército, y el general Alessio Ribeiro Souto, exjefe del Centro Tecnológico del Ejército. Ferreira quedaría a cargo del Ministerio de Transporte e Infraestructura, mientras que Ribeiro Souto sería titular de Educación (aunque puede haberse quemado por sus cuestionados comentarios acerca de la necesidad de modificar la bibliografía escolar para enseñar "la verdad" sobre el golpe de 1964).

El candidato a vicepresidente del PSL, el general Hamilton Mourão, exjefe del Comando Militar del Sur es visto por sus pares como una "figura folclórica", inclinada a hacer comentarios fuera de lugar. Ya puso en aprietos a Bolsonaro en la campaña dos veces, cuando dejó entender que el aguinaldo era una carga pesada para los empresarios que podría ser eliminada, y cuando dijo que habría que realizar una Asamblea Constituyente de expertos, sin el voto popular. Antes había tenido problemas con Dilma Rousseff y su sucesor Michel Temer, cuando advirtió que si el Poder Judicial no actuaba frente a la corrupción, los militares deberían intervenir.

"Todos estos generales vivieron la mayor parte de sus carreras ya en democracia y navegaron bien en ella. Sus perfiles son muy diferentes; no podemos clasificarlos como un 'bloque'. Pero una serie de circunstancias que comenzaron durante el primer gobierno de Rousseff, en 2011, empujó a varios de ellos para la derecha. Finalmente se galvanizaron en torno a Bolsonaro", explicó a LA NACION el antropólogo Piero Leirner, de la Universidad Federal de San Carlos.

Según el informe de la Comisión de la Comisión de la Verdad, creada en 2011 por Rousseff, la dictadura brasileña dejó 434 personas identificadas como asesinadas o desaparecidas por las fuerzas del Estado, y la Secretaría de Derechos Humanos de la Presidencia estima en 20.000 el número de víctimas de torturas.

"En Brasil sucedió algo diferente al resto del Cono Sur; en 1979 hubo un acuerdo llamado ley de amnistía, y los actores que elaboraron la transición para la democracia aceptaron un tipo de ajuste que presuponía una 'negación' del pasado", explicó Leirner, para quien luego, las fuerzas armadas se retrajeron, se profesionalizaron y se volcaron al desarrollo de una política de Estado geopolítica durante el gobierno de Lula.

Desde entonces los militares participaron activamente de misiones de paz de la ONU, de obras de infraestructura en todo el país, de grandes proyectos de investigación tecnológica y en operativos para garantizar la ley y el orden, como la intervención en la seguridad de Río de Janeiro. Así, hoy, según las encuestas, las fuerzas armadas están entre las instituciones más confiables para los brasileños.

Sin embargo, el prestigio institucional no se reflejó en el reconocimiento social de sus miembros, aclaró Leirner. "Eso es algo que se intenta recuperar ahora de la peor manera, a través de un poder con base en el carisma y no en la autoridad burocrática", destacó el experto.

Con él coincidió el excoordinador de la Comisión de la Verdad Pedro Dallari, para quien no sería un problema que militares de reserva se sumen al gobierno, pero sí le resulta inquietante que lo hagan con el discurso de rechazo a los derechos humanos y contra la militancia en asuntos sociales que pregona Bolsonaro.

"Las nuevas generaciones de militares habían sido preservadas de culpa por las graves violaciones que ocurrieron, y ahora Bolsonaro reconecta a los más jóvenes con ese pasado sombrío. Es lamentable que vuelva a abrir heridas que no habían terminado de cicatrizar", apuntó Dallari.

Para el profesor de la Universidad de San Pablo, el solo hecho de tener un presidente de origen militar que defienda la dictadura y la tortura llevará a que se legitimen nuevos abusos a los derechos humanos.

"Estoy preocupado por el posible retroceso en la promoción del respeto a los derechos humanos en Brasil, que había realizado grandes avances desde la redemocratización", advirtió.

Los generales que se perfilan para el gabinete

Cuatro jefes forman el círculo más cercano del excapitán

  • Hamilton Mourão, e xjefe del Comando Sur

Es graduado de la Academia Militar das Agulhas Negras.Dirigió el Comando Sur del Ejército hasta que fue puesto en un cargo menor en 2015 luego de criticar a la expresidenta izquierdista Dilma Rousseff. Fue dado de baja el año pasado cuando dijo que el Ejército debía intervenir si la Justicia fracasaba en su lucha contra la corrupción

  • Augusto Heleno, e xjefe de la ONU en Haití

Desde 2004 hasta 2005 fue el primer comandante de la misión de estabilización de Naciones Unidas en Haití. Como general de cuatro estrellas también supervisó la región del Amazonas. Jair Bolsonaro ya anticipó que en caso de ser elegido presidente, Augusto Heleno Ribeiro Pereira, de 70 años, será nombrado ministro de Defensa

  • Alessio R. Souto, e xjefe de Tecnología Militar

Ribeira Souto lideró el centro de Tecnología del Ejército. Como principal consejero de Bolsonaro en cuestiones de Ciencia y Tecnología, se cree que sería su ministro de Educación. Impulsa un cambio en los manuales escolares para llamar al golpe de 1964 un "movimiento" para "combatir el comunismo", y quiere eliminar la educación sexual escolar

  • Oswaldo Ferreira, e xperto en ingeniería

Pasó la mayor parte de su carrera militar en el cuerpo de Ingeniería del Ejército. Se cree que podría ser el ministro de Infraestructura y Transporte de Bolsonaro. Quiere reabrir caminos en la selva tropical y desempolvar los planes de construir represas hidroeléctricas en la Amazonia, trabados por cuestionamientos ambientalistas

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