Un respaldo renovado a la medida del sueño de Trump

Rafael Mathus Ruiz
Rafael Mathus Ruiz LA NACION
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27 de octubre de 2018  

El renovado respaldo que brindó el Fondo Monetario Internacional (FMI) a la Argentina al ampliar un blindaje que ya era el más grande de su historia es, en realidad, un contundente apoyo al proyecto político que encarna Mauricio Macri , que podrá usar 9 de cada diez dólares que el Fondo puso a disposición del país en los últimos dos años de su mandato, justo cuando más los necesitaba.

Detrás de ese sostén aparecen los dos grandes escudos globales de Macri: la directora Gerente del Fondo, Christine Lagarde , y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump . Ambos han dado ya sobradas muestras de que quieren que el Presidente -quien en la mirada de Washington encarna la lucha contra el populismo no solo en la Argentina, sino también en América Latina- tenga éxito.

Lagarde accedió a todo lo que Macri le pidió y hasta fue al consulado argentino en Nueva York, se sentó delante de la bandera argentina y habló en español para presentar, al lado de Nicolás Dujovne, un paquete de ayuda que terminará marcando, para bien o para mal, su legado en el Fondo. De los 56.300 millones de dólares otorgados al país, Macri ya recibió 20.400 millones desde junio, si se suma el próximo giro. Dispondrá de unos 30.000 millones de dólares más hasta el fin de su mandato.

En el Fondo distan de estar de acuerdo con todo lo que ha hecho el Gobierno, algo que quedó en evidencia en algunas observaciones críticas deslizadas en el informe del staff. El mensaje de Macri vía YouTube, el día que anunció un acuerdo que recién comenzaba a tejerse, la misma jornada en que el dólar superó los $40, llevó a que más de uno se golpeara la frente. Pero nada de eso impidió la extraordinaria asistencia de Washington, un reconocimiento, también, al compromiso de Macri con un rumbo más cercano a las expectativas de Wall Street.

En el Gobierno reconocen que el fuerte respaldo de Trump fue determinante, aunque también pesaron los lazos que el Presidente supo tejer con varios gobiernos europeos y Japón. Estados Unidos es el principal accionista del Fondo, y Trump no tiene un vínculo en América Latina similar al que tiene con Macri. No quiere que fracase.

El contundente paquete de ayuda le permite al Gobierno ganar tiempo para terminar de encarrilar la economía, además de intentar recobrar la confianza de los mercados y los inversores, a costa de un ajuste que, incluso algunos en el Fondo, creen que es muy agresivo. Frente a ese tremendo ajuste interno, plasmado en la doble tenaza fiscal y monetaria, la apuesta es que el mercado externo empuje la economía a través de las exportaciones y esperar un repunte de la inversión. En el Fondo y en el Gobierno también esperan que llueva, y que el campo ayude, otra vez, a marcar la salida.

La incógnita es, desde ya, si el plan funcionará o no. Y la preocupación está puesta en si el país puede tolerar la amarga medicina del ajuste, o si llegará sin sobresaltos a fin de año, una fecha que suele traer convulsiones. Quienes siguen a la Argentina dudan también si la economía le dará a Macri el oxígeno necesario para quedarse otros cuatro años en la Casa Rosada. Ese es, al fin y al cabo, el anhelo que predomina en Estados Unidos.

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