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Pura Copa Libertadores: en las revanchas de Boca y River también tendremos más tensión que juego

Diego Latorre
Diego Latorre LA NACION
Darío Benedetto, hombre clave en el triunfo de Boca ante Palmeiras en las semifinales de ida
Darío Benedetto, hombre clave en el triunfo de Boca ante Palmeiras en las semifinales de ida
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27 de octubre de 2018  • 23:59

Dos partidos de poco fútbol para los espectadores neutrales, montados sobre la cautela y los recursos empleados para defender, con equipos preocupados por el detalle y jugadores atentos a no salirse del guion que se les dio para controlar al oponente. La ida de las semifinales de la Copa Libertadores dejó un par de noches donde se jugó a no jugar, en parte por los planteos que presentaron Gremio y Palmeiras -muy parecidos entre sí aunque con resultados diferentes, lo cual les creó un serio problema a los abanderados de la eficacia y el pragmatismo-, pero también por la facilidad que tuvieron para neutralizar a sus respectivos rivales.

Hoy por hoy no hay grandes equipos en el continente. El éxodo incesante de los mejores se lleva el talento y la calidad, y sin esos condimentos irremplazables ningún entrenador hace milagros, por más sabio que sea. Entonces, cuando llegan estas instancias se recurre antes que nada a protegerse, aunque no esté científicamente demostrado que con otro planteo vayas a jugar peor o a descuidarte, y no queda más remedio que resignarnos a lo que hay.

En otras épocas, enfrentar a un equipo brasileño era encontrarse con dos laterales terribles, con un número 10 excepcional y un exquisito manejo general de la pelota. Ahora ya no es así. Ausente Luan, las formaciones que presentaron Gremio y Palmeiras contaban con un único futbolista de talla mundial, Felipe Melo, y ya sabemos cuál es su perfil futbolístico.

Contra estos equipos rocosos, los nuestros jugaron mal. River se topó con un adversario al que le sobró disciplina y atención en defensa, y nunca encontró los caminos para desordenarlo, con volantes muy separados entre sí, sobre todo Quintero y Martínez, sin conexión entre líneas ni asociaciones productivas. A su vez, Boca sigue sin concretar una idea clara de juego. No se sabe cuál es la pretensión de Guillermo Barros Schelotto en el armado del equipo. La sensación que ofrece es la de privilegiar posiciones antes que jugadores cuando se trata de lo contrario: de buscar futbolistas que ocupen espacios que quieran habitar y tengan empatía entre sí, con sus compañeros y con un juego que promueva sus virtudes.

River, es cierto, no mereció perder su partido. Del mismo modo que Boca tampoco merecía ganar el suyo hasta que surgió Darío Benedetto, la única gran diferencia entre ambos encuentros. Su primer gol no estaba en los planes de nadie y el segundo fue una pieza de colección que llegó como consecuencia de la liberación que sintió al convertir el primero. Con ese cabezazo, Benedetto volvió a sentirse el de antes, se quitó los traumas y los complejos, se desató, y cuando un jugador con talento se siente libre, la inspiración aparece más fácil.

En este punto quiero hacer una salvedad. Siempre es el futbolista quien le da (o no) sentido y razón a las decisiones del técnico y me da bronca la opinión acomodaticia que mide los cambios de un técnico como si fueran una ecuación matemática, sin considerar el rendimiento del jugador. El entrenador "leyó bien" el partido si el que entra hace algo positivo, pero es poco menos que un ingenuo si ese mismo jugador no funciona. Y sinceramente, dudo mucho que Guillermo le haya dicho a Benedetto: "Mirá, parate ahí, que es donde va a caer el centro".

Las revanchas plantean nuevos retos. River tendrá la obligación de ir a buscar ante un equipo con mucho oficio, que ya sabe lo que es ganar la Copa, factor psicológico que debe tenerse en cuenta. Me intriga saber qué hará Renato. Imagino que jugará Everton, no tengo tan claro si pondrá a Luan o lo guardará para el segundo tiempo en función de las circunstancias.

Palmeiras tendrá que disfrazarse de equipo ofensivo, y frente a eso Boca buscará repetir el partido que hizo contra Cruzeiro, defendiéndose en bloque y apostando a un contraataque. En ese aspecto, recuerdo que una vez un técnico me dijo que cuando estás en un tobogán mirar un par de partidos desde el banco de suplentes puede servir para recuperar la energía, aclarar el panorama y reacomodar los muebles en la cabeza. Es el caso de Pavón, que está en un momento muy bajo de juego y quizás necesite un paréntesis. Veremos si Guillermo sigue apostando por él o por la superior actualidad de Villa.

En todo caso, nos esperan otros dos partidos con más tensión que juego, limitados en lo futbolístico pero igual de atrapantes. Pura Copa Libertadores.

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