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Copa Libertadores: el plan de Marcelo Gallardo para ganar en Brasil empieza en la "buena energía"

A Gallardo le espera un durísimo desafío el próximo martes en Porto Alegre
A Gallardo le espera un durísimo desafío el próximo martes en Porto Alegre
Ariel Ruya
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27 de octubre de 2018  • 20:59

1) "Me encanta esta energía".

2) "La gente canta así porque el equipo le demostró que puede. Cree y confía en el equipo y se genera una alianza que une a todos".

3) "No vemos la hora de jugar en Brasil. Percibo buena energía en los jugadores y en la gente, que en todo momento nos dejó en claro que confía en nosotros".

Marcelo Gallardo juega. No solo escribe en el pizarrón, dibuja estrategias y declara, según la ocasión. Juega su propio partido: el del martes próximo, el que todavía no empezó. Ya lo tiene en la cabeza, pelota bajo la suela. Es el hombre que sostiene esa energía, más allá de cánticos y gambetas. De fanáticos y futbolistas: el Muñeco es el actor estelar del sábado del Monumental.

Un rato antes, el pibe Ferreira tiene la energía excluyente en un equipo con la batería baja, el cuerpo magullado en el Monumental y la cabeza en Porto Alegre. Cuando envía la pelota al ángulo, con una sorprendente distancia de 32,6 metros, allí es cuando el público, que de a poco cubre buena parte del escenario, comprende la imprescindible necesidad de un triunfo doméstico. Es el envión -este gris 1 a 0 sobre Aldosivi- que precisa River para creer que puede convertirse en gigante en Brasil, en el desquite frente a Gremio. La derrota por 1 a 0 lo dejó dado vuelta, pero no está tendido sobre el césped. La final es una obsesión.

La victoria lo traslada en las cercanías de Racing, el líder. Está a cuatro puntos de la cúspide de la Superliga, debe un encuentro, frente a Defensa y Justicia, y se mantiene vigente en la Copa Argentina, instalado en las semifinales, a la espera de Gimnasia. Sin embargo hoy, ahora mismo, todo esto es una anécdota. "Hasta ganar la copa no paramos", es el cántico de guerra, cuando Pratto provoca la expulsión de Galeano, cuando Ferreira acaba su faena y cuando, también, Martínez Quarta se asombra con una tarjeta roja, en un exceso del árbitro Andrés Merlos. "Yo quiero la Libertadores.", se grita, con furia. Con esperanza.

"Si sos hincha de River tenés que venir, vamos todos, vamos todos a Brasil", se insiste. El equipo, maquillado de suplentes, con un sobrio Armani, es una formación de amagos con finales previsibles, desafinados. Pratto es un gigante que transpira la camiseta y se le caen un par de ideas sueltas, de vez en cuando. Nacho Fernández da vuelta sobre su eje, inconsistente, ineficaz. Ni uno ni otro le ofrecen recompensas mayúsculas a Gallardo con el plan estratégico rumbo a Brasil. Sobrio Zuculini, valeroso Pérez y no demasiado más exhibe el menú de sábado a la tarde. Solo el aliento del público, ya instalado en el Arena do Gremio.

Aldosivi, por momentos, le hace cosquillas. Sobre todo en el tramo final, cuando el equipo millonario aprieta los dientes. River corta una serie peligrosa de dos derrotas en serie (1-0 de Colón, 1-0 de Gremio), después de la racha más exitosa de su historia, esa que queda en el recuerdo con 32 encuentros sin derrotas. Ahora mismo, detrás de un triunfo rutinario frente al conjunto marplatense, se esconden la angustia y el deseo. "En la copa cueste lo que cueste, en la copa tenemos que ganar", es el ruego.

1) "Hay un partido muy interesante para ir a jugar a Brasil, un desafío muy importante. No veo la hora de poder jugarlo. Hay mucha ansiedad por ir y disputar el partido que nosotros queremos, utilizando las armas que creamos necesarias para revertir una serie que es difícil, pero no imposible".

2) "Jamás pensé que un equipo con semejantes cualidades como Gremio renunciara al ataque. Preparé un partido diferente y no ocurrió, pero ahora sabemos qué puede pasar e iremos más preparados".

3) "El equipo siempre dio respuestas y, estoy seguro, también lo va a hacer en Brasil".

Cuando está por bajar el telón, se señala a la verdadera ilusión. Lo espían todos: hinchas, jugadores, curiosos, mientras la pelota sigue rodando. Está parado, se sienta, se quita el saco, se enoja, celebra, se arremanga la camisa. Es el conductor. "¡Muñe., Muñeco!", se exclama. Saluda, aplaude, levanta el brazo con el puño apretado Gallardo, el creador de las causas imposibles.

Por: Ariel Ruya

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