Los ejes que marcaron el proceso electoral en Brasil

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28 de octubre de 2018  

1 - Contexto de agitación

Son las primeras elecciones presidenciales tras las revelaciones de corrupción del Lava Jato, que mostraron cómo grandes empresas sobornaron a políticos y financiaron ilegalmente sus campañas para garantizarse contratos. Son también los primeros comicios tras la peor crisis económica de Brasil (2015-2016), que generó un desempleo récord (13,7% en marzo de 2017), estragos en la seguridad pública y un alza en la criminalidad (récord de 63.880 asesinatos el año pasado). Y ocurren en medio de un agudo proceso de polarización política desde el impeachment a Dilma Rousseff

2 - Lula, en prisión

Considerado el gran favorito para ganar las elecciones desde el año pasado, Luiz Inacio Lula da Silva quedó preso el 7 de abril pasado, condenado en segunda instancia a 12 años de cárcel por corrupción y lavado de dinero en una causa vinculada con el Lava Jato. Pese a que la legislación electoral no permitía su candidatura, el PT insistió hasta último momento con esa estrategia. La jugada produjo divisiones en la izquierda. Solo el 11 de septiembre, luego de que la candidatura del expresidente fue impugnada, Fernando Haddad lo reemplazó como el candidato petista

3 - Avance derechista

Impulsado por un discurso que responsabilizó al PT por la corrupción y la crisis económica, el ultraderechista Jair Bolsonaro creció en popularidad y movilizó como nunca antes a las fuerzas de derecha al prometer un combate a la criminalidad y una recuperación de valores conservadores (defensa de la familia tradicional, exaltación de la moral religiosa, protección de la propiedad privada, rechazo al aborto y a las drogas). Los partidos de centro no supieron reaccionar y, criticados por ser parte de las prácticas corruptas de la "vieja política", sufrieron una debacle en las urnas

4 - Efecto atentado

La popularidad de Bolsonaro creció significativamente tras la cuchillada que sufrió durante una manifestación en Juiz de Fora, estado de Minas Gerais, el 6 de septiembre. El atentado reforzó la imagen de "mito" que sus seguidores le atribuían y le dio mucha más atención de los medios que la que hubiera tenido durante el período de propaganda electoral. Además, el ataque fue utilizado por su campaña como parte de una narrativa de victimización que hasta entonces era una estrategia del PT y la supuesta "persecución político-judicial" contra Lula

5 - Ausencia de debates

En convalecencia tras el atentado, Bolsonaro tuvo la excusa médica para eludir los últimos debates televisivos de cara a la primera vuelta, tras un desempeño mediocre en los primeros encuentros. Ya casi totalmente recuperado, de cara al ballottage tomó la inédita decisión de no asistir a los debates con Haddad, y prefirió mantener su estrategia de comunicación directa con los electores a través de las redes sociales. Así, los brasileños no tuvieron la chance de contrastar las propuestas en una plataforma que ha sido parte tradicional de la vida institucional desde la redemocratización

6 - Guerra sucia

La diseminación de noticias falsas (fake news) a través de las redes sociales alcanzó un nivel altísimo, sobre todo entre simpatizantes de Bolsonaro, que desde el inicio de la campaña electoral mostró un dominio sin igual de estos soportes. Mientras la Justicia electoral brasileña investigó y prohibió la publicación de exageraciones, ofensas y mentiras en redes abiertas como Facebook, Twitter o Instagram, se vio incapaz de contener la gran cantidad de desinformación y material engañoso que fue distribuida por grupos privados de WhatsApp

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