El Papa, a los jóvenes: "Disculpen si a menudo no los hemos escuchado"

Francisco habló en el sínodo de los obispos dedicado a la juventud
Francisco habló en el sínodo de los obispos dedicado a la juventud Fuente: Reuters
Elisabetta Piqué
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28 de octubre de 2018  • 15:10

ROMA.- Al clausurar hoy, con una misa solemne en la Basílica de San Pedro, el sínodo de obispos dedicado a los jóvenes, el Papa les pidió perdón, en nombre de todos los sacerdotes adultos, por no haberlos "escuchado". Remarcó que para evitar que los jóvenes se alejen de la Iglesia es fundamental "escuchar, hacerse próximos y testimoniar", así como dejar de lado el "moralismo" y el "doctrinalismo".

"Me gustaría decirles a los jóvenes, en nombre de todos nosotros, adultos: disculpen si a menudo no los hemos escuchado; si, en lugar de abrir vuestro corazón, les hemos llenado los oídos", dijo Francisco, en un sermón que cerró oficialmente su tercer sínodo. Esta asamblea, que reunió durante casi un mes en el Vaticano a más de 260 obispos de todo el mundo, contó con la novedosa presencia de 34 jóvenes.

"Como Iglesia de Jesús deseamos escucharlos con amor, seguros de dos cosas: que su vida es preciosa ante Dios, porque Dios es joven y ama a los jóvenes; y que su vida también es preciosa para nosotros, más aún, es necesaria para seguir adelante", agregó el Papa en una misa que concelebró junto a los más de 250 padres sinodales, entre los cuales hubo cuatro argentinos: Carlos Tissera, obispo de Quilmes, Ricardo Seirutti, obispo auxiliar de Córdoba; Gustavo Braida, obispo auxiliar de Mendoza y Eduardo García, obispo de San Justo.

Francisco invitó a todos a practicar un "apostolado del oído", que significa escuchar antes de hablar" y a "escuchar con amor, con paciencia, como hace Dios con nosotros, con nuestras oraciones a menudo repetitivas". "Dios nunca se cansa, siempre se alegra cuando lo buscamos", subrayó.

Además, recordó que "la fe pasa por la vida". "Cuando la fe se concentra exclusivamente en las formulaciones doctrinales, se corre el riesgo de hablar solo a la cabeza, sin tocar el corazón", advirtió. "Y cuando se concentra solo en el hacer, corre el riesgo de convertirse en moralismo y de reducirse a lo social. La fe, en cambio, es vida: es vivir el amor de Dios que ha cambiado nuestra existencia. No podemos ser doctrinalistas o activistas; estamos llamados a realizar la obra de Dios al modo de Dios, en la proximidad: unidos a él, en comunión entre nosotros, cercanos a nuestros hermanos", indicó. Advirtió, además, sobre la tentación de lavarse las manos: "Nosotros, en cambio, queremos imitar a Jesús, e igual que él ensuciarnos las manos".

Francisco también subrayó la importancia del testimonio concreto: "La fe es una cuestión de encuentro, no de teoría". "En el encuentro Jesús pasa, en el encuentro palpita el corazón de la Iglesia. Entonces, lo que será eficaz es nuestro testimonio de vida, no nuestros sermones", dijo.

E hizo una autocrítica: "Cuántas veces, en lugar de este mensaje liberador de salvación, nos hemos llevado a nosotros mismos, nuestras "recetas", nuestras "etiquetas" en la Iglesia. Cuántas veces, en vez de hacer nuestras las palabras del Señor, hemos hecho pasar nuestras ideas por palabra suya. Cuántas veces la gente siente más el peso de nuestras instituciones que la presencia amiga de Jesús. Entonces pasamos por una ONG, por una organización paraestatal, no por la comunidad de los salvados que viven la alegría del Señor", lamentó. "Escuchar, hacerse prójimos, testimoniar", pidió.

Agradeció, finalmente, a todos los que participaron en el sínodo, que significa "caminar juntos".

Volvió a insistir sobre este concepto más tarde, durante la oración mariana del Angelus -que pronunció desde la ventana de su despacho del Palacio Apostólico-, cuando destacó el "estilo sinodal".

Y aseguró que, más allá del documento final que votó anoche la asamblea, "es importante que se difunda un modo de ser y trabajar juntos, jóvenes y ancianos, en la escucha y en el discernimiento, para alcanzar decisiones pastorales que respondan a la realidad".

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