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Hamilton, el quíntuple campeón que hubiera llenado de orgullo a Fangio

Lewis Hamilton, campeón en México
Lewis Hamilton, campeón en México Fuente: AP
Pablo Vignone
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28 de octubre de 2018  • 23:59

Ayrton Senna idolatraba a Juan Manuel Fangio. El argentino retribuía, a su manera, el sentimiento. Su abrazo más famoso fue el que se dieron en el podio del Gran Premio de Brasil de 1993, tras una de las mejores victorias del paulista delante de su gente; por eso, este Lewis Hamilton, que hacía un culto de su admiración por Senna, que al cabo de doce temporadas en Fórmula 1 supo quedarse con lo mejor que hay en él del brasileño, habría puesto muy orgulloso al Chueco de Balcarce con su quinto título del mundo.

Por segunda vez en sesenta años, un piloto de Fórmula 1 alcanza la marca que Fangio estableció en 1957, que durante décadas estuvo fuera de órbita. Michael Schumacher la igualó en 2002, de camino a su fabuloso record de siete títulos, que selló en 2004 y que permanece como la conquista máxima en la historia del Mundial, inaugurada en 1950.

Hamilton arriba ahora, también de pasada: con 33 años, en la plenitud conductiva de su carrera, todo indica que irá por dos títulos más para entronizarse definitivamente como uno de los más grandes pilotos de todos los tiempos.

Muchas razones habrían llenado de orgullo al Chueco de haber conocido a este hidalgo sucesor. "Fangio fue el patriarca de la Fórmula 1", afirmó Hamilton una semana atrás, cuando imaginaba coronarse en los Estados Unidos, un logro que se postergó tras la victoria de Kimi Raikkönen y el segundo lugar de Max Verstappen, el ganador de este GP de México. El inglés nació casi 40 años después de que Fangio estableciera la marca original, y logró su primer título en karting en 1995, pocos meses después de la muerte del ídolo legendario. Pero una vez en la Fórmula 1 y bajo la estela de Mercedes, su conocimiento se volvió admiración. "Ganar este quinto título después de que Fangio también ganara títulos con Mercedes es un sentimiento increíble y bastante irreal", dijo ayer.

Fangio logró dos de sus cinco títulos mundiales con Mercedes: los de 1954 y 1955, en una época en la que el Mundial no daba tantas oportunidades, con muchas menos carreras (la tercera parte, aproximadamente, de las que se disputan hoy) y la obligación de correr muchos más riesgos para alcanzar la gloria. En esa doble campaña exitosa, el argentino ganó ocho de los 12 Grandes Premios en los que manejó una Flecha de Plata, una cada 1,5 GP; en el resto logró un segundo puesto, un tercero, un cuarto y un abandono (en Mónaco 1955).

Hamilton, en cambio, le debe mucho más a la casa alemana que, a diferencia de los '50, tiene su base en Inglaterra: ganó cuatro de sus cinco títulos con ellos. En las seis temporadas que lleva en el equipo plateado, desde 2013 hasta ahora, disputó 117 Grandes Premios (casi diez veces más que Fangio), en los cuales obtuvo 50 triunfos, uno cada 2,34 GP. Los dos tuvieron enormes rivales: Para el inglés, este fue "el año más duro en lo físico, lo mental y lo personal".

Habría enorgullecido sin dudas al Chueco comprobar que quien alcanzó ayer a su máxima marca reconoce también orígenes humildes. Fangio, hijo de un albañil inmigrante, que se abrió camino desde abajo como mecánico hasta poder subirse a un automóvil de carrera, dotado entonces de una sensibilidad que le permitió conocer a la perfección el límite de cada máquina que condujo, habría aplaudido a este héroe de la clase trabajadora británica, cuyos inicios en el deporte se sustentaron en el esfuerzo paterno. Anthony Hamilton llegó a desempeñar cuatro trabajos simultáneos para sostener la carrera en karting de su hijo Lewis. La necesidad se tornó hambre de gloria; el apetito no parece saciado tras cinco títulos mundiales. "No estaría aquí sin el esfuerzo que mi papá hizo, y mi familia también", los valoró ayer.

¿Habría aplaudido también Fangio un quinto título de Sebastian Vettel? "Muchas macanas, hermanito", habría deslizado seguramente de haber podido seguir este campeonato tramo a tramo. El alemán está de acuerdo: "Lewis fue el mejor piloto esta temporada", dijo ayer tras el podio.

El quinto título mundial aterriza en las manos de Hamilton en el momento en el que sus destrezas han sido desarrolladas al extremo. Ya no precisa intimidar al límite de lo permitido para defender su causa, como sucedió en la época de su segundo y tercer título, en 2013 y 2014, cuando la pelea interna en Mercedes con Nico Rosberg era despiadada. Senna introdujo aquellos comportamientos discutibles en Fórmula 1, fue Schumacher quien los profundizó hasta transformarlos en algo así como un arte negro.

El nuevo Quíntuple ya descartó eso de su repertorio. Su actual agresividad es impecable: durante 2018 se lo admiró extrayendo con absoluta precisión el máximo rendimiento posible de su auto, con una fabulosa cantidad de pole-positions, sembrando la sensación de que, cuando la máquina lo acompaña, es imperturbable e imbatible.

Quizás le faltó eso en México: una consagración al estilo de la de Fangio. El Chueco selló su quinto título con la más fabulosa victoria de todos los registros del Mundial de Fórmula 1, la que consiguió en el GP de Alemania de 1957, un triunfo de leyenda conseguido seis décadas atrás, al que todavía se le rinde tributo. Fue el pico extremo de rendimiento de Fangio, con una máquina muy dócil -la Maserati 250F- que en sus manos era el instrumento perfecto, al que podía arrancarle una performance celestial. Nunca más Fangio volvió a rendir como esa tarde de agosto. Tenía 47 años. Menos de un año después, dejó las pistas.

A Hamilton le faltó ayer esa condición heroica. Salvo en la largada, no se mostró competitivo ni terminante. El Mercedes con el que ya había ganado nueve Grandes Premios a lo largo del 2018 sufrió en exceso la altura de la Ciudad de México -una pérdida de alrededor del 20 por ciento en potencia, disimulada más en el caso del motor Renault del Red Bull de Verstappen- y nunca pareció candidato serio al triunfo. El cuarto lugar final le aseguró los puntos imprescindibles para asegurar la corona, pero fue deslucido. "Fue una carrera horrible", reconoció. "La largada fue buena, después no sé qué pasó, estuvimos sufriendo con el auto".

Sin embargo, acaso sea esa la señal de que a Hamilton le queda margen para intentar la hazaña. Una promesa de grandísima carrera para conquistar un eventual séptimo título, ¿por qué no? Mercedes seguirá siendo competitivo en las próximas dos temporadas, en las que se mantendrá el reglamento actual; el piloto (que ya logró 71 éxitos en la F.1) tiene contrato hasta el final de 2020, con lo que disputará al menos otras cuarenta carreras. Una decena de victorias por temporada no es un objetivo descabellado; con ellas, dos títulos mundiales llegarían por añadidura. Los siete títulos de Schumacher y sus 91 triunfos en Fórmula 1 nunca han lucido tan vulnerables como ahora. Esa posibilidad de ver aún un Hamilton superior al que se ha visto este año también habría entusiasmado a Fangio.

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