Cómo Barcelona supera el trauma de jugar sin Messi

Lionel Messi y su hijo Thiago, observan el clásico desde la platea
Lionel Messi y su hijo Thiago, observan el clásico desde la platea Fuente: LA NACION - Crédito: DPA
Juan I. Irigoyen
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28 de octubre de 2018  • 23:32

BARCELONA.- Hay cosas que no cambian, aunque todo haya cambiado. Barcelona se quedó sin Lionel Messi por culpa de una fractura en el radio del brazo derecho, pero el Camp Nou no se quedó sin Leo Messi. El capitán no se pierde ni un partido del Barça en su casa. La rutina, la de siempre. Viaja junto a su amigo, vecino y compañero, Luis Suárez, desde Castelldefels al Camp Nou. Ahora, sin embargo, tienen pasajeros extras: sus hijos. En el partido contra Inter se les sumó el mayor de los Messi Juniors, Thiago; en el clásico, por la Liga de España , se añadieron los dos más grandes del uruguayo: Delfina y Benjamín. No faltaron sus familiares, por supuesto, que miraron el clásico desde su palco. Pero los niños querían estar cerca de Messi y para eso hay que estar cerca del campo. La Pulga llegó con Suárez, se metió en el vestuario y después saltó a la cancha para sentarse en la platea pegada al banco de Ernesto Valverde. Y ahí, dejándose ver, casi como para intimidar a los muchachos de Julen Lopetegui, celebró la histórica goleada ante el Real Madrid, la tercera mayor de la historia en Barcelona, después del 5-0 del Dream Team en el '94 y del también 5-0 del Pep Team al equipo de Mourinho en 2010.

Cuando el pasado domingo, el comunicado del Barcelona anunció que Messi estaría tres semanas fuera de las canchas, en el vestuario azulgrana hubo quien se preguntó: "Y ahora, ¿qué hacemos?". En la víspera del clásico, el tibio Barça que empezó esta temporada se quedaba sin su chico de oro, el futbolista que rompe la monotonía de un equipo que comienza a envejecer, mientras que los nuevos jugadores sólo coparon tapas de los periódicos cuando se pagó lo nunca visto por ellos: Coutinho (160 millones de euros) y Dembélé (140). El francés anda dormido (literalmente, llega tarde hasta a los partidos) y el brasileño juega de a ratos, bocanadas de fútbol para un equipo que siempre mira a Messi cuando las cosas se tuercen. "Leo marca nuestro juego", opinó Valverde, nada más terminar el duelo ante el Sevilla en el que el rosarino se lesionó. "Messi nos abre los partidos que no podemos resolver", añadió Busquets. Entonces, sin el 10 y con un equipo que no termina de carburar, el Barcelona miró a Valverde.

La última vez que Messi se ausentó, en la campaña 2015-2016, fue Neymar quien cargó con el peso del grupo en la cancha. Hoy con Neymar en París, era la hora del DT. Cuentan en la Ciudad Deportiva Joan Gamper que a Valverde le cuesta sentirse técnico. Son pocas las innovaciones en los entrenamientos y los consejos que se pueden dar a un grupo de futbolistas que ha ganado todo lo que se puede ganar a nivel de clubes (algunos también a nivel de selección).

"Con Leo somos un equipo asimétrico. Él tiene libertad de movimientos y atacamos con un sistema (4-3-3) y defendemos con otro (4-4-2). Además, la presión no es la misma. La única manera de solventar la baja del pequeño (como le dicen al rosarino) es siendo más ordenados y que todos corramos un poco más", explican desde el vestuario. Y apareció la mano de Valverde. Mandó al banco a Dembélé -no lo tenía muy difícil, en el grupo ya están cansado de sus faltas de disciplina- y se la jugó por Rafinha. El brasileño hizo todo lo que hace un jugador que se quiere hacer un hueco en el once: le hizo caso a su entrenador. Resurgió un Barcelona más ortodoxo, reconocible en el dibujo táctico y en la presión.

"Todo el mundo se preguntaba cómo íbamos a responder sin Leo. Hemos respondido como un equipo en el campo", resolvió Valverde tras la goleada al Madrid. Y, de nuevo, se le sumó Busquets: "Era una prueba más sin nuestro mejor jugador y hemos salido reforzados". Eso sí, ninguno se quiso olvidar del Nº10, no vaya a ser cosa que se puedan malinterpretar sus palabras. "Cuando esté Leo, mucho mejor", dijo el DT. "Cuando sufrimos, normalmente Messi lo soluciona", concluyó el Nº5. Y en un equipo solidario, destacó un jugador solidario por naturaleza: Luis Suárez. El uruguayo demostró que es mucho más que el compinche de Messi. Ante el Madrid, una de sus víctimas preferidas (le cantó 10 goles en 11 partidos), el charrúa se desató. No era una semana cualquiera, ni para el Barça, ni para su amigo, mucho menos para él. El Nº9 se perdió el entrenamiento del martes porque nació su hijo Lautaro. No encontró mejor manera para celebrarlo que con un hat-trick: tres hijos, tres goles. Todos ante la vista de Messi, que cuidaba de sus dos mayores en la platea baja del Camp Nou.

De la mano de Luis Suárez, sobre todo de Ernesto Valverde, el Barça superó el trauma de la ausencia de Messi. Nada menos que el clásico ante el Madrid.

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