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El impactante KO que sufrió el hijo de Látigo Coggi y el mensaje de su papá en TV

Crédito: Captura TV
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29 de octubre de 2018  • 14:57

Fue prácticamente en simultáneo. Mientras Juan Martín Latigo Coggi comentaba en televisión, en un programa grabado, los intentos que realizó para que su hijo no fuera boxeador, el Principito Martín recibía un impactante nocaut en Neuquén, que generó que su papá entrara rápidamente al ring para ayudarlo.

Martín Antonio Coggi, de 35 años, cayó a la lona tras un impresionante zurdazo de Sebastián Aguirre, que se quedó con el título latino superligero de la OMB (Organización Mundial de Boxeo). El hijo del Látigo, ex campeón mundial welter, apenas sumaba cinco peleas desde 2015, con un registro de 3-2.

El Principito, que ostenta un récord de 35 triunfos, 9 derrotas y 3 empates, viajó a Cutral Có, Neuquén, para medirse con Aguirre. Pero el combate no tuvo continuidad, dado que el golpe certero del ganador en el mentón llegó apenas en el segundo round. Cuando el árbitro dio por finalizada la pelea, Látigo entró corriendo al cuadrilátero para reanimar a su hijo.

Después, el propio boxeador grabó un video en el vestuario para llevar tranquilidad. "Fue una mano, son cosas de este deporte, a veces se gana, a veces se pierde. Fue un golpe, nada más. Un abrazo grande", escribió en su cuenta de Twitter, en la que también bromeó con el impactante nocaut. "Reflexión del día: Debí haberme quedado en casa viendo Podemos Hablar, que estaba mi viejo.".

El ex boxeador, tres veces campeón del mundo, estuvo el sábado por la noche en el programa de Andy Kusnetzoff y contó su particular estrategia -llevada a cabo hace muchos años- para que su hijo Martín no se convirtiera en boxeador: "Lo llevé al gimnasio en el que entrenaba, en Berazategui. Agarré a uno de mis pupilos más avezados, que tenía 10 o 15 peleas, y le dije 'castigámelo'. Es más, le dije 'rompelo'", aseguró Coggi. Ante la mirada de los invitados, Látigo agregó: "El otro pibe le quebró la nariz y sangraba mucho". Con el tiempo, entendió que el boxeo también era la pasión de su hijo. "Lo de Martín es mucho más loable que lo mío porque yo tuve odio, pero él tuvo amor. Él nunca tuvo necesidades, nunca le faltó nada de lo que me faltó a mí. ¿Con qué necesidad lo hace? Es pasión".

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