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Los Bolsonaro, un clan poco tradicional que no es ajeno a las peleas y los celos

El presidente electo, acompañado de sus hijos Carlos, Flávio y Eduardo
El presidente electo, acompañado de sus hijos Carlos, Flávio y Eduardo Crédito: O Globo
Dos de los hijos del líder derechista ocuparán puestos claves en Brasilia, algo sin precedente en las familias que llegan al poder
Jussara Soaras
Thiago Prado
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30 de octubre de 2018  

RÍO DE JANEIRO.- Es tradición de la política brasileña que los clanes familiares tengan protagonismo en el juego electoral de los distintos estados. Así fue en las últimas décadas, por ejemplo, con los Sarney en Maranhão; los Magalhães en Bahía; los Barbalho en Pará, y los Calheiros en Alagoas. A partir del 1° de enero de 2019, los Bolsonaro desembarcarán en Brasilia con una presencia de niveles inéditos.

Sin experiencia alguna en el Poder Ejecutivo y con un paso deslucido por el Poder Legislativo, la familia colocará a tres representantes en puestos claves de Brasilia.

El líder del clan, Jair Bolsonaro, llegará al Palacio del Planalto con el respaldo de 57 millones de electores. El menor de sus hijos, Eduardo, de 34 años, asumirá por otro mandato como diputado nacional, y esta vez con la mayor cantidad de votos que haya recibido un legislador en toda la historia de Brasil. El hijo mayor, Flávio, de 37 años, estrenará banca en el Senado elegido por 4 millones de fluminenses, los ciudadanos del estado de Río de Janeiro.

"No hay parámetros de comparación en el pasado. Los clanes tradicionales conseguían votos a partir de cargos, secretarías y ministerios. Sin esa estructura, los Bolsonaro apostarán a convertirse en una marca mediática con un relato para los momentos en que la opinión pública esté 'agriada' y sin paciencia", analiza el politólogo Rubens Figueiredo, de la Universidad de San Pablo.

La construcción de esa imagen de la familia estuvo a cargo del hijo del medio, Carlos, de 35 años, que iniciará su quinto mandato como concejal en Río de Janeiro. Fue Carlos uno de los principales armadores de la estrategia digital de Jair Bolsonaro en los últimos tres años, cuando comenzó a construirse la candidatura presidencial. Tan solo en Facebook, los cuatro Bolsonaro suman casi 12 millones de seguidores.

De estilo excéntrico (no le gusta dar entrevistas y es coleccionista de cuchillos), Carlos abastece a las redes sociales de la familia y produce, de manera improvisada y celular en mano, las transmisiones en vivo de su padre por internet. El atentado en Juiz de Fora acercó aún más a padre e hijo: Carlos era el concejal que estaba al lado de Bolsonaro en el momento de recibir la puñalada y fue quien ayudó a contener la hemorragia en el trayecto al hospital.

"Jair evita lastimar a Carlos. De sus hijos, es el que más le preocupa", dice una fuente de la campaña.

También fue de Carlos la idea de atacar más ferozmente a los adversarios de izquierda y a la prensa. Esa actitud generó conflictos con quienes siempre defendieron una estrategia más moderada para Bolsonaro.

Tenía la contraseña de su padre en las redes sociales y así como durante la campaña vimos que un día Bolsonaro pregonaba la libertad de prensa y al día siguiente decía que los diarios eran "una basura".

Otro episodio que causó desconcierto fue cuando Carlos compartió en su cuenta de Instagram una foto publicada por un artista simulando una tortura por asfixia, con el hashtag anti-Bolsonaro #Elenão ("él no"). Al compartir la imagen, el concejal escribió: "Sobre padres que lloran en la ducha".

Flávio se incomoda mucho con los arrebatos de Carlos en las redes. Diputado del estado de Río de Janeiro desde 2002, Flávio tiene un estilo más moderado, y hasta es posible verlo conversar amigablemente con Marcelo Freixo, del izquierdista Partido Socialismo y Libertad (PSOL), en la Legislatura carioca.

La rivalidad entre Carlos y Flávio surgió hace dos años, cuando el senador electo se candidateó para alcalde de Río. Con celos de todo tipo, Carlos, que en aquella época intentaba ser elegido concejal por cuarta vez, se negó a distribuir material de campaña en las calles junto con su hermano.

En 2016 se produjo otro episodio que generó conflicto en la familia. En medio de un debate por televisión, Flávio se sintió mal y estuvo a punto de desmayarse. El diputado fue ayudado por la entonces candidata Jandira Feghali, del PC de Brasil, y se lo agradeció con un comunicado oficial. En internet, que ya empezaba a ser el bastión comunicacional de la familia, fueron muchos los memes ironizando sobre la ayuda de una comunista a uno de los Bolsonaro.

Influenciado por su hijo Carlos, Jair Bolsonaro se enfureció y le prohibió a Flávio postear mensajes en internet durante 5 días. Meses después, el clima familiar se apaciguó cuando Flávio les escribió una carta pidiendo la unión entre los tres.

Eduardo Bolsonaro logra mantener una buena relación con sus dos hermanos, pero adhiere más a la línea explosiva de Carlos. En la última semana, una frase suya sobre "cerrar el Supremo Tribunal Federal" generó la última crisis de campaña de su padre. Jair le llamó la atención a Eduardo, pero sin irritación alguna. "Ya le advertí al chico", le dijo el presidente electo a la prensa.

Se estima que en 2019 Carlos tendrá que ocupar alguna función en el Planalto, para no quedar lejos de su padre y hermanos. Aunque lo pensaron en un primer momento, Eduardo y Flávio ya descartaron cualquier articulación para disputar las presidencias de la Cámara baja y del Senado. Por ley, en 2020 ninguno de los dos podrá ser candidato a alcalde de Río de Janeiro.

Traducción de Jaime Arrambide

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