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Michelle Bolsonaro, ferviente evangélica y cultora del bajo perfil

Alberto Armendáriz
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30 de octubre de 2018  

Es la cara opuesta de su marido, el presidente electo brasileño, Jair Bolsonaro. Mientras él cultiva un perfil de hombre duro, combativo e iracundo, ama ser el centro de atención, crear polémicas y ofender a los más variados grupos sociales, Michelle de Paula Firmo Reinaldo Bolsonaro, de 38 años, rehúye la exposición pública, habla en voz baja y tono suave, siempre con una luminosa sonrisa, y asegura que su misión en la vida es asistir a los más necesitados.

"No sé exactamente cómo lo haré, pero voy a luchar por las personas con deficiencias. Poder ayudar a los demás es algo primordial para mí. Quiero marcar una diferencia", aseguró la futura primera dama brasileña ayer, en su primera entrevista televisiva, con el canal Record.

Prácticamente hasta el final de la intensa campaña electoral, Michelle de Paula -como le gusta que la llamen- fue un enigma para los brasileños. Apenas había hecho un par de apariciones: en la convención del Partido Social Liberal (PSL) en julio, cuando se lanzó la candidatura presidencial; en un video de Bolsonaro en homenaje al Día Nacional del Sordo, en el que ella tradujo las palabras de su esposo en lenguaje de señas, en septiembre, y dos semanas atrás, en otra grabación con la que Bolsonaro buscó dar una imagen familiar. Más allá de esas apariciones electorales, solo se la había visto en fotos.

Ella explicó que fue porque es tímida, y en el entorno de Bolsonaro se buscó preservarla de la opinión pública y blindarla ante la prensa. Pero quienes la conocen afirman que es ella quien en realidad manda al "capitão" en el hogar, que nadie accede a él sin su permiso y que obligó a que todas las visitas políticas que Bolsonaro recibió en su casa dentro de un condominio del barrio carioca de Barra de Tijuca fueran realizadas en el quincho de la residencia.

Hija de un ama de casa blanca y un chofer de ómnibus negro, Michelle de Paula nació el 22 de marzo de 1980 en Brasilia. Empezó a estudiar farmacia, pero abandonó al quedar embarazada de un novio, empleado de una empresa de buses turísticos.

Su hija Leticia Aguiar, de 16 años, hoy vive con ella, Bolsonaro y la única hija propia de la pareja, Laura, de 8. Después de haber tenido cuatro hijos varones con sus dos anteriores mujeres (tres con la primera, Rogéria Braga, y uno con la segunda, Ana Cristina Valle), Bolsonaro se había hecho una vasectomía, pero como su joven esposa le dijo que quería tener familia con él se la revirtió.

Entre 2006 y 2008 trabajó como secretaria de dos diputados, y fue en el Congreso donde, en 2007, conoció a Bolsonaro. Ambos afirman que fue amor a primera vista; se pusieron de novios y a fines de ese año se casaron por civil. Él la llevó a trabajar a su gabinete, pero una nueva reglamentación que prohibió la contratación de familiares lo obligó a despedirla.

Fervientemente evangélica, comparte con el presidente electo sus valores conservadores (familia tradicional, en contra de los derechos de los homosexuales y del aborto) e influyó mucho en el acercamiento de Bolsonaro -católico- a los líderes evangélicos.

De hecho, quien los casó en una ceremonia religiosa en 2013 fue el célebre pastor teleevangelista Silas Malafaia, de la Asamblea de Dios, iglesia a la que ella asistía hasta que los dos hombres se distanciaron luego de que Malafaia fue procesado, en 2017, por lavado de dinero y corrupción. Desde entonces, Michelle de Paula se cambió a la Iglesia Bautista Actitud, donde se la solía ver casi todos los domingos acompañada por Bolsonaro. Allí, ella se desempeña también como traductora del servicio para sordos, gracias a que aprendió el lenguaje de señas de un tío con deficiencia auditiva.

Voluntariado

Fuera de la iglesia también participa voluntariamente de proyectos comunitarios, como un grupo de payasos para hospitales infantiles, así como de campañas para la donación de sangre y distribución de alimentos. De gustos simples -generalmente viste zapatillas, jeans y blusas o remeras-, le encanta ir a los shoppings de Barra con sus hijas a comer sushi o hamburguesas y es una fanática del gimnasio.

Cuando Bolsonaro fue acusado de racista, su cuñado, Diego -soldado del ejército, igual que el mandatario electo-, salió a defenderlo y apuntar que aunque su hermana era más clara tanto él como su padre son bien morenos, mezcla de negros e indios.

"Me duele todo lo que se ha dicho de Jair, que es fascista, misógino, homofóbico y racista, porque yo sé que él no es nada de eso", resaltó ayer en la entrevista con Record, propiedad de otro influyente pastor evangélico, Edir Macedo.

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