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Marcha de vecinos de Victoria por el asesinato de un comerciante en un asalto

El crimen ocurrió el sábado a la noche; la víctima quería volver con su familia a Paraguay, cansada de la inseguridad
Leonardo Scannone
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30 de octubre de 2018  

El asesinato del comerciante Enrique Azuaga conmocionó a los vecinos de Victoria, sobre todo porque todos sabían que este era el último año suyo en la Argentina: cansado de los robos, planeaba volverse a Paraguay con su mujer y sus hijos. La inseguridad clausuró sus planes: le quitó la vida.

Ayer, al caer el sol, aquellos vecinos, familiares y amigos se movilizaron para exigir justicia. El sábado a la noche cerraba su comercio cuando al menos dos delincuentes bajaron de una moto e ingresaron en el local, en Kennedy 1963 de aquella localidad de San Fernando. A punta de pistola, intentaron robarle. Azuaga y su esposa, Blanca Candia, se resistieron. Le dispararon y lo mataron.

"Mi hermano era un laburador. Trabajaba todo el año y lo mataron así, como a un animal... No merecía morir así. Lo lamentamos todos y les agradecemos a todos los vecinos por su movilización. No tenemos palabras. Mi hermano era una maravilla de persona. Esto es muy duro para nosotros", contó a LA NACION Gustavo, hermano de la víctima.

Fuentes policiales precisaron que a las 22 del sábado Azuaga, nacido en Paraguay hace 45 años, cerraba El Toldo Azul cuando entraron dos encapuchados. Forcejeó con uno de los delincuentes para sacarle el arma; su mujer le tiró agua caliente de un termo a uno de los ladrones. Uno de ellos le apuntó a Candia y Azuaga se interpuso para protegerla. La bala le atravesó la sien y le salió por el cuello. Murió en el acto. Y los delincuentes escaparon sin robar.

"La policía tardó 40 minutos y la ambulancia, una hora en llegar. La mujer estaba con un ataque de nervios y salimos a agarrarla porque se daba la cabeza contra el piso. Yo vi pasar la moto a todo lo que da después de escuchar los disparos", contó Jesica Torres, de 35 años, una vecina que vive en la cuadra donde mataron a Azuaga. Y agregó: "Que lleguen a matar acá es raro; esto significa que ya se fue todo de las manos. Nosotros tenemos un sistema de alarma vecinal. Nos protegemos entre nosotros. Los robos son cosa de todos los días acá. Mi marido se va a las seis de la mañana a laburar y ya perdimos la cuenta de las veces que le robaron. Viene bravo desde hace rato y no hay respuesta de nadie".

Azuaga había llegado al país hace más de 25 años. Dejó tres hijos: uno de 12, una nena de 7 y el mayor, de 27.

Sus allegados señalan por el crimen a una banda de jóvenes que viven a la vuelta de la fiambrería de Azuaga, del otro lado de la avenida Uruguay, que divide San Fernando de San Isidro.

"Son muy comunes los robos acá, hay tres o cuatro por día. Llegamos a tener nueve en un solo día. En julio, yéndome de vacaciones con mi familia, nos afanaron todo. Fueron dos de los tipos sospechosos de este hecho, los reconocí. Acá pusimos alarmas vecinales, luces, porque no hay otra forma. Cuando lo mataron a Enrique había pasado un patrullero hacía tres minutos. Pero los tienen cronometrados", dijo Gustavo Robledo, de 48 años, que tiene su local a metros de El Toldo Azul.

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