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Vidal recompone con Macri y libra su batalla particular con el kirchnerismo

Martín Rodríguez Yebra
Vidal, en una reciente visita a la Casa Rosada
Vidal, en una reciente visita a la Casa Rosada Fuente: Archivo - Crédito: Rodrigo Néspolo
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30 de octubre de 2018  • 18:28

María Eugenia Vidal quiere cerrar la brecha que el diseño del ajuste abrió entre su gobierno y el de Mauricio Macri . "Ni enojo ni malestar", es su muletilla estos días cuando le piden describir su ánimo por el esfuerzo enorme que le toca asumir a Buenos Aires en el camino al déficit cero nacional.

Pero la gobernadora no oculta la incomodidad por el lugar donde quedó en medio del tironeo por los fondos. "Tengo una responsabilidad institucional que me obliga a pelear por lo que es justo para la provincia, como no hicieron otros que estuvieron en mi lugar. Pero también tengo clara mi responsabilidad política: estoy jugada con Cambiemos y con el objetivo del equilibrio fiscal", dijo esta semana en una reunión privada que reconstruyó LA NACION.

La traducción es inequívoca: Vidal considera "inquebrantable" su compromiso con Macri. Por eso dice ante cualquier insinuación sobre el escenario electoral del año que viene que ella puede ser "cualquier cosa menos candidata a presidenta". Descartó también la posibilidad de anticipar las elecciones provinciales, pese a que algunos en el oficialismo se lo recomiendan para despegarse de un eventual voto castigo al gobierno nacional. "No vamos a hacer nada que pueda debilitar al Presidente", avisó a su entorno, en el que no faltan los indignados.

Le toca aguantar el mal momento, resume un funcionario de su círculo íntimo. Vidal y su ministro de Economía, Hernán Lacunza , terminan en estos días de redactar un presupuesto bonaerense sin ninguna compensación de la Casa Rosada por el recorte que la inflación imprevista de este año produjo en el Fondo del Conurbano, sumado al traspaso de subsidios al transporte, la tarifa social del agua y las eléctricas (unos $25.000 millones). No propondrá déficit cero en la provincia y deberá pasar otra vez una dura negociación con sus opositores para aprobar un endeudamiento de $110.000 millones.

Días de terapia interna y reuniones pacificadoras dieron como resultado la promesa de que habrá alguna ayuda adicional de Macri antes de fin de año, cuando el presupuesto nacional esté sancionado. Puede ser una ampliación del bono compensador que se les otorgó a las provincias este año por una deuda sobre fondos previsionales. O algún ajuste legal que sistematice la actualización del Fondo del Conurbano. "Aunque se cobre a futuro, quiero que se reconozca el derecho de la provincia a ese dinero", suele decir. La reparación podría llegar vía obras en el año electoral, admiten en la Casa Rosada.

Como el resto del oficialismo, Vidal asume la etapa de incertidumbre económica que vive el país. Ya no quiere hacer pronósticos de cuándo remitirá al fin la crisis. Ahora mismo su obsesión es tener bajo control la situación social, en especial en el golpeadísimo conurbano.

Diciembre es una alarma cercana. No descartan en su gobierno que haya que aprobar un refuerzo de las partidas del plan Más Vida antes de fin de año. "Lo saben todos los intendentes. No podemos tener carencias de comida. El que llama sabe que vamos a asistirlos, sin límites", señala una alta fuente de la administración bonaerense.

Conspiraciones políticas

En ese mar revuelto se instalan las hipótesis de conspiraciones políticas. La gobernadora sospecha de maniobras aisladas para desestabilizar desde partidos opositores, pero también de las bandas delictivas. Cree que pueden estar interesados en debilitar a un gobierno que puso entre sus objetivos declarados el combate a los narcos.

La receta de Vidal para atravesar el desierto de la crisis es la cercanía. Visita un municipio al día y ordena a sus funcionarios que estén en gira permanente.

La estrategia se convirtió en una batalla particular con sectores del kirchnerismo -con los gremialistas docentes de Roberto Baradel al frente- que alientan escraches y protestas contra ella, en especial cuando visita pueblos del interior. Ya pasó un mal trago en Chascomús, semanas atrás, y volvió a pasarle en 25 de Mayo el viernes pasado.

Cerca de la gobernadora denuncian una campaña bien orquestada para afectar su imagen. Lo explica un funcionario de La Plata: "El kirchnerismo tiene su bastión en la provincia, pero se encuentra con una María Eugenia fuerte que puede ser el tapón que les impida volver. Por eso tienen que exhibirla como repudiada por la gente, pegarla a supuesta corrupción, como pasó con el caso de los aportes".

Temerosa del juego de sus rivales, Vidal se mueve con cautela. Le pasó días atrás en una visita al interior: un hombre sonriente le golpeó el vidrio del auto. "Una foto, una foto", le decía. Ella sospechó y le ordenó al chofer arrancar rápido. Entonces el supuesto simpatizante la cubrió de insultos, a los gritos, y empezó a gritar consignas opositoras. "Ya me pasó -relató en una reunión privada-. Viene una persona, te pide sacarse una foto y cuando su acompañante prende la cámara te empiezan a increpar y reclamar. Después viralizan el video en las redes."

La gobernadora vive con fastidio esos episodios, pero advierte: "No voy a dejar de salir". Tampoco cede por ahora al consejo de sus asesores de aumentar la presencia policial en sus actos. Le toca jugar al gato y el ratón con los manifestantes, mover de lugar sus presentaciones, cancelar otras, salir por puertas traseras, en aparente desamparo.

En la provincia no le quitan el ojo a situaciones más delicadas que consideran posibles operaciones políticas contra el gobierno. Recuerdan una y otra vez las denuncias luego cuestionadas de violencia contra una maestra del colegio público de Moreno donde una explosión mató a dos personas en agosto. Y también el hallazgo de una granada de guerra en un pasillo del Hospital Paroissien, en La Matanza, en septiembre.

Vidal no huye de las sospechas. Moreno y La Matanza son dos municipios que considera críticos. Suele decir: "La Matanza es el refugio ordenado del kirchnerismo. Nada pasa sin que la intendenta lo sepa. Moreno, en cambio, es el refugio caótico, donde cualquier cosa puede pasar".

La crisis social, el ajuste y la batalla que le plantea el kirchnerismo son hoy la prioridad de la gobernadora. Por eso ordenó a su gente que no hable de las elecciones y que se trague el malhumor por el recorte de fondos que -para acordar con los gobernadores peronistas- la Casa Rosada le cargó a Buenos Aires. Vidal y Macri siguen atados en su destino.

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