Desafío detox

Soledad Simond
Soledad Simond LA NACION
Fuente: OHLALÁ! - Crédito: Soledad Simond
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31 de octubre de 2018  • 15:02

Mientras yo estoy haciendo un detox (sin harinas, ni azúcar, ni lácteos, ni huevos) durante 21 días, en este mismísimo momento a la redacción llegaron cuatro tortas. Las detallo porque en mi delirio de abstinencia pienso que las saboreo con cada letra: cheesecake, chocotorta, torta de manzana y marquise. Un día cualquiera de cierre -como es este- estaría haciendo una degustación completa de este festival goloso, sin embargo, me vine a una salita de reuniones a escribir el editorial. Al lado mío hay un litro de té de una infusión que se llama artemisa, un brebaje clave (y verdaderamente horrible) para la purificación del organismo.

Ustedes me podrán preguntar por qué me estoy sometiendo a este martirio, yo también me lo pregunto. Aun así, persevero. A lo largo de estos 13 días que mantengo el desafío (¡ya voy más de la mitad!, este es un autoaliento...) me pasó de todo, desde el boicot de algunos incrédulos hasta irme con mi tuppercito con ensalada a un restó mientras mis amigos comían (y vuelvo a detallar): arroz con huevos fritos, waffles caprese, papas fritas con cheddar, ravioles de ricota con salsa cuatro quesos, ¡ah, cierto!, y mousse de chocolate... Ah, sí, y café. Como verán, estoy un poquito insistente con los menús diabólicos, esos que te hacen poner en jaque cualquier fuerza de voluntad. ¡¿Por qué lo hacés?!... Me lo pregunto también.

En estos días tuve dolor de cabeza, cansancio absoluto, ganas de estar sola o de patear el tablero, miedos, ganas de llorar, sentí que si venía un viento fuerte me llevaría volando. Pero todavía sigo acá. "El detox es como cuando querés hacer una refacción en tu casa, por un tiempo está todo patas para arriba, hay polvo, desorden, pero después la casa está más linda que nunca", me explicó Nat Amengual, la nutricionista con quien llevo adelante este proceso. Es difícil creer en el resultado a largo plazo cuando el presente es cuesta arriba, pero nuestra vida está hecha de esos pequeños compromisos, ¿no es cierto? El madrugón para llevar a tus chicos al colegio, la paciencia frente a los cortocircuitos de la pareja, el esfuerzo para ir al gym en vez de quedarte tirada, no dejar que la velocidad del día nos haga olvidar del llamado a nuestros viejos, la perseverancia en la meditación aunque la mente no pare, la disciplina frente a una pizza cuando decidiste bajar de peso, la confianza de dejar pasar a ese hombre equivocado porque otro mejor vendrá... Y tantas otras cosas más que requieren nuestra convicción.

Fuente: OHLALÁ! - Crédito: Soledad Simond

"¿Qué es lo que hace que un río sea río? El cauce. ¿Y cuál es el cauce de tu vida? Tus compromisos, fijate que cuantos más compromisos tomás, más energía y fuerza tiene tu vida", dice mi maestro Sri Sri Ravi Shankar. Es por eso que me mantengo en el detox, porque confío en que la incomodidad de hoy me traerá más libertad en el futuro, aunque ahora me sienta esclava de una lechuga. Cada vez que elijo lo que creo mejor para mí, aunque a veces me cueste, me anoto un poroto y me sube inmediatamente la autoestima. Soy mis elecciones. Y yo voy por algo más grande, el placer de un bocado de torta de chocolate no se compara con sentirme liviana, cómoda con mi cuerpo, sana. Yo voy por una felicidad sustentable. No soy una talibana, un detox dura 21 días, sé perfectamente que el día número 22 voy a elegir qué comer y cómo. Y amo la comida, y la disfruto lujuriosamente, créanme, pero esta no deja de ser una metáfora de algo más grande: ¿soy capaz de resistir a un placer momentáneo en pos de mi compromiso conmigo misma? Miles de veces claudiqué, eh, no se crean que soy la mártir de la estevia; amo el azúcar en todas sus formas, por eso el compromiso solo puede venir de la mano de la compasión. Tantas veces no podemos, no tenemos la fuerza, y está bien. De nada sirve la conciencia si no podés mirar tus esfuerzos, intentos, convicciones y debilidades amorosamente. La luz ama la oscuridad, porque solo ahí, en ese contraste, puede brillar. Así que estemos preparadas para jugar al gallito ciego, pero también para sacarnos la venda y ver lo que es bueno para cada una.

¿Hiciste un detox alguna vez? ¿Cómo fue tu experiencia? Además te mostramos Probióticos: qué son y por qué es bueno consumirlos .

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