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Se juega a puertas cerradas, pero el clásico entre Central y Newell's también genera temor en Buenos Aires

Newells y Central se enfrentarán a puertas cerradas
Newells y Central se enfrentarán a puertas cerradas Fuente: LA NACION - Crédito: Marcelo Manera
Pablo Casazza
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30 de octubre de 2018  • 23:59

ROSARIO.- Embrujado y apocalíptico. Devaluado y salvador. De un extremo a otro, sin paradas intermedias, con matices que poco importan para los protagonistas. Así desanda la previa el clásico de la ciudad entre Newell's y Rosario Central, que después de 29 años no se disputará en el Parque de la Independencia ni en el Gigante de Arroyito: el estadio de Arsenal, en Sarandí, como aquella vez fueron los de Ferro y Vélez, la sede de un juego sin presencia de hinchas y que clasificará a las semifinales de la Copa Argentina.

Sin público, lejos de Rosario, y cerca del despropósito. Dirigentes de los dos clubes, autoridades políticas de Santa Fe, la propia organización -Copa Argentina y la AFA- y las fuerzas de seguridad nacionales y provinciales no pudieron darle forma al partido. Un desafío que incomodó a todos y descubrió miserias.

Los equipos llegan en baja. Deportivamente, transitan una regular temporada. Los rojinegros, arrastrando un bajo promedio y con actuaciones desconcertantes; Rosario Central, tras la ilusión que significó el buen inicio del ciclo de Edgardo Bauza, un prócer, con tres victorias y la punta del campeonato, hoy camina a los tumbos. Y lo que parecía lejano también es una alerta: su promedio en la Superliga se raquitizó de manera riesgosa.

El clásico redime. Al menos por un tiempo. El que gana se reconforta y el que pierde se confunde. ¿Puede significar el fin de ciclo de los entrenadores? Omar De Felippe lo admitió en una entrevista hace poco, aunque después intentó suavizar el mensaje. Edgardo Bauza dijo que tiene ocho meses más de contrato, aunque quedaría por ver cómo soportaría una crisis, mas allá de su enorme espalda.

El escenario será también una postal de tristeza. Jugar a puertas cerradas es un castigo y también un reflejo. En ese vacío solo se permitirá el ingreso de treinta personas por entidad; para los medios también habrá restricciones y rigurosos controles.

La seguridad preocupa y mucho, aunque no haya hinchas. Desde la Aprevide alertaron posibles inconvenientes. Parece increíble. En declaraciones al diario La Capital, su titular Juan Manuel Lugones, reconoció que "tenemos dos hinchadas muy peligrosas que vienen a Buenos Aires y van a ser cobijadas por otras dos hinchadas de esta ciudad. Son dos grupos delictivos que están vinculados con el narcotráfico de Rosario. Los dirigentes nos plantearon el temor por lo que puede pasar en los banderazos programados en las puertas de los hoteles, que están a diez cuadras de distancia", aseguró.

En Rosario también se tomarán medidas para evitar hechos de violencia en los festejos. Le toque a quien le toque. Esa victoria se tomará casi como un título. El clásico más pasional ya es apocalíptico. Incluso así lo piensan un grupo de dueños de bares de la ciudad, que pidieron custodia policial permanente, principalmente los que se ubican sobre la avenida Pellegrini.

Esta semana trascendió que Newell's había contratado los servicios del brujo Manuel, famoso por su trabajo en Estudiantes, Independiente e incluso en la selección. El propio Manuel declaró que cuando se conoció la información recibió amenazas para él y toda su familia y desistió de colaborar.

De lo que menos se habla, al menos hasta ayer, es de las formaciones: Rosario Central ofrece más incógnitas que el rival. Un posible equipo sería con: Ledesma; Bettini, Ortiz, Cabezas y Parot; Camacho, Ortigoza, Gil y Carrizo; Herrera y Zampedri; Caruzzo, con una sobrecarga en el aductor derecho será probado hoy. En la vereda de enfrente, Newell's preservó a los titulares en el éxito 2-0 sobre Argentinos y tiene confirmadas sus piezas: Aguerre; Nadalin, Callegari, Fontanini y Bittolo; Amoroso, Rivero, Bernardello y Fértoli; Mauro Formica y Leal.ß

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