Por qué el vuelo más barato te puede terminar saliendo carísimo

Fuente: OHLALÁ! - Crédito: Pixabay
Denise Tempone
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2 de noviembre de 2018  • 15:38

El mundo de los viajeros está lleno de historias asombrosas sobre gente que consiguió ofertas irrisorias para destinos insólitos. Tantas, que a veces terminamos sintiéndonos algo tontas por pagar el precio promedio de mercado. Pero si bien es cierto que el universo de los tickets aéreos tiene sus truquillos en cuanto a ofertas, también es cierto que tiene el doble de truquillos en cuanto a marketing, trampas y logística.

Vamos a mirarlos más de cerca.

Los horarios de despegue o aterrizaje

Hay una regla que se cumple en cada gran ciudad del mundo: los mejores precios son los de vuelos que salen en horarios en los que es más difícil, molesto o directamente, imposible, llegar al aeropuerto.

Es un error clásico de principiante sacar un vuelo que termina duplicado o triplicado por los gastos de llegar a tomarlo. Esto es especialmente cierto en aquellos destinos muy turísticos que no cuentan con una buena red de transporte público, aún siendo súper sofisticados, como Ibiza, ciudad en la que sin auto, no vas a ningún lado y es también regla en ciudades peligrosas por la noche, como las capitales latinoamericanas.

Algunas regiones del mundo no cancelan pero sí dosifican el servicio de transporte hacia las terminales de tal forma que tenés que llegar al aeropuerto muchas horas antes. Esto significa que probablemente termines durmiendo el día entero en tu ciudad de llegada. En esos casos, confiar en Uber o Cabify no es una solución prudente, la demanda es tanta que las tarifas vuelan.

Todo esto puede pasarte también en el aterrizaje. Si, es hermoso llegar por dos manguitos a la ciudad de tus sueños, pero es un bajón no tener manera económica de entrar a ella sino es en taxi ¡auch!

Equipaje y trampitas low cost

No informarse respecto al peso (entre 8 y 10 kilos) y tamaño de la valija (de 55 x 40 x 20 centímetros) para poder pasarla como equipaje de mano y no pagar por despacharla, es un error tonto pero usual. Sólo en esa falla, se te pueden ir como mínimo, 20 euros.

Hay otros descuidos mucho más bobos que pueden significar pérdidas aún más grandes. Los clásicos: llevar tu perfume, bloqueador solar o cosméticos en presentaciones de más 100 miligramos. En este caso, seguridad te va a dar a elegir entre abandonar esos productos (que no son precisamente económicos), o despachar todo, si es que estás a tiempo.

Otra de las cosas que tenés que cuidar, son los detalles de embarque. Hasta hace pocos meses, por ejemplo, aerolíneas como Ryanair (la low cost alemana), te "multaba"con 10 euros sino llevabas el pasaje ¡impreso en papel! Hoy eso es pasado pero esa misma firma no admite tu tarjeta de embarque sino se las mostrás a través de su app descargada en tu celu.

Las comisiones ¡a la calentura!

La psicología del buscador de ofertas para volar es bastante más frágil y definitivamente mucho menos racional de lo que parece.

Los sites revendedores de pasajes saben que una vez que le diste "comprar" a un ticket, probablemente ya estés ultra cebada y aprovechen esa alta temperatura de tu cuerpo (por no decir "calentura") para sumarte unos cuantos bonus tracks: por lo general, comisiones de venta y seguros.

Acá no hablamos de las cosas que podés elegir, como los números de asiento o la prioridad de embarque, sino lisa y llanamente de lo que tenés que pagar sí o sí si querés ese pasaje "barato".

Grandes buscadores te venden pasajes a un precio que al darle click, se terminan duplicando o saliendo lo mismo que uno "en no oferta". Es muy decepcionante pero ocurre a menudo.

Nunca hagas planes en ciudades diferentes confiando únicamente en las ofertas que viste a primer googleo. Dale click a tu ticket deseado, simulá comprar y chequeá qué tan sostenible es tu plan "barato".

Necesidades básicas

Rara vez contemplamos la cantidad de horas que nos lleva emprender un viaje, incluso uno corto, y que vamos a necesitar comer.

Los veinte, treinta o cuarenta dólares que nos ahorramos en un ticket low cost tranquilamente se pueden ir en un par de refrigerios en un aeropuerto y ni hablar de lo que podemos llegar a gastar si pedimos una comida a bordo, especialmente, en vuelos largos (suelen salir cerca de 100 dólares).

El buen pasajero gasolero planifica también la vianda y sabe que los aeropuertos te dejan pasar comida no líquidos. Las bebidas deben comprarse en la zona de preembarque.

Sí, en materia de viajes, el que se organiza, tiene premio o al menos, resto para seguir volando.

¿Te pasó algo de esto alguna vez? ¿Tenes otras advertencias para contarnos? También: 10 ideas para disfrutar de la ciudad al aire libre

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