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Un problema de múltiples causas: estamos cada vez más gordos

Crédito: Shutterstock
Daniel Tangona
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4 de noviembre de 2018  

Las estadísticas no mienten: hay cada vez más obesidad en el mundo. Y, por desgracia, es un problema de múltiples causas. Según me cuenta el doctor Sergio Lotauro, neuropsicólogo, hay dos razones que actúan de forma complementaria. Primero, la sobreabundancia de alimentos procesados ricos en azúcar. Están ahí, disponibles en cualquier esquina, volviéndose tan rutinarios en nuestra dieta, que parecen casi más naturales que una manzana o banana. Aunque también contamos con una verdulería por cuadra.

"Por otra parte, tenemos el desfase entre la evolución del cerebro y la evolución cultural y tecnológica que hemos experimentado como especie", explica. Es que el azúcar proporciona energía fácil al organismo, y cuando comemos un chocolate, por ejemplo, se activan áreas del cerebro paleomamífero conocidas como "circuito de recompensa", que nos provee una oleada de disfrute y placer. Esta dinámica tenía sentido en los comienzos de la humanidad, cuando obtener los nutrientes necesarios para sobrevivir era complicado. "Y aún hoy, el cerebro sigue respondiendo con la misma alegría de antaño ante una fuente de azúcar, aunque se encuentra masivamente en cualquier supermercado", agrega Lotauro.

A esta búsqueda constante le tenemos que sumar el comer en exceso, que según el doctor, también se debe a que nuestro cerebro no sabe que la hambruna ha dejado de ser un problema, y por eso comemos en cada oportunidad que se nos presenta. "Cuando cenamos, la comida que llega al estómago hace que este se expanda, estimulando ciertas terminaciones nerviosas, que envían la señal de que estamos llenos. Pero el cerebro se toma 15 o 20 minutos extras antes de oprimir el botón de saciedad", describe el médico. ¿Por qué lo hace? Para poder comer un poco más y tener un reservorio de energías en caso de que la próxima ingesta se demore. Sí, nuestro cerebro aún vive en el pasado, temiendo por peligros que ya no existen.

Para completar este círculo vicioso, llega la vida sedentaria. Cambiamos una existencia de búsqueda constante de alimentos por jornadas enteras delante de la pantalla. Fuimos diseñados para movernos, y pasamos días enteros quietos, que confunden al cerebro y lo llevan a deducir (falsamente) que estamos enfermos o exhaustos. "En este contexto, que se interpreta como dramático, da la orden para que el organismo entre en el modo ahorro de energía, haciendo que acumulemos grasa en lugar de quemarla, porque no sabemos cuándo vamos a estar de nuevo en condiciones de salir a cazar o recolectar frutos".

La cuestión, entonces, es simple: ¿nos quedamos viviendo en el pasado o vamos a ejercitarnos y trabajar para no ser un número más de la estadística? La segunda opción requiere fuerza de voluntad y motivación, pero es el inicio a una vida más longeva, sana y feliz. El reseteo de tu cerebro está en tus manos, ¿te vas a perder esta oportunidad?

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