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João Pessoa, playa nordestina y el misterioso Lajedo do Pai Mateus

Verónica Pagés
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14 de noviembre de 2018  • 09:50

Exploración del estado nordestino desde su capital, João Pessoa, con su amable centro histórico y los encantos de su litoral.

Vista de João Pessoa desde la costa.
Vista de João Pessoa desde la costa. Crédito: Sofía López Mañán

Cuando llegamos a Ponta do Seixas, el extremo más oriental de las Américas, hice como en el chiste de Mafalda que, parada sobre una piedra, otea el horizonte y reflexiona: "O África queda muy lejos, o las jirafas se fueron a dormir temprano". Nunca vi las jirafas, pese a la "cercanía" del mentado del extremo continente africano. Pero ni bien pisé esa punta sentí que no podía dejar de emular a Mafalda. Esto sucedió unos días después de llegar a João Pessoa, capital del estado de Paraíba y, a su vez, la ciudad más al este de Brasil.

Paseo en buggie por las playas del Litoral Sur de Paraíba.
Paseo en buggie por las playas del Litoral Sur de Paraíba. Fuente: Lugares - Crédito: Sofía López Mañán

La ciudad capturó mi atención desde que la vi desde el aire, junto al mar. Más tarde me dejaría conquistar por sus playas, su litoral, su centro histórico, y el sertão, esa planicie tan propia del Nordeste brasileño que, además de literatura -el libro Os Sertões (1902) de Euclides da Cunha es tomado como un pilar de la crónica en idioma portugués- tiene gentilicio (sertanejo) y hasta música propia.

Felizmente para los argentinos, hay un vuelo semanal de Gol que conecta Buenos Aires con João Pessoa, la tercera ciudad más antigua del país. Situada a pocos kilómetros de la línea del Ecuador, en verano empieza a clarear antes de las 5 y anoche justo doce horas más tarde. Tan acostumbrados están todos a los amaneceres tempraneros que la arbolada costanera -desde la playa Manaíra hasta Cabo Branco, pasando por la popular Tambaú- se cierra a los autos entre las 5 y las 8 para uso exclusivo de ciclistas, runners y patinadores.

Volley en la playa Tambaú de João Pessoa.
Volley en la playa Tambaú de João Pessoa. Fuente: Lugares - Crédito: Sofía López Mañán

En los hoteles, el desayuno se sirve a partir de las 6.30 y muchas excursiones arrancan a las 7. Y no es capricho. La diferencia entre pleamar y bajamar, que se da cada seis horas, es tan fuerte que modifica el paisaje por completo.

Mareas mágicas

Lo comprobamos en Areia Vermelha, una isla de arena mar adentro delimitada y protegida por una barrera de corales, que aparece y desaparece dos veces al día. El proceso es lento pero elocuente. La marea baja cerca de las 4 de la mañana y descubre una extensión de arena de casi 3 km de largo que recibe a los catamaranes con viajeros desde las 8. Ya a esa hora hay voluntarios para bucear, tomar sol y, por qué no, alguna que otra cerveza. Un par de horas más tarde algo empieza a cambiar, los límites de la isla comienzan a desdibujarse y hay que levantar bolsos, lonas y emprender el regreso. Antes de que el catamarán zarpe no hay isla alrededor, como si nunca hubiese habido. Y son apenas las 10 de la mañana.

Embarcación llegando a Ilha Vermelha.
Embarcación llegando a Ilha Vermelha. Fuente: Lugares - Crédito: Sofía López Mañán

Algo similar sucede unos kilómetros hacia el sur, en Ponta do Seixas, el mentado extremo oriental de las Américas, donde el sol sale antes que en cualquier otro lado de este enorme continente. El catamarán se mete un par de kilómetros mar adentro y lleva hasta unas curiosas formaciones de corales que encierran bancos de arena: perfectas piscinas naturales con la bajamar. La embarcación vuelve a ser base de operaciones para el mejor plan: nadar, hacer snorkel, o simplemente flotar en un mar transparente y cálido. Un par de horas de disfrute mar adentro y otra vez la geografía empieza a difuminarse.

Piletas naturales de Seixas.
Piletas naturales de Seixas. Fuente: Lugares - Crédito: Sofía López Mañán

Las playas de João Pessoa (Jampa, para los locales) son urbanas; están a la vera de la parte nueva de la ciudad, de su zona residencial, pero están tan cuidadas, tan protegidas que podrían sacarse de encima cualquier connotación peyorativa, negativa o contaminante del "urbana". Son amplias, tupidas de palmeras y castanholas (en otras playas brasileñas se las conoce como amendoeiras da praia), con pequeños kioscos de bebidas y algo más; muy limpias y aireadas. Las construcciones apenas superan los tres pisos, por lo que el sol se desparrama a sus anchas.

Justo en el epicentro de la playa Tambaú, lo único que quedó en pie cuando salió la orden municipal de liberar las playas fue el circular "Tambaú Hotel", un emblema de la ciudad desde la década del 70.

Descanso en la playa Bessa de João Pessoa.
Descanso en la playa Bessa de João Pessoa. Fuente: Lugares - Crédito: Sofía López Mañán.

De todas las playas de João Pessoa, la más preciada por los locales es Bessa, un poco más al norte de Manaíra. Es larga, amplia, con una inclinación que bien podría reemplazar cualquier reposera y que permite una vista perfecta de la línea de edificios de la ciudad. Y, aliada con el viento, deja descubrir en primera fila los secretos del kitesurf. El bar en la punta norte es el epicentro de la movida de Bessa, con música, tragos y petiscos.

Atardeceres musicales

El municipio de Cabedelo, el que le sigue hacia el norte a João Pessoa (dentro del área metropolitana), tiene el mejor atardecer. No sólo por la siempre sorprendente gama de colores que aparecen cuando el sol se pone en el río Paraíba, detrás de la Ilha da Restinga, sino por la ceremonia que hay en torno a él. La cita es en la Praia do Jacaré, que si bien tiene su arena dispuesta para los bañistas amantes de las aguas dulces (no son pocos los brasileños que prefieren el río al mar), su parte fuerte es el paseo de artesanos, con bares y pequeños restaurantes que forman una suerte de costanera peatonal bien movida.

El forró y el sertão en un mismo personaje, vestido para sorprender a los turistas en la praia do Jacaré.
El forró y el sertão en un mismo personaje, vestido para sorprender a los turistas en la praia do Jacaré. Fuente: Lugares - Crédito: Sofía López Mañán

Cerca de las cuatro de la tarde, la gente empieza a llegar y a acodarse en las largas barandas que bordean el río. Y están los que se suben a pequeños catamaranes con la ilusoria intención de estar más cerca del fenómeno. Así, un puñado de embarcaciones zarpan con rumbo al "por do sol". Van y vienen en movimientos lentos y circulares que a nadie parecen llamarle la atención. Porque allí arriba todo es show: aparece desde un contador de chistes de estilo stand up hasta bailarines de forró, que dan un par de lecciones y terminan sacando a bailar a todo el mundo. Así, la fiesta -siempre hay una barra a mano que provee cerveza, caipirinha o lo que se guste- se extiende casi una hora hasta que el sol empieza a declinar. Entonces, el clima cambia. Como si estuviera orquestado, todo se vuelve silencio unos minutos hasta que se empieza a percibir suave la melodía del Bolero de Ravel, en el saxo de Jurandy do Sax. El músico toca de pie sobre un pequeño barquito a remo que lo pasea por el río. Ravel acompaña los últimos 10 o 15 minutos de la puesta del sol, y finaliza exactamente cuando se termina de ocultar la enorme bola roja. Y estallan los aplausos.

Jurandyr do Sax toca el bolero de Ravel todas las tardes en el río Paraíba.

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Esta ceremonia nació hace 30 años. En esa época, Eleonora, la primera dueña de tierras sobre esta margen del río estaba casada con un músico francés, y juntos solían recibir a la bohemia de lugar, la mayoría estudiantes que se reunían a tomar y a fumar porque era una zona olvidada por la policía. Estos encuentros de charla, humo y música los llevó a recordar Los unos y los otros, la película de Claude Lelouch que termina luego de la puesta del sol con Jorge Donn bailando el bolero al pie de la torre Eiffel. "Este atardecer merece a Ravel", dicen que dijeron. Y desde entonces, cada crepúsculo tiene el suyo. Hubo un primer músico que lo tocó durante 12 años, y Jurandy do Sax ya va por su 18º año. Llueva o truene, ahí está él.

Centro histórico

Muy poco después de la fundación de la ciudad, en 1585, empezó a construirse el convento de San Antonio, que hoy se conoce como Centro Cultural San Francisco, un impactante conjunto barroco rococó que alberga en su interior tres iglesias: San Antonio, San Francisco y la Capilla Dorada. Se lo considera el monumento histórico más importante de João Pessoa y se lo preserva como tal. Durante 300 años fue manejado por los franciscanos como centro de su misión evangélica, excepto entre 1634 y 1654, cuando los holandeses dominaron la región, y el convento pasó a ser un fuerte.

La entrada al Centro Cultural Iglesia de San Francisco, el corazón del centro histórico de João Pessoa;
La entrada al Centro Cultural Iglesia de San Francisco, el corazón del centro histórico de João Pessoa; Fuente: Lugares - Crédito: Sofía López Mañán

La fachada es impactante, la precede un larguísimo patio con toda una pared cubierta de antiquísimos azulejos portugueses. La cruz (cruceiro) que domina la entrada está negra por el paso del tiempo. Y si bien las tareas de mantenimientos son continuas, muchas de las esculturas permanecen intocadas para evitar el desgaste. El estilo abigarrado del barroco se descubre apenas se atraviesan los gruesos pórticos de entrada. Cruzarlos es realmente entrar en otro tiempo. El trabajo en madera del coro es digno de contemplación, así como la verdísima vista de los ventanales sobre el río Sanhauá.

A lo largo de seis o siete cuadras desde el centro cultural se extienden, sobre la comercial calle Duque de Caxias, decenas de casas multicolores centenarias. Se prolongan hasta la plaza João Pessoa (nombre que recibió en la década del 30 cuando este político que combatía a los "coroneles" de la región fue asesinado por un periodista en Recife). Esta plaza es el epicentro cívico de la ciudad, con el Palacio de Gobierno, la Asamblea Legislativa, el Tribunal de Justicia y la Facultad de Derecho, todo a su alrededor, en un simbólico conjunto edilicio que data del siglo XVII.

Hacia el interior

Tierra adentro nos espera el sertão, esa zona seca y agreste que define gran parte del paisaje con la catinga como mejor exponente. Se trata de una vegetación achaparrada con bosques de árboles "secos, pinchudos y retorcidos", detalla João Wharles Emiliano Costa Portela, un paraibano que oficia de guía regional.

Nordestina; el Museo de Arte Popular de Campina Grande, proyectado por Oscar Niemeyer.
Nordestina; el Museo de Arte Popular de Campina Grande, proyectado por Oscar Niemeyer. Fuente: Lugares - Crédito: Sofía López Mañán

La ruta transamazónica, que arranca en Cabedelo nos deja, 131 km tierra adentro, en Campina Grande , la segunda ciudad en importancia de Paraíba. Allí se impone un lago artificial enorme conocido como Açude Velho, que alguna vez funcionó como provisión de agua para una zona endémicamente seca y ahora es un espacio recreativo del centro de la ciudad. A su vera aparecen tres enormes edificios circulares -popularmente conocidos como pandeiros flotantes- que forman parte del MAPP (Museo de Arte Popular), última obra del arquitecto Oscar Niemeyer, inaugurado pocos días después de su muerte, en 2012. Allí se rinde homenaje a la música, la literatura y las artes plásticas de todo el estado de Paraíba. En la misma margen del lago, está el Museo Digital que cuenta la historia de la ciudad a través de técnicas y herramientas 2.0 que lo convierten en un pequeño parque de diversiones digital para adultos (no dejan jugar a los niños, ¡pero sí a los mayores!). Campina Grande tiene también la Vila do Artesão, un espacio de revalorización de los productos culturales nordestinos, donde se concentran artesanos de altísima calidad. Algo de eso se nota en las calles al pasar por el Parque del Pueblo, donde durante los meses de junio de cada año se realiza la mayor fiesta São João (San Juan) del mundo y aseguran tener certificada semejante afirmación. Toda una excusa para pasarla bailando forró y comiendo chivo durante 30 días.

El Lajedo de Pai Matheus, una imagen casi lunar en Cabaceiras.
El Lajedo de Pai Matheus, una imagen casi lunar en Cabaceiras. Fuente: Lugares - Crédito: Sofía López Mañán

Más profundo aún hacia el oeste, camino a Cabaceiras se arriba a Lajedo de Pai Mateus, una de las formaciones geológicas más importantes de Brasil. Se trata de una elevación rocosa -fruto del desgaste del suelo a lo largo de millones de años- con enormes piedras bolas (muchas de ellas huecas). En algunas se encontraron pinturas rupestres de 12 mil años de antigüedad. Lo de Pai Mateus viene a cuento de la leyenda de un Pai sanador que vivió en la región hacia el 1800 y que recibía a cientos de personas que venían para que les sacara "el mal del cuerpo".

Desde entonces es un lugar al que le atribuyen energías especiales y encuentros del tercer tipo. No son pocos los que se quedan pasado el atardecer a la espera de avistamientos, contactos o, más simplemente, para disfrutar una puesta del sol preciosa.

"Roliude Nordestina" en Cabaceiras.
"Roliude Nordestina" en Cabaceiras. Fuente: Lugares - Crédito: Sofía López Mañán

El Lajedo de Pai Mateus está cerca del centro de la ciudad de Cabaceiras, conocida como la Hollywood Nordestina, ya que es una de las locaciones más buscadas por las productoras de cine y TV brasileñas para filmar películas y grabar novelas. Tanto es así que tienen hasta un pequeño museo dedicado al tema. Más allá de este museo, del cartel de Roliúde Nordestina (en alegórica comparación con el de Hollywood), o del lajedo, Cabaceiras es un pequeño pueblo, sencillo, prolijo, cuidado, de casas bajas y coloridas.

Otro testimonio arqueológico de la región es la Pedra do Ingá, una serie de más de 400 grabados sobre una roca de 24 metros de largo por 3 metros de alto. Fue descubierta a principios del siglo pasado tapada por la mata, a orillas del río Ingá, a 6 km del pueblo. Ha habido tantas investigaciones tratando de determinar su origen y significado con tan variados resultados, que nuestro amigo João Wharles las resume así: "la verdad, no se sabe ni quiénes la hicieron, ni cuándo, ni qué significan realmente. Lo que está claro es que todavía siguen llegando investigadores que montan campamentos en la zona para tratar de llegar a una conclusión que pueda convencer a sus colegas".

Pedra do Ingá, hallazgo arqueológico de 1920 que se encuentra en la localidad homónima.
Pedra do Ingá, hallazgo arqueológico de 1920 que se encuentra en la localidad homónima. Fuente: Lugares - Crédito: Sofía López Mañán

Costa do Conde

El litoral sureño de Paraíba, a media hora de João Pessoa, encuentra en Costa do Conde su razón de ser. Se trata de siete playas que conforman un suave hilván de arena, rocas y acantilados que se distribuyen a lo largo de 20 km perfectos para caminar. Entre Gramame y Tambaba (playa nudista) se destacan Praia do Amor, Jacumã, Carapibús, Tabatinga y Coqueirinho. La primera es conocida por su Pedra Furada, donde los viajeros hacen fila para sacarse una foto en este hueco "milagroso" que, dicen, mantiene a las parejas unidas para siempre. Coqueirinho, por su parte, es la top de la región. Tiene buenos restaurantes, mucho servicio de playa, el mejor mar para practicar surf y, hacia el sur, unos impactantes acantilados que invitan a caminar y caminar para alejarse del bullicio.

Acantilados de Costa do Conde, el mirador Dedo de Deus.
Acantilados de Costa do Conde, el mirador Dedo de Deus. Fuente: Lugares - Crédito: Sofía López Mañán

Entre las playas de Tabatinga y de Coqueirinho hay dos miradores que son perfectos para ver en altura la geografía de esta Costa do Conde para un lado y para el otro. Se trata del Mirante das Tartarugas y Dedo de Deus, en lo alto del acantilado.

Si pensás viajar...

Los mejores meses son abril, mayo y junio. En julio hay lluvias cortas, pero fuertes. De septiembre a marzo puede hacer mucho calor.

João Pessoa

Dónde dormir

Hardman Praia Hotel. Av. João Maurício, 1341, Praia de Manaíra, João Pessoa. T: (+55) 83 3216-8811. Frente a la playa de Manaíra se levanta este hotel de los años 80 que está totalmente remozado. Tiene buen desayuno, es cómodo, amplio, luminoso y está muy bien ubicado. Lo mejor, el personal que trabaja con mucho empeño y, siempre, con la mejor sonrisa.

Dónde comer

Fina Fatia . Av. Nego, 476, João Pessoa. T: (+55) 83 3226-1083.Un lugar pequeño, sencillo, sin ninguna pretensión, pero que ofrece carne de sol de la mejor, además de otros sabores nordestinos. Sus jugos de cajá y umbú son un hallazgo. Hay que ir con ánimo de probar cosas nuevas.

Estaleiro Restaurante. Rua dos Camaroes 95, Praia do Seixas, João Pessoa. T: (+55) 83 3251-1142.Un patio semicubierto con platos para compartir. El más rico e impactante es la Moranga de Camarao Patacho, una calabaza gigante ahuecada con pescado, camarones, queso y salsa blanca. También hay jugos exóticos, crepes y pizzas de todos los colores.

Cozinha Roccia. Av. Antonio Lira 536, Tambaú. Tiene el sello de uno de los chefs más importantes de Brasil, Onildo Rocha. Un lujo a base de productos paraibanos como la mandioca, el pescado, la carne y los quesos artesanales.

Sonho Doce. Praça de Independencia 109. Desconcertante restaurante instalado en el centro de un servicio de catering. Óptima relación calidad-precio. Muy visitado por paraibanos.

Pimenta Nativa. Rua Fernando Luiz Henrique dos Santos 2468. Su especialidad son las pizzas. Las hay de todos los gustos y combinaciones. El lugar tiene un patio abierto muy coqueto que en noches estrelladas (casi todas en João Pessoa) se disfruta mucho.

Paseos y Excursiones

100% Lazer. Es una compañía que tiene múltiples propuestas para disfrutar y redescubrir el mar desde variados puntos de vista. Entre ellas, ofrecen la visita a Areia Vermelha, esta playa en el medio del mar que aparece y desaparece al ritmo de las mareas. El mismo precio se paga para ir a las piscinas naturales de Ponta do Seixas, el punto más oriental de las Américas, la Praia do Jacaré para ver los mejores atardeceres (musicales) de la región.

Fortaleza de Santa Catarina. R. Santa Catarina, S/N - Santa Catarina, Cabedelo. Todos los días, de 8 a 17.30. Parte de la historia de Brasil, con colonizadores españoles, portugueses y holandeses en su haber, está tallada en las paredes de este fuerte que se construyó entre 1586 y 1597. Muy ilustrativo resulta el trabajo del antropólogo Nivalson Miranda sobre los indios potiguaras -expuesto en una de sus salas- y el canibalismo.

Conde

1° Frota Rent A Car. Av. Almirante Tamandaré 100, sala 09, Tambaú. T: (+55) 83 3226-8037.

Dónde dormir

Pousada da Luz. Pausada Beira Mar, Praia de Carapibus, Conde.T: (+55) 83 3290-1779. Una posada rústica, cálida y con salida a la playa (no son tantas las que tienen este plus). Los dueños son argentinos y están gratamente predispuestos a ayudar y dar consejos para aprovechar los días en Conde.

Aruanã Pousada. Av. Beira-Mar 2006, Carapibus. T: (+55) 83 3290-1234. Un poco de lujo a la orilla del mar, con pileta y detalles que buscan destacar ese plus.

Dónde comer

Tropicália Bistró & Lounge Bar. T: (+55) 83 986 296 682. Simpático bar del portugués Jorge Tavares, que recibe en persona a sus clientes para ofrecerles los más ricos cafés acompañado de las mejores tortas de Jacumã. También se puede almorzar y cenar.

Turek Grelhados Bar. Rodovia PB 008 Km 23. T: (+55) 83 99943-6183. Un hallazgo cerca de la playa. La verdad, de lo mejor de todo Conde. Un lugar abierto con una galería sombreada y agradable donde se puede degustar todo tipo de grelhados: costeleta de carne, de cerdo y más. La especialidad de la casa es el espetinho de carne de sol e queijo coalho. Una locura.

Tropicalia Bar e Restaurante. Rua Projetada, s/n, Coqueirinho. T: (+55) 83 98863-4049.Debe tener la carta más variada de toda la zona. Es una buena idea pedir asesoramiento al momento de elegir; tener en cuenta que los platos son enormes.

Canyon de Coqueirinho. Praia de Coqueirinho. T: (+55) 83 99113-6969. Considerado por muchos el punto más alto de la playa de Coqueirinho. No sólo está un poco aislado del resto de los bares y restaurantes sino que está rodeado por un cañón de colores rojos y ocres que son parte del acantilado de estas playas del sur.

Trattoria Casa Rústica. R. Dez de Janeiro, Jacumã. T: (+55) 83 98843-1333. En la calle más movida de Jacumã está este restaurante italiano que si bien mantiene fuerte sus raíces logra una perfecta combinación con los sabores locales.

Paseos y Excursiones

En Buggy. T: (+55) 83 98823-7939. Excursiones de medio día o del día entero por las playas de Conde. Están en todas las playas, es casi imposible no toparse con ellos.

Coco de Roda (Quilombo). Meterse en el mundo de los descendientes de esclavos a través de una fiesta popular que se realiza el último sábado de cada mes.

Rosana Diniz. T: (+55) 83 99972-2369. rosana-dinizz@hotmail.com. Una experta en recorridos e historias en la mata atlántica de Conde. Tiene caminatas cortas y otras largas y aventureras.

Campina Grande

Dónde comer

Bodódromo. Rua Fernandes Vieira 147, José Pinheiro. Una suerte de espeto corrido de chivito. Mil formas y mixturas de sabores para disfrutar del "bode".

Paseos y Excursiones

Luck Receptivo. Compañía de turismo local que tiene una variada oferta de paseos y excursiones.

Cabaceiras

Dónde dormir

Hotel Fazenda Pai Mateus . Sitio Tapera s/n, zona rural. T: (+55) 83 3356-1250. Un hotel perfecto para conocer el clima, la geografía del Lajedo de Pai Mateus, (ver más abajo) en el medio de una geografía árida, ventosa pero bendecida por la luz del sol y, sobre todo, por la luna.

Paseos y Excursiones

Lajedo de Pai Mateus. T: (+55) 83 3356-1250. Una formación geológica de cientos de años, que bien vale el viaje. El mejor momento para ir es el atardecer.

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