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Era muy insegura, un accidente cambió su vida y la llevó a crear un método antiage

Cecilia Alemano
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6 de noviembre de 2018  • 10:22

En una secundaria de Fukuoka, una ciudad mediana al sur de Japón, una adolescente llamada Fumiko Takatsu se tapaba la cara con kilos de maquillaje y grandes anteojos. Apenas se animaba a mirar a un chico a los ojos, y se sentía fea. Después de terminar la escuela esa misma chica se puso a estudiar Antropología a toda velocidad para cumplir su sueño: ir a ver un poco el mundo. Apenas terminó se mudó a Canadá para estudiar inglés y después a California para hacer una maestría. Su inseguridad la acompañaba a todas partes. "Era doloroso", recuerda hoy, a sus 50 años, después de haber creado y popularizado en todo el mundo su método de yoga facial.

¿Qué pasó en el medio?

Lo primero, y tal vez fundamental, fue haberse reconocido finita. Cuando tenía 26 años, un amigo la pasó a buscar por el aeropuerto. Ella iba en el asiento del acompañante y vio venir un auto directo hacia ella. Todo sucedió en cámara lenta. Llegó a entender que estaba en medio de un terrible accidente automovilístico. Vino una ambulancia. Sufrió un derrame interno, estaba en shock. En el hospital le decían que era afortunada. Pudo haber muerto. A partir de aquel momento entendió que el cuerpo no es para siempre. "Estoy envejeciendo", se dijo. Al principio, en vez de ver la nueva oportunidad que le daba la vida, empezó a perder más y más confianza en sí misma. Usaba jeans viejos, remeras anchas, anteojos empañados, gorros de beisbol, nada de maquillaje. Se escondía. Hasta que un amigo en una fiesta se acercó, la miró y le dijo "¿Por qué te vestís así?" Ella le dijo: "No quiero que nadie me juzgue desde afuera, quiero que me juzguen por quién soy. Como un libro: no podés saber qué tal es por su portada". Él la miró: "Pero Fumiko, nadie quiere leer un libro si la portada no es atractiva".

Fue un instante. "Uy, tengo que respetarme a mí misma. Ese es el punto", se dijo. Volvió a casa y se miró al espejo. Notó que su cuerpo estaba entrenado, pero su cara mostraba cansancio. Entonces dijo "Voy a yoga a entrenar mis músculos, ¿por qué no entreno los músculos de mi cara?". Ahí empezó a practicar. Todos empezaron a decirle "Te ves diferente". Hasta su mejor amigo, Henry, la empezó a mirar con otros ojos hasta convertirse en su novio y después en su marido hasta hoy.

No había mucha información sobre gimnasia facial así que empezó guiada por su curiosidad. Recordó algo que había aprendido en Antropología: que la cultura y el lenguaje afectan nuestras facciones. "Los norteamericanos, por ejemplo, levantan muchos las cejas; eso marca sus frentes; los japoneses tienden a tener cara de Droopy", ríe. Cuanto más investigaba, más fascinada estaba con los músculos de la cara y más consciente era de que la mayoría de la gente los desconoce. "Si todos supiéramos lo que transmitimos a través de nuestros gestos", suspira, y recuerda la frase de Coco Chanel que dice "La naturaleza te da la cara que tenés a los veinte, a los cincuenta depende de vos".

La siguiente prueba para Fumiko llegó quince años después de aquel accidente. A los meses de quedar embarazada, cuando sentía que su vida no podía ser más perfecta, supo que su hija en camino nacería con Síndrome de Down. "Sentí que era el final. Me desmoroné", relata. Estaba asustada y enojada. Y, lógicamente, llena de preguntas. "¿Va a poder hablar? La peor parte era no saber qué esperar. Lloró mucho durante aquellos meses, sobre todo pensando qué problemas de salud podían venir aparejados junto con el síndrome. Leyó muchas historias de madres y padres que habían pasado por la misma situación. Y la mayoría aseguraban que su vida había cambiado para mejor. "¿De verdad?", se preguntaba ella "¿Cómo es posible eso?". Estaba escéptica y cínica. Creía que esa gente aparentaba. "Físicamente estaba viva, pero mentalmente moría". Fue entonces que alguien le recordó que en un programa de TV en Japón, cuando le preguntaron para qué le gustaría usar su método de yoga facial ella había contestado: para ayudar a chicos con discapacidades.

Cuando nació Nina, la vida de Fumiko se puso literalmente patas para arriba. Aunque tiene montones de consultas médicas, terapias, preocupaciones. Nina es una nena alegre, saludable, que habla japonés e inglés, cocina, pone la mesa y hasta lava los platos. "Y yo ahora veo belleza en las cosas chiquitas", dice Fumiko. "También tengo más sueños. Muchas personas con Síndrome de Down tienen un tono muscular más débil. Nina se está beneficiando de practicar los ejercicios de yoga facial. ¡Hasta se puede convertir en instructora! Ella ama el yoga y se ría de lo 'tonta' que parezco con mis morisquetas cuando practico".

También, con el nacimiento de Nina, hace ocho años, Fumiko volvió a recordar eso de que el tiempo es limitado. Por eso cambió su estilo de vida y hoy reparte sus 24 horas de un modo que la hace feliz. Se levanta a las 4 de la mañana, no chequea el celu, aún en la cama visualiza cómo va a ser su día, se levanta, sin encender las luces cepilla sus dientes, toma agua caliente, medita 20 a 30 minutos (con los audios del neurocientífico Joe Dispenza), hace una pequeña rutina de yoga de veinte minutos y después practica unos ejercicios de respiración (bastrika, principalmente). Esta hora dedicada a ella es sagrada. Después se pone protector solar, saca a pasear a su perro y cuando vuelve, mientras prepara el desayuno para la familia, se hace máscaras con productos caseros como clara de huevo o yogur.

Tips de Fumiko

  • Tomar un vaso de agua caliente cuando el cuerpo está vacío por la mañana, y otro antes de irte a dormir. Ayuda a depurar el organismo.
  • No tomar mucha agua durante las comidas porque interfiere con la digestión.
  • Lavarte la cara cien veces con agua fría o helada sin jabón.
  • Hacerte máscaras de clara de huevo o yogur.
  • Usar poco maquillaje.

El método Face Yoga

El yoga facial - que hoy practican más de 800 mil personas en todo el mundo - trabaja en áreas específicas del rostro de acuerdo a cada necesidad: papada, ceño fruncido, surcos nasolabiales, líneas de fumadora, patas de gallo, etc. Con la práctica continuada se relaja la expresión, mejora la circulación del cutis, se distienden las líneas de expresión y mejora sensiblemente el contorno facial.

Pero no es sólo una cuestión de quitarse años. Según Fumiko se trata de un cambio de actitud hacia la vida. "Una sonrisa y una cara distendida transmiten confianza y alegría. Si sonreís, incluso tu cerebro va a recibir la señal de que estás contenta. Todo va a ir para mejor. Hacer conciente nuestra expresión mejora nuestra calidad de vida", asegura. La clave del método es que la cara refleja la conexión cuerpo - mente. De ahí el slogan del Método Face Yoga: "Cambiá tu cara, cambiá tu vida". Próximamente estará disponible en español en este enlace.

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