Andrés Calamaro lanzó su nuevo disco: primeras impresiones de 'Cargar la suerte'

Cómo es el álbum que El Salmón grabó bajo las reglas no escritas de la "vieja escuela": en cuatro días en un estudio de Los Ángeles, con tomas directas y sin correcciones
Cómo es el álbum que El Salmón grabó bajo las reglas no escritas de la "vieja escuela": en cuatro días en un estudio de Los Ángeles, con tomas directas y sin correcciones Crédito: Gentileza Universal
Oscar Jalil
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2 de noviembre de 2018  • 15:56

El esperado nuevo disco de Andrés Calamaro ya vuela rápido en el día a día que se consume en las sentencias efímeras de las redes y el acceso instantáneo a las nuevas canciones de un artista criado en tiempos más tangibles. Hay algo de celebración en Cargar la suerte, no es para menos, son 40 años grabando discos a partir de aquella vieja postal como tecladista cachorro en el debut de la banda rioplatense Raíces, primera nota destacada de un boletín brillante e impredecible. Inquieto y ansioso como sus composiciones urgentes, El Salmón se internó durante cuatro días en un estudio de Los Angeles para grabar bajo las reglas no escritas de la "vieja escuela": tomas directas sin correcciones al estilo Miles Davis, aliados experimentados en donde se destacan las caricias suaves del guitarrista Rich Hinman como un mago del pedal Steel, y los arreglos de Germán Wiedemer, inseparable ladero y mejor pianista de los últimos trabajos de Calamaro, que junto al productor Gustavo Borner forman la primera línea de oídos atentos para un disco que recuerda a Alta suciedad en su costura y encaje hi-fi.

Hace rato que Andrés no tenía doce motivos que dialoguen en un perfecto lenguaje de incorrección, romanticismo voraz y ese toque armonioso que coloca a cada tema en la plataforma de las canciones clásicas. Se nota y mucho que late fuerte su corazón melódico siempre dividido entre Madrid y Buenos Aires, doble nacionalidad que lo coloca en un lugar único y sin rivales de peso a la vista. El título remite a la tauromaquia, que indica sin eufemismo cuando un torero "pone el cuerpo" para lidiar con los toros bravo, toda una declaración de principios que se completa con el rojo sangre que domina el dibujo de tapa, ahí Calamaro abre sus brazos y también su corazón.

1. "Verdades afiladas"

Casi queda fuera del disco, Wiedemer y Borer convencieron a Calamaro del poder expansivo de un rock clásico marcado por el buen uso del pedal steel y de frases como puñales: "si no fueran afiladas las verdades ya no seguiré sangrando las heridas")

2. "Tránsito lento"

Tranquilamente podría pelear entre lo mejor de Alta suciedad, en un adorable mid-tempo flota un aire de soul blanco con certeros ataques de vientos en la sintonía californiana de los '70, Boz Scaggs en la memoria.

3. "Cuarteles de invierno"

La marcha lenta y un fondo orquestal para abordar el oficio del cantor popular: "que Argentina voy a encontrar, no lo sé/ lo sospecho con el pecho/ una lágrima no brota", dice la letra y la canción crece sobre la idea de que "la procesión va por dentro".

4. "Diego Armando Canciones"

Encantador filme breve sobre la vida cotidiana justo cuando surgen las musas y el autor toma mate. "Para qué guardar rencor si puedo cantar durmiendo", dice Calamaro amigándose con el mundo para luego atacar con una genialidad autoreferencial: "soy Diego Amando canciones"

5. "Las rimas"

Discurso en clave de rap, abajo una guitarra con ecos a George Harrison en plena etapa de fascinación pedal steel, una larga diatriba para describir tiempos difíciles: "el amor en tiempos de Ibuprofeno tiene cobertura pero no tiene relleno", brilla en otro hit para futuros piquetes contra la estupidez argentina.

6. "Siete vidas"

En la misma frecuencia de velocidad que "Días distintos", la autoría es compartida junto Daniel Melingo y también el sentido desafiante para relatar una línea de vida con varias conocidas y cierta épica bíblica.

7. "Mi ranchera"

Otra balada de despedida, "torch song" incorrecta en tiempos empoderados pero nadie puede restarle el valor de la belleza que dibuja la letra, los arreglos de cuerda, las notas de piano y la interpretación a corazón abierto.

8. "Falso LV"

Otro rocanrol de combate. Hay palos para la izquierda pituca ("sin guillotina no hay revolución/ es un falso Vuitton"), la política cambiaria ("esperando la devaluación de marzo") y otras mentiras que dividen aguas.

9. "My mafia"

Como "El otro cambio los que se fueron" de Litto Nebbia, pero en versión más delictiva aparece un canto a la amistad para los que están y los que ya se fueron. Acústica y gloriosa, la melodía tiene reminiscencias a "A Whiter Shade o Pale" de Procul Harum.

10. "Adán rechaza"

De nueva La Biblia, esta vez sumando a la cosmogonía peronista para otro rockazo envalentonado con Calamaro casi en el rol de un Jesús de Laferrere: "Quiero vivir hasta que el padrecito me llame para empezar de nuevo / Y escribir mis mejores canciones y alegrar los corazones en el cielo".

11. "Egoístas"

Otra melodía adhesiva a puro pedal steel, Rich Hinman brilla como a lo largo de casi todo el disco y se transforma en la marca sonora de Cargar la suerte, un clima de country-rock que nunca abusa del recurso de la guitarra intervenida con dulces caricias.

12. "Voy a volver"

Final desde la Torre de La Canción, con la aprobación Dylan y Cohen, casi una plegaria por vislumbra algo mejor para el país de las últimas cosas: "Necesidad, pertenecer, es un lugar sin dirección. Hay que poder, hay que saber, hay que querer conseguir por qué vivir". Pero no es el cierre del disco, casi como un fragmento fantasma suena una jam session, lo más cercano a espiar a un grupo de músicos en estado de libre fluir.

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