Premios, viajes y el "che pibe" que cumplió un sueño: historias de los 21K de Neuquén

Ezequiel Brahim
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5 de noviembre de 2018  • 23:59

"Extraño pasear de noche, tranquila, sabiendo que no hay peligro", Karina Fuentealba nació en Zapala, lleva sangre neuquina pero hace muchos años que vive en Capital Federal. Y extraña esas noches patagónicas secas y estrelladas. Por eso voló casi mil kilómetros hasta la capital de su provincia para participar de la Media Maratón Neuquén este domingo. A una primera edición que sorprendió hasta a los organizadores, que pensaron 2.000 corredores como un éxito y tuvieron que adaptarse a los 5000 inscriptos que coparon el asfalto neuquino. Y el viaje de Karina no fue en vano, tuvo un doble logro: "no venía desde marzo, así que vinieron mis papás a verme y dos de mis hermanas". Y por otro lado se ubicó en la cuarta posición y ganó $8000, "desde mayo estoy sin trabajo, así que voy eligiendo las carreras que me ayuden", se sincera Fuentealba. Los registros cuentan que delante de ella, Adela Barrios (con 1h9m23s) se ubicó tercera, la olímpica Rosa Godoy (1h18m31s) fue segunda y María Luz Tesuri (1h17m08s) le ganó a todas. Lo que no dice la clasificación es que a Fuentealba la carrera la acercó a su familia y le dio una mano a su economía. Una historia más de las miles que cruzaron el río Negro para tocar suelo de Cipolleti y terminaron bordeando las aguas del río Limay. Historias que como el río, navegaron por la mañana de domingo y sol.

A la una de la tarde del sábado, Antonio Poblete salía de su trabajo en la boletería de la terminal de San Rafael, Mendoza. Virginia Guillen, su novia desde hace cuatro años, lo pasó a buscar en auto, no es como cualquier sábado, no van para su casa, tienen por delante casi 600 kilómetros hasta Neuquén. "Le pedí que me deje manejar, la ruta está destruida y no llegábamos más", cuenta Poblete. Siete horas más tarde tocaban destino, ya casi es de noche, faltan menos de 12 horas para la carrera. "Pero me puse las zapas y salí correr", sonríe Antonio casi como con culpa "y. tenía que aflojar las piernas". Después sí, a dormir temprano que la carrera largaba a las 8. "¿Podés creer que en el hostel había unos hippies que le dieron a la guitarra toda la noche", cuenta Poblete "a las dos les tuve que pedir al encargado que por favor me dejaran dormir". Eso no le impidió salir en punta, iba cuarto hasta poco menos de dos kilómetros para la meta "y me agarró Carriqueo y me desarmó". Quinto puesto para Poblete. "Igual a mi me encanta correr contra este nivel, donde están los mejores".

No exageraba Poblete, el que lo superó sobre el final no fue cualquiera. Javier Carriqueo, dos veces olímpico y dueño del récord argentino de 3000 metros, se llevó el trofeo del cuarto puesto. "No quedé muy conforme con mi tiempo", reconoce Carriqueo "pero la carrera ya pasó y ahora el día se lo dedico a Sara, que cumple diez años". Además de ser una institución en el deporte neuquino fue el embajador de esta Media Maratón de Neuquén; pero su domingo seguía por otro lado, soplando diez velitas.

Poblete fue quinto (con 1h08m23s), Carriqueo terminó cuarto (1h08m15s), el tercero fue David Rodríguez (1h07m50s), segundo llegó Eulalio "Coco" Muñoz y por delante de todos, quien hoy es el mejor corredor de resistencia del país y uno de los talentos sudamericanos: Federico Bruno. Ganador también la semana pasada en los 10k de Stylo (en Viedma), fue tranquilo con la punta hasta los 10 km, la mitad de la carrera, y ahí puso sexta, ese cambio que hoy no tiene nadie en el país. "Mi entrenador me dijo que me cuide, pero ya por la mitad no podía aguantarme", reconoce Bruno. Corrió los últimos 10 km en 30m10s, una marca que gana casi cualquier carrera de la Argentina de 10 km, pero él hizo 21,097 km. Pero que el espectáculo deportivo de este concordiense que fue olímpico en la maratón de Río de Janeiro, no nos tape la historia de Muñoz, el pibe de 23 años que todos llaman "Coco".

Eulalio trabaja en la gobernación de Chubut en una sucursal en Esquel. "Soy el che pibe", sintetiza. Ayuda en la cocina, en la limpieza del edificio, le hace de peón al electricista y de cadete dentro del edificio. A las 7 de la mañana hace su primer entrenamiento, las 10 entra a trabajar hasta las 16 y a las 18 hace el segundo turno de entrenamiento del día. Así de lunes a viernes, logra sumar hasta 200 kilómetros por semana. "Cuesta un poco, pero ese trabajo es el que me da de comer", cuenta Muñoz, que este año fue campeón nacional de cross country y segundo en la media maratón de Buenos Aires. "Correr es mi pasión, pero entre los viajes y los premios salgo hecho", saca las cuentas Eulalio. Aunque suelen dar muy justas, "a veces le meto tarjeta y estoy un año pagando el avión", se ríe Coco.

Cinco mil corredores dieron vida a la Media Maratón de Neuquén, donde confluyen las aguas del Limay y del río Negro, se mezclaron en la misma proporción, zancadas e historias.

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