6 situaciones en las que el humor te puede salvar

Crédito: Gisela Filc
María Eugenia Castagnino
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7 de noviembre de 2018  • 15:46

"Dejo de hablar desde el humor y empiezo a decir las cosas como una denuncia o me sigo riendo? Yo creo que es una decisión muy personal. Pero para mí el humor salva. En los momentos más tristes de mi vida también me he reído". La que habla es Malena Guinzburg, nuestra chica de tapa de este mes. Ella supo poner en palabras esa disyuntiva que se nos venía a la cabeza cuando, en la reunión de sumario, pensamos en hacer una nota sobre el humor. "¿Da realmente que hablemos ahora de reírnos, con cómo está todo? ¿No es una cargada?", era la pregunta que se nos venía y que amenazaba con boicotearnos la idea.

Y encontramos una suerte de respuesta: ahora más que nunca, no podemos permitirnos renunciar al humor . Y mucho menos cuando las cosas se ponen más difíciles. O tristes. O dolorosas para procesar. Porque es entonces cuando algo tan cotidiano como la risa te rescata. Te protege. Te da señales claras y contundentes de que sos lo suficientemente fuerte para aguantar lo que sea, incluso eso que hoy te molesta. Y en el proceso, descubrimos también que el humor tiene mucho que ver con nuestra propia aceptación (¿acaso no estallamos en carcajadas cuando alguien nos imita burlonamente y nos hace de espejo, con todo lo bueno y lo malo que tenemos?). También, por otro lado, reírnos nos propone elogiar lo extraño, lo no común, nuestras propias fallas y fracasos, nuestros propios dolores e incertidumbres.

En este sentido, el humor es una herramienta válida (y hoy, casi necesaria) para darle batalla a las dificultades de todos los días. A que las críticas -las tuyas, las de los otros, las del entorno- no se conviertan en frustraciones. A que la tristeza y el pesimismo se instalen dentro tuyo y te tomen. Y la única que tiene el botoncito para hacer el "switch" y darte ese permiso sos vos. Por eso, la propuesta para este noviembre es que te permitas el humor, aunque te sientas en offside. Y que lo defiendas fuerte, con risas, uñas y diente.

¿Para qué sirve el humor?

  • Para aceptar lo diferente y lo "feo" de la vida. "El amor y el sentido del humor son dos caras de lo mismo: la aceptación del otro diferente de como lo teníamos entendido", dijo alguna vez el rabino Rubén Neisenboin. Cuando esa diferencia es linda, te enamorás, te morís de la ternura y entonces todo es felicidad y alegría. Pero cuando "lo diferente" es agrio, el humor le pone el dulce para poder tragarlo y digerirlo. En contextos en los que nada es tan seguro, el humor te permite reírte de vos misma y de tus ilusiones y te conecta con una manera de aceptar con fortaleza. "OK, si el dólar sigue así, este verano me voy a ir de vacaciones... ¡a mi balcón con manguera!": podés pensarlo como un bajón o como la constatación risueña de que tus ilusiones se fueron al tacho... y que vas a tener que buscarle otra vuelta. Pero sabé que si te podés reír, que si podés tirar un chiste o un meme divertido en el grupo de WhatsApp de tus amigos, eso quiere decir que podés aguantarlo. Porque te estás liberando un poco de esa sensación de "peligro" o de "vida o muerte" que enseguida amenaza a nuestra mente.

Y esto se traslada a las ilusiones de todos los ámbitos de la vida: esa de que el enamoramiento y la pasión con tu pareja iban a durar para siempre -y que ahora un sábado a la noche se mata de risa cuando los dos quedan babeando en un maratón de Netflix -, la otra que pensó que somos perfectas e infalibles y que sus hijos iban a ser maravillosos, incluso hasta esa que creyó que en su trabajo le iban a reconocer -¡y con dinero!- lo que valía. Quizás algunas cosas se hayan cumplido, pero es probable que muchas otras no.

Crédito: Gisela Filc

  • Para renunciar al poder y al querer tener razón: el humor también tiene relación directa con el temperamento con el que nacimos. Hay personas que creen que lo que ellas piensan ES. Son las que necesitan tener la razón siempre y les cuesta más salirse de ellas mismas. Hay otro tipo de personas que creen que lo que ellas piensan es TAN SOLO lo que ellas piensan, pero que también hay otras realidades. Porque el humor es también la aceptación de que te equivocaste. De que no es como vos creías. De que tropezaste con la piedra que no esperabas. Pero hay gente que no se banca la humillación de "no tener razón", y que no habilita un lugar para recibir del otro. Todos aquellos que están presos de lo que su mente les presenta, por lo general, no tienen un buen sentido del humor sobre sí mismos. Quizá sí puedan reírse de otros con desprecio, porque la basura la saben tirar hacia fuera y la convierten en burla. Pero el humor bien entendido implica aceptar perder algo de tu propio poder, quizás humillarte a vos misma.
  • Para convertir tus fracasos en lugares de apoyo: "En clown, trabajamos con el concepto de 'abrazar al público'. De sentir que somos parte de una misma comunidad. Y mientras lo hacemos, estamos compartiendo un código. Vos me estás modificando a mí, yo te estoy modificando a vos, entonces riámonos de esto. Nos permite hacer humor a partir de nuestras vulnerabilidades más profundas, de nuestros lugares un poco incómodos", dice Marcos Arano, actor y profesor de clown y máscara. Quizás el desafío sea que todos aprendamos un poco de la técnica de los payasos para convertir nuestras debilidades en nuestros puntos de apoyo. Para el clown, eso técnicamente se llama los "puntos arquimédicos". Esos "sos tonta, sos torpe, sos fea, sos loca, sos gorda", para el clown son lugares de apoyo para mover el mundo, para hacer una especie de resistencia, para identificarnos con el otro, para no sentirnos tan solos. Y lo que hace el humor es permitirte la crítica, pero sin frustración. Es también un signo de inteligencia frente a la linealidad de la realidad y de las explicaciones arbitrarias. Es un recurso, mucho mejor que la violencia o que el enojo. Criticándote o enojándote arruinás el momento. Y tenelo presente: si no sos capaz de reírte, estás un poco debilitada. Quizá sea un buen ejercicio pensar: "¿Cuál sería hoy mi punto arquimédico? ¿De cuál de mis debilidades más profundas me puedo reír sin frustrarme? ¿Me animo a exponerlas y dejarlas ver sin que se ponga en riesgo mi narcicismo?".
  • Para sostener el juego y la ingenuidad: ¿perdemos la capacidad lúdica a medida que vamos envejeciendo? ¿O podría pensarse al revés, que vamos envejeciendo a medida que perdemos el juego? Cuando una está jugando, no les pone tanta cabeza a las cosas. Nos alivianamos y nada es tan grave. Hacé el ejercicio de observar a los chicos: cuando un chico se cae..., ¿qué pasa? Enseguida se levanta, se ríe y sigue. ¿Y si pierde? Seguramente quiera volver a jugar otra vez para ver si mejora. Pero a medida que fuimos creciendo, entramos a un mundo diferente, en el que perder nos parece muy grave, donde hay que mostrarse siempre fuerte y segura para ser importante e inspirar respeto. Por eso, ocultamos cuando nos va mal. Callamos y guardamos bajo siete llaves nuestros dolores. Y, claro, si nos resbalamos en la calle, lo primero que hacemos es girar la cabeza y levantarnos rápido, para que nadie nos vea despatarradas en el piso. Pero ese encierro puede hacernos daño, porque nos deja muy cerca del miedo.
  • Para vincular los cuerpos y armar comunidad: ¿te fijaste lo que pasa cuando te reís? Ya sea tímida o con un estallido en carcajadas, necesitás complicidad con los otros. Buscás miradas ajenas que se estén riendo de lo mismo que vos. Buscás comentarios, incluso con alguien desconocido que acabás de ver. Entonces se borran los prejuicios y se arma comunidad, donde ya no importan tanto los roles ni las jerarquías. El humor enseguida crea un código común en un grupo de personas -o incluso en una familia o una pareja-. Si nos podemos reír de las mismas cosas, nos sentimos más cerca, más conectados, más pertenecientes a lo mismo. Fijate lo que pasa en algún grupo de tus amigos; seguro se ríen juntos de cosas que -para alguien de afuera- son crueles o inexplicables y pensás: "Uy, si nos escuchara otro grupo, pensaría cualquiera". Por eso, otra máxima: el humor siempre necesita del contexto.

  • Para ablandarnos: las responsabilidades que tenemos en la vida adulta nos van amargando. Y también nos van rigidizando, volviendo todo grave y serio. El humor también nos permite ese ablande, ese entregarnos a la liviandad.

Transformar el dolor

"Yo creo que el humor también es un mecanismo de defensa. En su momento a mí me sirvió muchísimo, era lo que me pasaba y yo decía: 'Antes de que me cargues vos me voy a cargar yo'. Tiene que ver con un montón de cosas, poder exorcizar lo que me pasaba, ponerle humor a algo que me dolía mucho". La que vuelve a hablar es Malena. Aunque sea paradójico, el humor casi siempre nace de algún dolor. Es una alquimia que demuestra el poder transformador, transmutador y sanador de la risa. En su caso, fue el dolor que le provocaban los complejos con su cuerpo. Y por eso, hacía reír a otros a partir de reírse de ella misma, como casi siempre sucede en la lógica del stand up. La estrategia más sana es, entonces, no luchar contra el dolor y pensar a qué le estás quitando recursos para atender eso que duele. Y valorar poder reírte de vos misma, porque es muy difícil, pero también es muy útil, sobre todo en este mundo donde pareciera que siempre estamos siendo cuestionadas.

Y, por supuesto, esto es para valientes. Al principio, el ego te puede doler (y mucho), porque tenés que romper con la imagen que vos y los demás construyeron sobre vos. Tenés que estar dispuesta a transformarte en este sentido, y a descubrirte desde un lugar más esencial, más débil quizá, pero mucho más humano también.

Seguramente, algunas mientras vayan leyendo enseguida estén pensando: "Pero... yo no soy graciosa, yo no tengo sentido del humor". Mmmm. Error. Sabé que se puede desandar ese camino que te enseñó que "no sos buena" o "no sos graciosa". Así como se puede desandar el camino que dice que "sos muy tímida" o que "no te gusta que te miren". En realidad, eso casi siempre pasa porque te han mirado mal. No lo olvides: todo el mundo tiene un lugar brillante.

Expertos consultados: Inés Dates. Nuestra psicóloga. Marcos Arano. Actor, director y profesor. Director de Malvado Colibrí, escuela de teatro, clown y máscara. info@malvadocolibri.com.

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