¿El arbitraje argentino está a la altura de estas finales?

Christian Leblebidjian
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5 de noviembre de 2018  • 23:49

Néstor Pitana está lesionado, por lo que no habría podido dirigir ninguna de las dos finales entre Boca y River. Pero, si estaba en condiciones, ¿hubiera sido correcta su designación? Cualquiera debería pensar que si salió airoso de la final de un Mundial (dirigió correctamente Francia 4 vs. Croacia 2), ¿por qué debería tener problemas con una final de Libertadores? Sin embargo, en el fútbol no siempre uno más uno es dos. Y si bien Pitana tiene argumentos sólidos para sostener que un Mundial es más difícil de dirigir que un clásico de la Superliga, el fútbol argentino encierra otras complicaciones que no están en ningún reglamento.

Por empezar, la desconfianza. No bien sale designado un árbitro, aparece la estadística de cómo le fue a "tal" o "cual" con ese equipo, como si eso fuese indicador de algo. Y después, más allá de las tensiones y las múltiples cámaras mundiales, los futbolistas se comportan mejor en un Mundial y son más respetuosos que en la liga argentina, donde la simulación, el "ventajismo" y la queja son moneda corriente.

El responsable de la primera final será el chileno Roberto Tobar, así lo resolvió la Conmebol, pero ¿si no era Pitana y su muy buen equipo, completado con los líneas Hernán Maidana y Juan Belatti, había más argentinos capaces de llevar adelante una final de Copa Libertadores entre Boca y River?

El último fin de semana, en la 11° fecha de la Superliga, se vieron actuaciones bastante negativas. En Racing vs. Newell's, Nelson Leiva (línea 2), acertó en marcar una posición adelantada de Licha López que terminaba en gol, pero en otras jugadas marcó off-side de un lateral y sancionó posición adelantada de Cristaldo cuando había arrancado en campo propio. En la Paternal, Hernán Mastrángelo no cobró tres penales: uno para Argentinos (agarrón de Figal a Bojanich) y dos para Independiente (tironeo de Mac Allister a Gigliotti e infracción de Bojanich a Gaibor). En Tucumán, Barraza cobró penal para el San Martín local por una mano de Milo que no fue (la pelota le pegó en el hombro) y no expulsó a Ardente, que le festejó en la cara el remate atajado a Bieler. En Mar del Plata, Diego Abal no sancionó dos penales, uno de Bravo a Pisano (Aldosivi) y otro de Pocrnjic a Bertolo (Banfield). Fernando Echenique pasó por algo similar en Estudiantes-River: agarrón de Pinola a Schunke y mano de Lucas Rodríguez. También hubo aciertos, aunque parecieron excepciones: Germán Delfino dirigió bien en Boca vs. Tigre y Pablo Echavarría en Mendoza, sancionando el penal de Aliendro a Ángel González (que transformó en gol el Morro García) y la roja a Abecasis.

El arbitraje argentino no está pasando por un buen momento. Y, salvo excepciones, no hubiera sido fácil encontrar jueces que estén a la altura de semejante acontecimiento.

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