Un sacerdote denunció una ola de robos en un centro comunitario de Cáritas

Vecinos se reunieron ayer en el centro comunitario de Cáritas para pedir mayor seguridad
Vecinos se reunieron ayer en el centro comunitario de Cáritas para pedir mayor seguridad Crédito: Fabián Marelli
Según el párroco Agustín Espina, los alrededores del barrio El Lucero, en Tigre, fueron alterados por la irrupción de la droga; el local fue desvalijado once veces
Leonardo Scannone
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8 de noviembre de 2018  

Los feligreses y los vecinos que asisten al Centro Comunitario de Cáritas Divina Providencia, situado en Rincón de Milberg, en el partido de Tigre, se mostraron cansados de la constante repetición de robos. Señalaron a la misma banda de siempre, que el domingo pasado volvió a ingresar en ese lugar y se llevó todo lo que pudo, hasta el horno eléctrico con el que les cocinaba a los chicos. Los vecinos de esa localidad del norte del conurbano denunciaron, incluso, la posible complicidad policial con este violento grupo de jóvenes "que actúan con total impunidad". El local comunitario fue desvalijado once veces en los últimos dos años.

El salón donde se asiste a los niños humildes de la zona está rodeado de barrios cerrados. Ayer por la tarde, un grupo de vecinos no se detuvo en diferencias económicas y se unió tras el pedido del párroco a cargo del centro de Cáritas para reclamar por los reiterados asaltos y rezaron un rosario con carteles que graficaron su pedido de seguridad.

El cura Agustín Espina se puso al frente del reclamo comunitario. El sacerdote asiste a la gente que vive en el barrio El Lucero desde hace cuatro años. Es un barrio de casas bajas, urbanizado, donde las cosas básicas no faltan, pero tampoco sobran. Espina lidera el centro de Cáritas y se enfrenta directamente con la banda. Contó que está cansado de los robos. El domingo pasado fue el último y se llevaron al menos tres computadoras, una pava eléctrica y un horno, en el que cocinaban para los niños. Según los vecinos consultados, el grupo de delincuentes vive en el barrio El Lucero y todos saben quiénes son, "hasta la policía". Espina el lunes pasado denunció el robo en la comisaría.

"Desde hace muchos años venimos sufriendo vandalismo, hechos que hemos denunciado oportunamente en la comisaría correspondiente. Solo en estos últimos dos años hemos soportado más de 11 de estos episodios, sufrimos destrozos en la casa y muchos robos", recordó Espina en diálogo con LA NACION.

Por eso, el sacerdote espera que este último robo represente un momento de cambio. El grupo de delincuentes se llevó las computadoras que se utilizaban para dar talleres a los niños que viven en El Lucero, a pocos metros de la Iglesia. Según los vecinos del barrio, los ladrones revendieron esas computadoras en las afueras del barrio.

El sacerdote Agustín Espina, en una de las salas atacadas por delincuentes
El sacerdote Agustín Espina, en una de las salas atacadas por delincuentes Crédito: Fabián Marelli

"Ante la repetición de los mismos hechos, nos hemos reunido con los comisarios del Destacamento Policial de Rincón de Milberg, con los directores de la policía municipal (COT), con el fiscal, hemos puesto alarmas, que ya nos las han roto, pusimos caseros, a quienes les robaron y amenazaron, tuvimos que desarmar dos casas prefabricadas para evitar que las sigan rompiendo. Agotamos todas las instancias", contó Espina.

Pero ese no fue el único robo, según contó Espina. Hace unos meses entraron al predio y se robaron hasta las garrafas. "Nunca pasa nada. Hace poco también se llevaron los routers de wifi y los disco duros. Es muy complicado esto, porque es como volver a arrancar. Nos frustra. Es como que llegamos a armar algo lindo y de un segundo para el otro se cae. Nos genera mucho dolor e impotencia", contó Cecilia Lynch, de 45 años, que ayuda en el lugar desde hace cuatro años.

"Los chicos que vienen son parientes de ellos, no les importa nada", contó Macarena Menvielle, una vecina que ayuda en el centro.

Zona de Rincón de Milberg. Robos reiterados en una parroquia frente a Nordelta. El párroco, Agustín Espina y Vecinos se juntan para reclamar seguridad ante una posible zona liberada de la policía local.
Zona de Rincón de Milberg. Robos reiterados en una parroquia frente a Nordelta. El párroco, Agustín Espina y Vecinos se juntan para reclamar seguridad ante una posible zona liberada de la policía local. Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Marelli

El salón de Cáritas, situado en la ruta 27 al 6300, funciona como comedor para los chicos del barrio, por eso dentro de El Lucero también exigen seguridad, porque todo lo que pasa dentro de ese salón afecta directamente a sus hijos. "No podemos vivir así. Acá necesitamos la ayuda del Estado. Sabemos que nuestro barrio no está tan mal, pero esos pibes nos tienen locos", contó Graciela Cabrera, una vecina de El Lucero.

Adicciones peligrosas

Según Espina, el problema es la venta de droga. "Roban y después venden lo que tienen para comprar droga. No roban comida", dijo. Los residentes del barrio El Lucero se sienten rehenes de un grupo que se mueve por el barrio con total libertad, según precisan. "Acá la mayoría somos laburantes. Tenemos problemas, pero esto es insoportable. Te comprás una garrafa y tenés que estar mirando para que no la roben".

Tras rezar el Rosario, el sacerdote les comunicó a los vecinos que los talleres serán trasladados a la Parroquia Nuestra Señora de la Divina Providencia, situada a pocos kilómetros del centro comunitario.

"Habiendo agotado todas las instancias y cansados de no obtener una respuesta satisfactoria, es que hoy [por ayer] queremos hacer visible ante toda la comunidad la situación que estamos sufriendo. No solo nosotros, sino también nuestros vecinos. No es posible que para vivir seguros haya que vivir en los barrios cerrados, la seguridad es un bien básico que debe asegurar el Estado", dijo Espina.

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