Vóley, la final: deporte, destreza y punk rock sin límites

Pablo Gorlero
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9 de noviembre de 2018  

Libro y dirección: Nicolás Manasseri / Dirección de movimiento y coreografía: María Fernanda Provenzano / Dirección musical: Alejandro Roig / Intérpretes: Martina Zapico, María Josefa Vergara Carabajal, Nicolás Manasseri y elenco / Funciones: martes 13 y 20, a las 21.30 / Sala: Cultural Freire, Capitán Ramón Freire 1090 / Duración: 60 minutos / Nuestra opinión: muy buena

Quien hace unos años haya visto Juegos de fábrica no puede quedar indiferente a estos dos nombres: Nicolás Manasseri y María Fernanda Provenzano. Hacedores de un exquisito estilo de musical de ruptura, son de esos creativos jóvenes que buscan quebrar las fronteras del género con lenguajes multidisciplinarios, además de ampliar su horizonte y sumar nuevos públicos. Con su última propuesta, Vóley, la final, vuelven a sorprender en un gran trabajo que mixtura el teatro físico con el musical y el universo deportivo.

Los espectadores se ubican en dos tribunas diferentes, en los lados opuestos de lo que sería una cancha de vóley. Unos pocos estarán en el centro. Y partir de ahí la adrenalina que aporta este virtuoso grupo de artistas se contagia al público, que sudará la camiseta del mismo modo que estos dos equipos: uno masculino y el otro femenino. A través de su propuesta, el libro y la dirección general de Manasseri, la coreografía de Provenzano y las canciones de Alejandro Roig son una sola cosa. El éxito y el fracaso aquí juegan una brutal pulseada con la exigencia de triunfo; y el dominio entre géneros dejará esquirlas profundas, en medio de una frenética partitura que fluye entre el rock y el punk rock. Lo que lograron Provenzano y Manasseri con esta puesta en escena sin pausa y destreza física inusual es admirable.

El elenco destella energía, pasión y entrega, tanto en lo físico, como en lo actoral y musical.

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