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Copa Libertadores. El plan de Boca: más equilibrio para la marca, velocidad y ataques directos

Nahitan Nández (en la acción ante Ponzio) le dio mayor combate y despliegue al medio campo de Boca mientras el equipo iba avanzando en la Libertadores
Nahitan Nández (en la acción ante Ponzio) le dio mayor combate y despliegue al medio campo de Boca mientras el equipo iba avanzando en la Libertadores Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Marelli
Christian Leblebidjian
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8 de noviembre de 2018  • 22:41

Boca llega mejor a este cruce con River que cuando lo hizo por la Superliga, cuando perdió 2-0 en la Bombonera (una vez más Marcelo Gallardo terminó imponiéndose en el duelo táctico) y los interrogantes que generó el equipo millonario fueron superiores a las soluciones que intentó aportar el xeneize. No solo en la toma de decisiones, sino también en la velocidad para su posterior ejecución.

La solidez que supo sumarle Guillermo Barros Schelotto a Boca no solo tuvo que ver con el ingreso de Nahitan Nández al medio campo, transformando el esquema táctico del 4-3-3 al 4-1-4-1, sino que todo el equipo fue menos vertiginoso para atacar y más paciente para defender. Ya no resolvió los partidos pensando en el "golpe por golpe", sino que fue más pensante, casi como analizando que, si por el poder de fuego que tiene desde la jerarquía de sus delanteros cada ataque es peligro de gol, quizás tratando de reforzar la faceta defensiva iba a encontrar un equilibrio que le iba a permitir avanzar más aplomado, aunque eso no implique llevar su protagonismo al extremo de la cautela.

¿Cuáles fueron los cambios que le dieron un contexto más fortalecido? A Boca le dio más seguridad la llegada de Andrada y un Rossi que, tras algunos sobresaltos, ganó algo de confianza con atajadas importantes. Defensivamente Izquierdoz llegó para ser titular y ser un potencial caudillo también; Wilmar Barrios resolviendo siempre firme y simple, dedicándose a recuperar la pelota y entregarla al compañero más cercano (es el jugador xeneize con más intercepciones en la Libertadores, con 34) y sobre todo el ingreso de Nández, que sobresale porque es capaz de trabar con la cabeza y porque genera un contagio positivo en el resto: no solo recupera (según datos de Opta, es el jugador de Boca con más quites en el certamen, 27), sino también puede desdoblarse y llegar a pisar el área rival.

Desde lo colectivo, Barros Schelotto encontró una simetría mayor desde las características para el retroceso con el triángulo Nández-Barrios-Pablo Pérez que cuando solo estuvieron dos de ellos; y con Cristian Pavón y Sebastián Villa se asegura velocidad para las transiciones rápidas de defensa-ataque, pero también a la inversa. Y colectivamente las líneas aparecen más juntas que cuando aparecía Cardona como extremo por la izquierda o Zárate de falso 10, por detrás de Ábila o Benedetto.

Las confirmaciones de Pavón (por más que ofensivamente, desde que volvió del Mundial, sigue muy lejos del wing que supo ganarse los ojos europeos) y Villa le dan otra contención también a los laterales. Por eso Jara y Olaza subieron en parte su rendimiento; incluso Buffarini potenció sus acciones. Pero Mas se quedó relegado, en parte porque no logra ser el que fue en San Lorenzo y porque las veces que le tocó ser titular delante suyo tuvo a Cardona. Las menciones de los laterales no son casuales, ya que en los últimos partidos, River lo complicó atacando las espaldas de Peruzzi y Jara, también presionando a Mas y generándole "trampas tácticas" a Barrios. ¿En qué sentido? Los adversarios dejaban en principio al colombiano como salida, pero no bien se perfilaba para recibir lo iban a presionar para quitarle la pelota y contraatacar, o para frenarlo con infracciones. No es casual que Barrios sea el futbolista xeneize con más faltas recibidas en la Copa (28). Le cometieron más infracciones al Nº 5 que a Pavón, Cardona o Tevez. Si Barrios ahora recibe la ayuda de Nández, los laterales encuentran los mismos socios en Pavón y Villa.

A medida que fue avanzando en la competencia, el ingreso de Nández le sumó un socio al tándem Barrios-Pablo Pérez; y los wines Pavón y Villa no solo fueron incisivos arriba, sino que ayudaron en el retroceso a los laterales
A medida que fue avanzando en la competencia, el ingreso de Nández le sumó un socio al tándem Barrios-Pablo Pérez; y los wines Pavón y Villa no solo fueron incisivos arriba, sino que ayudaron en el retroceso a los laterales

Es cierto que el Mellizo probó con un 4-2-4 con un doble N° 9 (Benedetto + Ábila) y con Villa y Pavón como wines delante de un doble contención con Nández y Barrios, pero dio la impresión que el DT lo pensó más como variable de ajuste que como jugada inicial. Casi nunca le gustó a Barros Schelotto jugar con dos centrodelanteros definidos, aunque como plan alternativo (y sobre todo en contextos adversos) lo tuvo en cuenta.

Para ser bicampeón de la Superliga a Boca le alcanzó con el poder de gol y la jerarquía de sus delanteros. La Libertadores, en cambio, se resuelve por otros detalles. Y exige una concentración y disciplina táctica mayores. La diferencia con respecto a las últimas lecturas de Barros Schelotto (en función de las decisiones que fue tomando mientras iba avanzando en la Copa) es que ahora sí parece darle más importancia a ese tipo de lecturas.

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