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Clásicos matan crisis: el teatro Regio llevó 80.000 espectadores en lo que va del año

Cuando lo lateral se transforma en central: el hombre que perdió su sombra fue el espectáculo más visto en el Cervantes. Se presentó a las 15 horas y superó las obras programadas en la franja nocturna
Cuando lo lateral se transforma en central: el hombre que perdió su sombra fue el espectáculo más visto en el Cervantes. Se presentó a las 15 horas y superó las obras programadas en la franja nocturna
Alejandro Cruz
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12 de noviembre de 2018  

A juzgar por datos estadísticos oficiales, a la omnipresente sala Martín Coronado del Teatro San Martín asistieron a lo largo de estos diez meses del año, casi 30.000 espectadores menos que al Teatro Regio, otra de las salas del Complejo Teatral de Buenos Aires (CTBA), que no goza de las bondades de estar en el centro, ni tiene ese valor real y simbólico del imponente edificio de la avenida Corrientes.

De cruzar esos datos con los del Teatro Nacional Cervantes, la otra gran sala pública de la ciudad, resulta ser que los dos espectáculos que tuvieron mejor promedio de espectadores por función a lo largo de estos meses no se presentaron en las salas más importantes de estos dos complejos escénicos, no contaron con figuras de llegada mediática y ambos montajes fueron protagonizados por mujeres: Petróleo, en el Teatro Sarmiento, por el grupo Piel de Lava; y La vida extraordinaria, en el Cervantes, con Lorena Vega y Valeria Lois.

En estos 10 meses, los datos estadísticos sobre las preferencias de espectadores de los dos grandes teatros públicos porteños darían cuenta de un cambio de paradigma en lo que hace a gustos y preferencias de la audiencia. Todo esto sucede en medio de una temporada marcada por la retracción en el consumo teatral que, según estadísticas de Aadet, la asociación que nuclea a los empresarios del circuito comercial. Según los datos que manejan los productores de este circuito en estos 10 meses se produjo una baja en la venta de entradas del 4 por ciento en comparación con igual período de 2017.

En las dos salas públicas no necesariamente se repiten esta tendencia que tanto afecta al circuito alternativo. En el Cervantes, la sala que depende del Ministerio de Cultura de la Nación y que dirige Alejandro Tantanian, contando los espectáculos que hicieron o están haciendo temporada en esa sala apenas hubo una disminución de espectadores en un año en el cual hubo más funciones y de 15 títulos, entre estrenos y reposiciones, se pasó a 16. Los datos del Complejo Teatral, que depende del gobierno porteño y que dirige Jorge Telerman, dan cuenta de un importante incremento interanual en la venta de entradas producto, habrá que entenderlo de este modo, de que así como este año el Teatro San Martín estuvo abierto todo el año, en 2017 recién volvió a la actividad a partir de junio luego de un largo y conflictivo proceso de puesta en valor.

Lo experimental gana audiencia. El hipervínculo, de Matías Feldman, tuvo que sumar funciones en el San Martín. Lo mismo le sucedió a Campo minado, de Lola Arias, como a otras obras del Cervantes
Lo experimental gana audiencia. El hipervínculo, de Matías Feldman, tuvo que sumar funciones en el San Martín. Lo mismo le sucedió a Campo minado, de Lola Arias, como a otras obras del Cervantes

Certezas en crisis

Los cifras sobre audiencias permiten trazar una especie de radiografía de estas dos grandes fábricas de ficción sostenidas con dineros estatales. Los registros estadísticos parecen poner en crisis ciertos lugares comunes o equívocos vinculados a la gestión teatral y al criterio de programación. Que la sala mayor del Teatro San Martín, el verdadero mascarón de proa del Complejo Teatral, haya tenido en estos 10 meses menos cantidad de espectadores que el Regio (50.000 frente a 79.000) rompe con ciertos paradigmas.

Sumado a ese dato la sala de la avenida Córdoba al 6000 tiene mejor promedio de espectadores por función, parámetro que permite comparar salas con distintas cantidades de butacas, que la Martín Coronado de la avenida Corrientes al 1500, zona icónica del teatro porteño. Tres obras clásicas fueron las que movieron el GPS de la audiencia hacia la sala de Chacarita en su límite con Colegiales: Blum, con dirección de Mariano Dossena; Un enemigo del pueblo, con puesta de Lisandro Fiks; y Madre coraje, la actual puesta de José María Muscari, que suele colgar el cartel de entradas agotadas.

Hay otro dato que rompe con el imaginario de los supuestos beneficios asegurados de contar con una sala ubicada en pleno centro porteño: salvo algunos montajes de la sala Cunill Cabanellas, la más pequeña del San Martín en donde La reunificación de las dos Coreas y Las amargas lágrimas lograron promedios muy altos de público por función, fue una producción del Teatro Sarmiento, la sala ubicada en el Zoológico, la que obtuvo el mejor promedio de espectadores. Se trata de Petróleo, del grupo Piel de Lava, en su primera producción en la escena pública luego de 10 años de vida. La propuesta de Elisa Carricajo, Valeria Correa, Pilar Gamboa y Laura Paredes tuvo, entre entradas vendidas y gratuitas, un promedio de 248 espectadores para una sala cuya capacidad es de 250 butacas. O sea: el cartel de localidades agotadas en uso casi permanente. Sumado a eso venían de hacer la retrospectiva del grupo que también contó con una importante respuesta por parte del público.

En otro zona de la ciudad, en el Teatro de la Ribera, de la Boca, se estrenó Divino Amore, de Alfredo Arias. Fue la obra más vista en esa sala que tiene dificultades en la construcción de un público propio. A las semanas de su estreno esa propuesta pasó a la Martín Coronado aprovechando el hueco de la fallida puesta de Esperando a Godot, que nunca se llegó a estrenar. Con la mudanza duplicó su promedio de público.

Ahí mismo se presentó E l hipervínculo (Prueba 7), de Matías Feldman, en lo que fue su primer montaje en un espacio con esas posibilidades escenotécnicas. El notable rendimiento de esa propuesta de decidido corte experimental es interesante en sí mismo, ya que en esa sala suelen programarse montajes dirigidos por directores con experiencia en esos grandes espacios protagonizados por actores convocantes. No fue ese caso. A juzgar por la repercusión, la prueba fue un éxito.

Algo similar sucedió en la sala Casacuberta, también del San Martín, con Campo minado, de Lola Arias, que tuvo una impresionante repercusión de público. Como había sucedido con El hipervínculo, tuvo que agregar funciones. Ese corte curatorial que apuesta a otro tipo de lenguajes también se desplazó al arranque de temporada en el Regio con una propuesta de Albert Pla y diseño de arte del grupo Mondongo, que superó ampliamente las expectativas de público.

Signo de los tiempos. En el Cervantes, La vida extraordinaria tuvo siempre cartel de entradas agotadas. Con las magníficas Valeria Lois y Lorena Vega. Eso se repitió en el CTBA con Petróleo, de las chicas de Piel de Lava. Todas obras protagonizadas por mujeres
Signo de los tiempos. En el Cervantes, La vida extraordinaria tuvo siempre cartel de entradas agotadas. Con las magníficas Valeria Lois y Lorena Vega. Eso se repitió en el CTBA con Petróleo, de las chicas de Piel de Lava. Todas obras protagonizadas por mujeres

La revancha de las márgenes

Los datos oficiales del Teatro Nacional Cervantes aportan otras singularidades. El mascarón de proa de la gestión de Tantanián fue La terquedad, la obra de Rafael Spregelburd que se estrenó el año pasado. Aquella vez ese monumental trabajo logró transformarse en el tercer espectáculo con mejor promedio de espectadores de la última década entre los programados en las salas más importantes del San Martín y del Cervantes. La terquedad se repuso este año y logró mejor promedio de espectadores que en 2017 (pasó del 74 por ciento al 95). Entre las cuatro producciones nacionales que se presentaron en la sala María Guerrero usando su planta original (con una capacidad que fue de los 648 a los 746 espectadores) la propuesta de Spregelburd fue la que tuvo mejor promedio por función.

Hay otro dato llamativo teniendo en cuenta el peso propio que tiene un estreno que es cuando se lanzan las campanas de prensa más fuertes, frente a las siempre complejas reposiciones. Tanto el año pasado como el actual se programó Eva Perón/El homosexual o la dificultad de expresarse, la puesta de Marcial Di Fonzo Bo, basada en textos de Copi. En 2017, Benjamín Vicuña, figura de alto impacto mediático, hacía de Eva. En 2018, ese papel lo ocupó Marco Antonio Caponi. Sin embargo no hubo casi diferencias en lo que hace a la respuesta de público (se pasó del 62 al 61% el promedio de ocupación de la sala).

Actualmente, en la María Guerrero se presenta Sagrado bosque de monstruo, del mismo Tantanián. Su planteo escénico hace que la cantidad de espectadores se reduzca a los 173 personas. En esa obra protagonizada por Marilú Marini el cartel de localidades agotadas es recurrente. Otra vez, lo experimental gana terreno, ocupa lugares centrales.

En su rol de directora, Marilú repuso en la Orestes Caviglia Escritor fracasado, de Roberto Arlt. Eso fue otro éxito. En ese espacio con capacidad para 112 personas un espectáculo tuvo ocupación total en sus 34 funciones: fue La vida extraordinaria, protagonizada por Lorena Vega y Valeria Lois. Algo similar, y extraordinario para la vida de un temporada con enormes dificultades de público, sucedió en Sarmiento con Petróleo. Las dos obras, fueron protagonizadas por mujeres (¿se tratará también de un registro de época?).

Hay otro dato a tener en cuenta: una obra para todos los públicos que hizo función a las 15 horas es la que acumuló mayor cantidad de espectadores en el Cervantes (logró registros similares al fenómeno de La terquedad del año pasado). Se trata de El hombre que perdió su sombra, dirigida por Eleonora Comelli y Johanna Wilhelm. Así fue como, en términos de espectadores totales, una obra que se presentó en la franja horaria menos transitada se impuso al horario central haciendo menos funciones que las que se presentan a la noche.

En perspectiva, así como los clásicos se afirmaron en una sala ubicada lejos de las luces del centro logrando registros históricos de público, las propuestas de corte experimental pasaron a ocupar un lugar central en las líneas curatoriales de estas salas y en la preferencia del espectador. Tal vez, las marcas de 2018 no solamente sean las ligadas a la disminución en el consumo teatral en el contexto económico actual. Queda pensar que, ante cambios en las líneas curatoriales en ambas salas, aun con sus marcadas diferencias, se habilitan otros públicos, se afirman lenguajes artísticos y entran en crisis ciertos usos y costumbres.

Los números de la tendencia

26.497

El hombre que perdió su sombra

Fue la cantidad de espectadores de esta obra para toda la familia, que fue las más vista en el Cervantes

100x100

La vida extraordinaria

Toda la temporada, unas 34 funciones en la sala Orestes Caviglia, poniendo el ansiado cartel de no hay más localidades

28.232

La tempestad

Fue la cantidad de espectadores de esta obra que se convirtió en la más vista del Complejo Teatral de Buenos Aires en estos 10 meses del año.

79.340

Espectadores en el Regio

Frente a los 50.663 que tuvo la Martín Coronado, del San Martín, con sus diferentes propuestas

227.386

por el CTBA

Son los espectadores que tuvieron las siete salas del Complejo frente a los 83.080 que pasaron por las tres salas del Teatro Cervantes

96%

Sagrado bosque de monstruos

Es el promedio de ocupación de sala de esta obra dirigida por Alejandro Tantanián

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