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El Congreso puede cerrar 2018 con el peor récord de leyes aprobadas desde 1983

Apenas se han sancionado 32 leyes; quedan pocas sesiones para terminar el año legislativo

Gabriel Sued
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12 de noviembre de 2018  

El año parlamentario que está por terminar quedará en la historia. No solo porque fue el primero en que se debatió en el recinto un proyecto para legalizar el aborto. También porque se encamina a ser el año con la menor cantidad de leyes sancionadas desde 1983.

Cuando restan tres semanas para el cierre de las sesiones ordinarias y sin una convocatoria a extraordinarias en los planes del Gobierno, se han sancionado 32 leyes desde el 1° de marzo. Son 25 menos que el piso de 57 registrado en 1987, según datos de la Dirección de Información Parlamentaria del Congreso.

En los anteriores 34 períodos de sesiones -sin contar el brevísimo de 1983, en el que se sancionaron 21 leyes-, el promedio anual fue de 126 normas, con picos de 197, en 2014; de 183, en 1986, y de 166, en 2002. Detrás del piso histórico, los registros más bajos son los de 2005 y 1995, con 65 y 67 leyes.

En la sesión convocada para pasado mañana en el Senado, con el presupuesto y sus leyes complementarias en el centro de la agenda, y en la que se prevé convocar para el 21 de noviembre en Diputados, podrían sancionarse entre 10 y 20 proyectos, según los cálculos más optimistas del oficialismo. No alcanzaría para sacar a 2018 del último lugar de la tabla histórica.

Otro posible récord de este año legislativo es que de las 32 leyes solo 7 fueron iniciativa del Poder Ejecutivo, lo que representa un 22%. El más bajo se había registrado en 1997, con un 32%.

Aunque no marca un récord, la cantidad de sesiones de este año también es de las más bajas. Si, como se prevé, Diputados y el Senado abren el recinto solo una vez más hasta el 30 de noviembre, el Congreso totalizará 26 sesiones. Sería la menor cantidad desde la asunción de Mauricio Macri. La cifra es, sin embargo, mayor a las registradas en los últimos dos años de elecciones presidenciales: 2015, con 23 sesiones, y 2011, con 24.

La escasez de actividad se profundizó en la segunda mitad del año, tras el debate por la legalización del aborto. La Cámara de Diputados estuvo más de tres meses y medio sin sesionar entre el 4 de julio, cuando se sancionó la ley Brisa (de ayuda a los hijos de víctimas de femicidios), y el 24 de octubre, cuando se aprobó el presupuesto. En ese lapso, el recinto se abrió en cuatro oportunidades: dos para recibir al jefe de Gabinete y dos para sesiones especiales, pedidas por la oposición, que no reunieron quorum.

"Es una vergüenza. Desde diciembre pasado, después de la sesión por la reforma previsional, Cambiemos sintió que el Congreso no era un escenario propicio para el Gobierno y tomó la peor de las decisiones, frizó el Congreso", dijo a LA NACION el jefe del bloque de diputados del Frente para la Victoria (FPV), Agustín Rossi. "Intentamos hacer sesiones especiales, pero no pudimos. La responsabilidad de que funcione el Congreso es del oficialismo", agregó.

En el interbloque de Cambiemos apuntan a la situación económica y a un adelantamiento de la campaña electoral que tornó más hostil a la oposición moderada. "Después de mitad de año, en medio de la crisis, las leyes fueron muy discutidas y encontrar consenso se hizo muy difícil. La oposición tomó distancia de cualquier tipo de acuerdo que le significara un costo político", afirmó Mario Negri, presidente del interbloque de Cambiemos en la Cámara baja. El radical remarcó que el oficialismo está en minoría en ambas cámaras, algo que solo pasó en el final del gobierno de Raúl Alfonsín, y destacó la cantidad de leyes sancionadas en 2016 (101) y 2017 (86).

Un elemento central para entender los pésimos resultados cuantitativos de 2018 radica en un debate que significó un salto de calidad para el Congreso: la discusión por la legalización del aborto. El tema concentró las energías de diputados y senadores por 5 meses, e intensificó la actividad en las comisiones. A la vez, generó profundas divisiones internas en las principales bancadas que dificultaron el trabajo en los meses posteriores.

Entre las leyes aprobadas hay dos bloques bien diferenciados. En el primer semestre se sancionaron leyes promovidas por el Gobierno, como el régimen de subrogancias de jueces, la ley de mercado de capitales y la de defensa de la competencia. El segundo semestre se avanzó en leyes sociales, como la ley Brisa, la ley Justina (que agiliza el proceso de donación de órganos) y la de regularización dominial de las villas. Entre los proyectos que quedaron congelados figuran varios impulsados por la Casa Rosada, como las reformas laboral, electoral y del Ministerio Público.

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