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5 escapadas a menos de 150 km de la Capital Federal

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15 de noviembre de 2018  • 12:28

Se acerca el fin de semana largo y hay quienes todavía no definieron su rumbo. Salir a último momento implica disponer de menos tiempo. Lugares y Despegar tienen en su página de Escapadas varias propuestas. Aquí cinco planes bien cerca de la Capital.

Azcuénaga

La Casona de Toto, restaurante de Azcuénaga.
La Casona de Toto, restaurante de Azcuénaga. Fuente: Lugares - Crédito: Mariana Roveda

A unos 13 km de San Andrés de Giles, el pueblo nació el 1º de abril de 1880, el día que se inauguró la estación de tren. Y cien años después, con el declive del transporte en ferrocarril, llegó el abandono. Recién bien entrado este nuevo siglo, algunos emprendimientos turísticos volvieron a darle cierta vida y Azcuénaga se consolida como un plan válido para un almuerzo casero, y hasta un fin de semana con impronta rural. Frente a la vieja estación está "la calle de los boliches". Son tres: La Porteña, La Casona de Toto y el Almacén CT & Cía. El primero funciona en la vieja sastrería del pueblo, propiedad de los abuelos de la anfitriona, Analía Capecci. En el segundo estaba el primer boliche de copas del pueblo, Pobre Diablo. En el último, los hermanos Coarasa recuperaron el almacén de Ramos Generales de su abuelo y montaron un restaurante que funciona con menú fijo -el fuerte es la parrilla- pero donde también hay lechón, pastas y hasta vaquillona asada con cuero (en ocasiones especiales). Las posibilidades de dormir en Azcuénaga son todavía bastante acotadas, más relacionadas con casas de alquiler que con posadas en sí. Entre las primeras, la más consolidada es La Negrita. Otra opción, más económica, es Chacra San Pedro. Para parejas o grupos más chicos, la hostería Les Aldudes, en Giles, cuenta con cinco habitaciones y piscina.

Chascomús

La capilla de los Negros, en Chascomús
La capilla de los Negros, en Chascomús Fuente: Lugares - Crédito: Flor Aletta

A menos de 130 km desde la capital y a una hora y media por autopista, la tranquila localidad crecida junto a la laguna homónima invita al relax. Una casona de época transformada en un confortable hotel boutique con piscina y spa , una hostería familiar en las afueras, un loable ejemplo de bed & breakfast, las espaciosas cabañas Terra Lucana de la familia Claps, una fábrica de chocolates y casa de té en manos femeninas (en Alvear 49), que lleva por nombre La Marca, aseguran horas de buen descanso y buen comer. En este destino más conocido por la pesca del pejerrey -y por ser la patria chica del presidente Raúl Alfonsín- que por sus 200 años de historia, es indispensable visitar al Museo Pampeano. En las proximidades del espejo de agua, sigue en pie la Capilla de los Negros, declarada Lugar Histórico en 1962, que cuidó hasta su muerte doña Eloisa González de Luis, la penúltima afrodescendiente de la comunidad negra establecida en el pago a fines del siglo XVIII. Con una escapada a la cercana Pila (65 km) para ir a comer a Lo de Juanjo, el reducto gourmet del chef Juan José Samberro, en la calle 2, al lado mismo de la ruta 57.

Uribelarrea

Macedonio, boliche "embajador" de Uribelarrea.
Macedonio, boliche "embajador" de Uribelarrea. Fuente: Lugares - Crédito: Martín Estol

Elegido como set de filmación de películas -como Juan Moreyra, de Leonardo Favio, o Evita, de Alan Parker-, "Uribe", con su estación de tren, casonas centenarias, calles de tierra y aires camperos, transporta a una realidad anclada a principios del siglo XX. La ruta 205, que pasa a 4 kilómetros, puso en valor al pueblo tambero fundado por Miguel Nemesio de Uribelarrea en 1890, que devino en un polo gastronómico ideal para pasar el día. El eje es la plaza Centenario, de diseño octogonal, obra del arquitecto Pedro Benoit (el mismo que ideó el trazado de La Plata), donde destacan la iglesia de estilo neogótico y el almacén El Palenque, de 1890, que funcionó como depósito para los saladeros de la zona.

En plan de probar cosas ricas, en el tambo Valle de Goñi se puede degustar un riquísimo dulce de leche de cabra fabricado in situ; buenos fiambres y embutidos, en el almacén de campo Pueblo Escondido, y cerveza artesanal en La Uribeña. Un clásico para comer es Macedonio, restaurante a la carta con mobiliario antiguo y viejos mostradores. Si se quiere estirar la estadía, la posada Como Entonces es una buena alternativa. Funciona en una restaurada casa de barro con techos de bovedilla, galería, pileta y aljibe.

El Tigre y el Delta

La lancha colectiva, transporte "natural" del Delta del Tigre.
La lancha colectiva, transporte "natural" del Delta del Tigre. Fuente: Lugares - Crédito: Xavier Martín

Es la huida más practicada por el porteño y tiene sentido: apenas 30 km separan la ciudad de Tigre del mundo de agua dulce. Y allí van, no bien el clima estival estira las horas de luz, a pastorear por el Puerto de Frutos entre los clubes de remo, o hasta el Museo de Arte Tigre (MAT), al final del Paseo Victorica. La recorrida urbana induce a explorar el boulevard Sáenz Peña, mini polo gastronómico y de locales con objetos de diseño, ropa vintage. es decir, que proponen algo más que las tradicionales artesanías en mimbre. El día vuela y hay que pegar la vuelta. Hasta aquí, la propuesta en tierra firme.Más allá, la inmensa planicie acuática y las islas del Delta del Paraná que cubren 17.500 km2, está lleno de rincones secretos, de refugios para olvidarse del mundo por unos días. Fugarse en serio. Muy adentro en los dominios de la I Sección, el arroyo Antequera guarda una perlita: Bosque de Bohemia la propiedad de Carolina Falco y Daniel Egui, donde cada rincón derrocha confort: habitaciones amorosas, una espléndida piscina de borde infinito y el bosque que inspiró su nombre. Cruzar el Paraná y sus 800 metros de ancho puede conducir a puerto La Pista un refugio que, sobre la orilla opuesta, reúne cabañas, restaurante, spa, piscina y playitas de arena, destino para descansar mucho o lo contrario, a pura actividad acuática. También hay que navegar un buen trecho de la II Sección para llegar Los Pecanes, refugio de ineludible de la hospitalidad isleña: casa inglesa de época y un amplio parque con un mini complejo de cabañas, en manos de Richard y Ana Baert; es un ambiente muy animado de pájaros, en el que sombrean, esbeltos, pecanes añosos y cipreses calvos, y es tan lindo echarse una siesta en una hamaca paraguaya.

Capilla del Señor

La iglesia de Capilla del Señor
La iglesia de Capilla del Señor Fuente: Lugares - Crédito: Mariana Roveda

A menos de una hora de la Capital, en este pueblo de entorno rural junto al arroyo de la Cruz, todavía es común toparse con un sulky en la plaza principal y las casas son reliquias. El historiador Félix Luna, que lo eligió como pago adoptivo, lo definía como "una república aparte". Para comprender por qué fue declarado "de interés histórico nacional", hay que visitar la iglesia -de 1866, con finas tallas y columnas laminadas en oro - la torre del Miralejos, el salón Roma, el antiguo club social de los inmigrantes, el lazareto donde abandonaban a los contagiados del cólera y el cementerio con sus sofisticados mausoleos. Dos joyitas son el Museo de Arte Sacro y el Museo de Periodismo Bonaerense, donde a fines del siglo XIX se imprimía El Monitor de la Campaña, el primer semanario rural. Hay máquinas de escribir como la creada por el francés Frank Lambert en 1884, cuyo teclado se asemeja a los discos de los primeros teléfonos y está hecho en una sola pieza. En Mitre y Casco, La Fusta sigue siendo "el boliche", un clásico vigente desde 1964. Las mesas de la vereda son la mejor vidriera del pueblo. Salen mucho la tortilla, las picadas con fiambres caseros y el sándwich de lomo completo. Lo más nuevo en el rubro gourmet es Trevi, con una amplia carta y música en vivo los jueves a la noche. Base ideal para descansar, la posada Los Eucaliptos propone días de campo en una vieja casa de estancia refaccionada, con ocho habitaciones, parque y trato exquisito.

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