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Pasado por agua: cómo afectan las lluvias la puesta a punto para el Abierto de Palermo de polo

Así estaba el sábado pasado el Campo Argentino en Palermo
Así estaba el sábado pasado el Campo Argentino en Palermo
Xavier Prieto Astigarraga
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13 de noviembre de 2018  • 23:59

Noviembre de 2012. Como ahora, llovía mucho en Buenos Aires y alrededores. Y como ahora, estaba por comenzar el Campeonato Argentino Abierto de polo, el tradicional Abierto de Palermo . Al torneo en sí las postergaciones no lo afectan tanto: el predio y el personal están siempre disponibles; lo único serio es tener que desarrollar fechas en días hábiles y, por ende, perder público. Para los equipos todo es complicado: organizar la preparación no es como hacer un picado de fútbol. Y ese año, a alguien se le ocurrió una picardía que le salió bien.

Tan importante es para los equipos de polo la preparación que a Sebastián Merlos , líder de Pilará hace seis años, le pareció una buena idea trasladar caballos y jugadores a Pinamar para realizar el último ensayo para el certamen. Más de 400 kilómetros de camión de ida, y lo mismo de vuelta, para poder ponerse más a punto antes del debut contra Alegría, un rival de cuidado.

Merlos y su compañero Hilario Ulloa se fueron a la localidad costera para, en el arenoso suelo del club La Herradura, jugar a una intensidad que las canchas de los suburbios de Buenos Aires no permitían. Su compañero Francisco de Narváez (h.) no quería, le parecía una propuesta rara. Merlos lo llamó desde el hotel de Cariló, le dijo que allá no llovía -cuando en realidad caía agua a cántaros-, lo convenció y allí fueron Paco y Francisco Bensadón. Realizaron la práctica y a los pocos días, en el estreno en Palermo, Pilará venció a Alegría, por un apretado 13-12, que le permitiría definir más tarde la zona frente a La Dolfina.

"Fue fundamental. La caballada estaba bárbara", cuenta ahora Sebastián Merlos a LA NACION. Así de valioso resultó ese último entrenamiento, a pesar del enorme esfuerzo logístico de llevar y traer decenas de caballos a lo largo de 800 kilómetros. Y así de valioso es tener puestos a punto a los montados para un conjunto del más alto nivel de polo antes del mejor torneo del año.

Las lluvias de estos días afectan la preparación de los protagonistas, que no saben exactamente qué día jugarán y, por ende, cuándo y con cuánta intensidad ensayar. No es lo mismo en cuanto a exigencia un partido del Abierto de Palermo que una práctica de equipo (los polistas titulares juntos contra un cuarteto de allegados o contra otra formación protagonista de la Triple Corona o de torneos de jerarquía apenas por debajo) ni que una con los jugadores mezclados (dos en un conjunto y dos en otro, completados por amigos y asistentes). ¿Cuánto menos demandantes son estas últimas? Para Juan Martín Nero , de La Dolfina , mucho menos: una de polistas "mezclados" es un 60% intensa que un encuentro oficial. Para Hilario Ulloa, de Las Monjitas -siempre muy dinámico en la cancha-, no tanto: el entrenamiento de equipo es un 80% menos fuerte que un partido, y uno "mezclados", un 70%.

En todo caso, lo que más hace falta es que sigan en forma los animales. La puesta a punto es un proceso de sintonía muy fina, y es fácil tanto excederse como quedarse corto. "La peor combinación es caballo pesado y cansado", advierte Merlos, líder de La Cañada en Palermo 2018. Que tiene algo de suerte en poder practicar en La Mariana, el club de los Merlos, en General Rodríguez, y en las canchas del propio La Cañada, en Open Door. Aunque están a pocos kilómetros entre sí, hubo mucha diferencia en los pluviómetros: en Rodríguez habían registrado 130 milímetros hasta antes de la precipitación de anteanoche, y la localidad próxima a Luján, apenas 58.

De ahí es el club La Aguada, otro participante en el Argentino. E Ignacio Novillo Astrada confirma: "Complica la cantidad de agua porque no se juega en ningún lado. Lo más comprometido es la puesta a punto de los caballos. Perdemos el ritmo de un partido. Y en cuanto a los jugadores, antes a mí la ansiedad me comía. Ya no", comenta el back de 40 años, más aplomado.

Según Ulloa, hubo un lugar bastante a salvo del clima el último fin de semana. "Hace unos días en Rodríguez llovieron 110 milímetros, y en San Antonio de Areco, nada. Estuvimos por irnos a practicar ahí, porque está a una hora y media, pero al final cambiamos y jugamos acá el domingo", cuenta. ¿Por qué fue posible mover los caballos cuando en Palermo no se podía efectuar la fecha del certamen? Porque la exigencia de un compromiso oficial es mucho más elevada, y porque hoy las canchas de los clubes son mucho mejores que hace un tiempo.

"Las canchas han cambiado tanto, son tan buenas, que ahora se puede jugar", apunta, por su lado, Nero. "En cuanto a canchas estamos todos muy bien; me parece que nadie saca ventaja. A esta altura ya todos los jugadores hemos tenido muchas prácticas y muchos partidos, deberíamos estar todos bastante aceitados. Las postergaciones afectan más a los caballos", advierte el back.

Desde la final de Hurlingham perdida frente a Ellerstina, su conjunto, La Dolfina, habrá pasado tres semanas sin actividad oficial cuando debute en el Argentino, y luego afrontará, en caso de alcanzar la final del Abierto, cinco encuentros en el mismo período, 21 días. Cosas que provoca el clima, con la ayuda de un fixture que el propio Nero y algún otro protagonista ya piden revisar.

El estreno será este fin de semana... si no llueve

El clima causó ya dos postergaciones en el Campeonato Argentino Abierto: frustró el comienzo del último fin de semana y la primera reprogramación, pautada para hoy. De no volver a interponerse las precipitaciones, el próximo sábado levantará por fin el telón el Abierto de Palermo.

Asimismo, la 3ª fecha del torneo (2ª de la Zona A) estaba prevista para el sábado 24, día de la definición por la Copa Libertadores de fútbol entre River y Boca, motivo por el cual se adelantará para el viernes 23.

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