Suscriptor digital

Guido Cannetti: el peleador que quiso vivir el sueño de la UFC para escaparles a sus pesadillas

Un drama familiar y la rabia acumulada empujaron a Cannetti en su travesía hacia la compañía de artes marciales mixtas más potente del mundo; esas amarguras se transformaron en felicidad y el luchador vuelve ahora a combatir en Buenos Aires
Un drama familiar y la rabia acumulada empujaron a Cannetti en su travesía hacia la compañía de artes marciales mixtas más potente del mundo; esas amarguras se transformaron en felicidad y el luchador vuelve ahora a combatir en Buenos Aires Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Filipuzzi
Matías Baldo
(0)
14 de noviembre de 2018  • 23:59

Sentado frente al escritorio en su oficina de su gimnasio Our Town en Lanús, días antes de protagonizar la pelea de su vida frente a su público y en su país ante el ecuatoriano Marlon "Chito" Vera, Guido Cannetti se refriega los ojos intentando contener sin éxito la emoción por el recuerdo de su abuela.

Con el torso desnudo y todavía transpirado tras una hora de intenso entrenamiento, se levanta para cerrar la puerta de su despacho y aislarse de sus compañeros, de sus alumnos y del mundo. Ese cubículo se transforma en una cápsula que viaja en el tiempo rumbo a la nostalgia y la tristeza de aquella despedida en 2012 cuando, tras ser elegido en un casting de la UFC, se embarcó en su travesía en busca de un boleto para ingresar en la compañía de artes marciales mixtas más importante del mundo.

"Antes de irme a Estados Unidos a mi abuela le agarró un ACV. La llevamos al hospital más cercano pero no la atendían y discutí con todos para llevármela a un hospital de la obra social. Cuando llegamos me dicen que le tendrían que haber dado un anticoagulante pero que ya era tarde. En el camino tuvo otro ACV. La llevamos caminando al hospital y quedó postrada. Yo viví con ella desde 2006 hasta 2012 en su casa en Liniers, era una compañera y había rejuvenecido conmigo. Fue duro irme con ella así, pero me dijo, así como estaba con la mitad de la cara y una de las piernas paralizadas: 'Andate. Mirá la edad que yo tengo. Vos tenés que ir a cumplir tu sueño'. No la podía creer", confiesa con congoja a LA NACION.

Cannetti, profesional en el mundo de las artes marciales mixtas desde 2007, viajó en 2012 a Estados Unidos para darle un salto de calidad a su entrenamiento en los gimnasios más prestigiosos del territorio norteamericano: la academia de Greg Jackson, uno de los mejores coaches de MMA que formó a los campeones Jon Jones y Georges St-Pierre, lo recibió durante un año en Albuquerque, Nueva México.

"Cuando murió estaba entrenando en Chicago porque me habían mandado a practicar lucha, que es lo que menos desarrollado tenemos en Argentina. Yo no tenía internet en todos lados, solo tenía en la casa en la que estábamos porque no nos daban mucha plata para vivir y prefería ahorrarla. Cuando llego a mi casa veo todas las llamadas de mi vieja, la llamo y me dice que había fallecido mi abuela".

Cannetti en la previa de su pelea ante Vera- Fuente: UFC Español

02:06
Video

El camino fue sinuoso para Cannetti. Disfrutó del cielo y sufrió del infierno. En 2014 ingresó al mundo UFC con su participación en The Ultimate Fight: Latin America (TUF), la primera temporada latinoamericana de un reality show en el que los campeones son premiados con un contrato que los vincula con la UFC. En cuatro años, Cannetti pasó de ser un desconocido a ser protagonista estelar de la primera velada en territorio argentino, siempre con una frase de José de San Martín como cabecera que incluso puede leerse en uno de los banners de su gimnasio: "Serás lo que debas ser o no serás nada".

"Durante estos cuatro años fue la mejor y la peor etapa de mi vida. Me pasó de todo, atravesé las mejores y las peores emociones. Entré a UFC pero no lo pude disfrutar porque estaba demasiado enojado con la vida. Mientras entrenaba durante un año para ver si estaba apto para participar, mi mujer me fue a visitar y quedó embarazada. Mi hijo nació cinco días antes de ingresar a TUF. Entré llorando, no quería entrar, pero dije: 'Esta mierda la voy a ganar, voy a matar a todos'. Entré furioso".

Francesco, su primer hijo, había nacido cinco días antes de embarcarse en una aventura que lo aisló durante seis semanas.

"Conocí a mi hijo cuando tenía dos meses. La cabeza me explotó. En mi primera pelea en TUF, el flaco corrió para todos lados y me robaron la pelea. De ahí en más quedé loco, me robaron el sueño que tenía. Ese reality era mío, yo era el mejor de todos en ese momento. Después se lesiona Vera -su rival en Parque Roca- y entré yo, pero entré como loco. Había peleado hace una semana, corté peso para bajar nueve kilos y enojado. Me mataron. Yo no tenía más ganas de pelear después del reality, se me había caído el mundo".

El próximo sábado, Cannetti volverá a pelear en Argentina después de seis años
El próximo sábado, Cannetti volverá a pelear en Argentina después de seis años Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Filipuzzi

La furia frente a la injusticia, combustible para muchos deportistas, fue contraproducente para el argentino: "Yo ya soy un flaco agresivo, no necesito más agresividad porque me pasó del otro lado, dejo de pensar y no me importa nada. No me importa a mí cuando peleo morir, pero si quiero ganar. Tengo que estar con la cabeza mucho más fría, Necesito ganar las peleas, no ir a matar. Tengo que ser un profesional. Ese tiempo y esos choques que me dieron la vida fueron los que me hicieron profesional".

Pese a la frustración, Cannetti había dejado buenas sensaciones y debutó en la cartelera de UFC 180 frente al mexicano Henry Briones en la Ciudad de México: "Era áspero pero yo era mejor. Estuve cerca de noquearlo en el primer round pero me zarpé tirando. Yo estaba enojado con la vida. En el segundo round no regulé y me comí una mano por exceso de violencia que me hizo caer y me terminó con una estrangulación".

Aún en la derrota, la pelea fue elegida como la mejor de la noche y Cannetti recibió un bono de cincuenta mil dólares: "Fue terrible, no lo había ganado en toda mi vida".

La ira definía la vida de Cannetti, desconocido hasta para sus propios familiares y amigos: "Estaba como el orto conmigo mismo. Estaba en un punto de agresividad que ya no me conocía nadie".

Cannetti, en medio del entrenamiento para su próxima pelea
Cannetti, en medio del entrenamiento para su próxima pelea Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Filipuzzi

La psicología fue fundamental para reencontrarse con la paz: "Un amigo me recomendó a una amiga suya. Empecé a darme cuenta de todo lo que me hacía mal, de todo lo que había pasado. Me dijo un montón de cosas que yo sabía pero que no quería reconocer. Hice un par de cambios y me volvió la felicidad. Pude empezar a dormir de noche sin tener que tomarme un alplax todos los días. Me volvió la vida", celebra mientras uno de sus alumnos se acerca para saludarlo y desearle suerte en su preparación con la promesa de desatar una fiesta el próximo 17 de noviembre.

Cannetti es un luchador emocional. La ecuación parece sencilla pero es profundamente compleja: si todos los aspectos de su vida están en orden, dentro del octágono presentará su mejor versión: "Se nota mucho cuando uno está bien. Cuando estás cansado o estás mal, se nota arriba del ring. Se que estoy bien para poder pelear por el título. Si vos estás bien, hacés lo que querés. Las condiciones las tengo".

En agosto de 2015 recibió una nueva oportunidad que aprovechó: viajó a Río de Janeiro y venció por decisión unánime al local Hugo Viana. Pero dos sucesos frenaron su consolidación. El primero fue el nacimiento de Filipo, su segundo hijo. "Como nació él, dije que no peleaba ni loco, otra vez la misma de irme a entrenar afuera y no ver a mi hijo nacer, ni loco. Dos veces así no me equivoco más. Dije que si no tenía que pelear más en UFC no me importaba, quería ver a mi hijo nacer".

Con Filipo ya entre brazos, decidió volver al ruedo pero la agencia Agencia Antidopaje de Estados Unidos (USADA) lo suspendió por dóping y le impidió enfrentar al mexicano Marco Beltrán en noviembre. Tras una batalla que duró dos años, demostró su inocencia y pudo regresar al octógono: recién volvió a pelear en enero de 2018 en una categórica derrota frente al coreano Kyung Ho Kang en St. Louis, Missouri.

"Campeón? Mi principal objetivo es ser feliz como soy ahora", asegura Cannetti
"Campeón? Mi principal objetivo es ser feliz como soy ahora", asegura Cannetti Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Filipuzzi

Recurrió a un coach motivacional para sacarse la frustración de encima, viajó a Chile en mayo y derrotó al local Diego Rivas en un ambiente sumamente hostil frente a 15.000 fanáticos locales enfurecidos tras su promesa de vengar a Las Malvinas y a la Selección que había caído en la final de las últimas dos Copas América. La verborragia de Cannetti no es personal: es una estrategia para vender la pelea, cortar tickets y atraer la atención en torno a su figura.

"No estaba bien del todo pero no estaba tan mal como antes. El coach me levantó de vuelta y terminé de equilibrarme. Con el coach ahora empezamos un escalón más arriba, no empecé de cero como antes de Chile", explica.

Con el apoyo de su mujer Carolina, sus dos hijos, sus amigos, alumnos y cientos de desconocidos que le escriben por Instagram haciéndole llegar su cariño, el próximo 17 de noviembre volverá a pelear en Argentina después de seis años frente a Marlon Vera en el combate de semifondo del histórico evento que se celebrará en el Parque Roca. Está invicto en Argentina: realizó cuatro combates y nunca perdió una pelea.

"Para mí es una locura, algo que no imaginaba ni soñándolo. Si creía que iba a llegar a la UFC pero jamás creí que iba a ser una realidad que llegue acá, me parecía demasiado difícil. Estoy entrenando más que nunca, estoy muy motivado". Tras la gira de prensa a fines de octubre, Cannetti viajó a California para participar de un campo de entrenamiento en el gimnasio Alpha Male para intensificar su preparación en lucha y en el agarre.

Highlights de la pelea entre Cannetti y Rivas - Fuente: YouTube

04:13
Video

En la semana previa al combate deberá compaginar sus obligaciones publicitarias, sus últimas jornadas de entrenamiento y su trabajo en la Academia que instaló en 2013 en un local de Lanús. "Me gusta enseñar y me doy cuenta que muchas veces no me enseñaron como yo hubiese querido. Ahora, como está la situación del país, gano la mitad de lo que ganaba en el año que lo abrí y las cosas subieron al doble. Encima bajó un montón, antes venían 200 personas y ahora tengo 70 u 80 alumnos. Cuando yo lo abrí, ahorraba. Hoy es imposible. Veo a los pibes de afuera, si yo hubiera hecho lo mismo que hice acá en Estados Unidos, hoy viviría re bien. Vengo al gimnasio todos los días, limpio el gimnasio yo. La gente viene a tomar clases y me pregunta por qué estoy acá. Yo le respondo: ¿Te pensás que soy famoso?. Te ven en la tele y piensan que sos multimillonario. Hoy tengo que pelear sí o sí".

El combate del próximo sábado podría ser el paso previo para un objetivo aún mayor: pelear por un cinturón de campeón, aunque Cannetti tiene otras prioridades.

- ¿Un deseo para el futuro?

"Ser feliz, nada más. Miro para atrás y me pregunto si haría esto de vuelta y sí, lo haría. No me arrepiento de nada. Yo ya soy campeón, me considero un campeón. En la vida no necesitás títulos. Si me preguntás si quiero ser campeón más que nada en mi vida, te digo que no. Obvio que tengo sed de gloria y quiero ganar, pero mi principal objetivo es ser feliz como soy ahora. Yo ya me gané a mí mismo".

El mapa cartográfico de Cannetti

Recorrer el cuerpo del argentino a través de los tatuajes es recorrer su historia. "Tengo un montón, ya no me acuerdo cuantos tengo, pero todos tienen un significado", explica entre risas.

Su familia: En el pecho tiene el nombre de Francesco y un Toro que representa el signo de su hijo mayor. En la espalda se tatuó un cangrejo porque Filipo, el menor, es de cáncer. En el brazo derecho reposa un dibujo de Carolina, su mujer.

El Ninja: En el brazo izquierdo, un diseño que hace honor a su apodo: "Representa a mi apodo, el Ninja. Tengo una estrella en la mano, unas espadas, una calavera y flores de Samurai, de la sabiduría". En la tibia inmortalizó el escudo de Our Town, su gimnasio.

Guido Cannetti en una pausa de su entrenamiento, en Lanús
Guido Cannetti en una pausa de su entrenamiento, en Lanús Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Filipuzzi

Carlos Gardel: "Durante el año que estuve en Estados Unidos me di cuenta de cuánto quería a la Argentina. Me hice cada vez más argentino. Empecé a escuchar tango, empecé a escucharlo más, las letras, bien melancólico. Me re gustó. Gardel, como quería a Buenos Aires, como le canta al país, a la cultura. Dice todas las partes, cuando la pasás bien, cuando la pasás mal, cuando tenés plata y cuando no. Todo está en las letras de Gardel. En toda la pierna tengo cosas argentinas, tengo el Obelisco".

El Gauchito Gil: "Le pedí y me cumplió. Cuando me dio el dóping estaba para atrás, debía mucha plata porque había comprado un departamento. Nos habíamos mudado a un departamento más grande con mi mujer, hicimos un canje con uno que vivía en el mismo edificio que yo, todo de palabra. Le pedí plata a un amigo para comprar el departamento porque tenía mi plata afuera y era todo lo que tenía. Le dije: "No tengo toda la plata para devolvértela pero me quedo porque tengo que entrenar. Entreno y cuando peleo, te la devuelvo". Pero no peleo y me da el dóping.

No llegaba a fin de mes con lo que ganaba en el gimnasio, la gente venía menos, explotó mi vida. No tenía plata porque había pagado el departamento; debía plata y me había dado el dóping, no tenía cómo generar plata. Yo le había prometido a mi mujer que después de la pelea nos íbamos de vacaciones. No tenía un sope y no podía ir a ningún lado, pero un amigo me prestó unos departamentos en Villa Gesell, casi sin plata, a pasar un fin de semana largo para desconectarme pero no podía, la cabeza estaba para atrás. Mi mujer estaba acostumbrada a otro tipo de vida, me decía de ir a comer afuera. Yo le decía que ni loco, que yo hacía los fideos en el departamento porque no teníamos un mango.

Me voy a Gesell, los nenes llorando a morir los dos juntos, me equivoco de ruta. Todo me salía mal. Me había cruzado al Gauchito tres veces de una forma muy zarpada: un remisero me contó que le pedía y le cumplía siempre, otro flaco me dijo que iba y uno que entrena acá le pidió trabajo y se lo consiguió. Yo venía re caliente por la ruta, veo un altar, le pedí que me saque de esta y le juré que me lo tatuaba.

Estoy en la costa, el día que me venía me llaman y me dicen que iba a cobrar una guita por un choque en la moto de 2008. No lo podía creer. La plata era justo lo que debía. Saldé todas las deudas y me lo tatué al Gauchito".

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?