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Lula salió por primera vez de la cárcel para enfrentar a la reemplazante de Moro

Los forenses revisan entre los escombros de las casas de Paradise
Los forenses revisan entre los escombros de las casas de Paradise Fuente: AFP - Crédito: Heuler Andrey
Fue interrogado por la jueza Hardt, que comanda temporalmente el Lava Jato; el expresidente es acusado de haber beneficiado a dos empresas contratistas de Petrobras
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15 de noviembre de 2018  

CURITIBA.- El expresidente brasileño Luiz Inacio Lula da Silva salió ayer por primera vez de la cárcel en siete meses, aunque solo por unas horas, y para una audiencia por otra de las causas judiciales que pesan en su contra, además de la que le valió la condena a 12 años que cumple desde el 7 de abril pasado.

Lula, de 73 años, dejó cerca del mediodía la sede de la Policía Federal de Curitiba, donde cumple su condena, en medio de un fuerte operativo que acompañó la caravana al juzgado federal de esa ciudad del estado de Paraná.

Allí se vieron las caras Lula y la jueza Gabriela Hardt, que comanda provisoriamente la operación anticorrupción Lava Jato tras la renuncia al juzgado de Sergio Moro, que asumirá como ministro de Justicia en el gabinete del presidente electo, Jair Bolsonaro.

La audiencia, cerrada a la prensa y sin transmisión en directo, tuvo en vilo a cientos de seguidores de Lula, que lo fueron a esperar a la salida de la cárcel en medio de gritos de apoyo, cantos partidistas y banderas alusivas para quien este año aspiraba a volver triunfante a la presidencia y, en cambio, terminó con una condena a prisión.

"Sabíamos que no le iban a dar el gusto a Lula de vernos, pero igual le mandamos ánimos, para que sintiera nuestra compañía", dijo la militante del Partido de los Trabajadores (PT) Susi Montserrate, en la vigilia que se instaló en un terreno vecino desde la detención en abril. "Teníamos mucha expectativa de verlo. Hace 222 días que está preso", señaló, por su parte, la dirigente sindical Regina Cruz.

Lula no fue el primero del día en prestar testimonio. Antes fue interrogado cerca de una hora el empresario ganadero José Carlos Bumlai, acusado de lavado de dinero en el marco de la misma causa, que involucra a 13 personas.

El líder de la izquierda había recibido previamente a sus abogados y a Fernando Haddad, el excandidato del PT en las elecciones. Diputados y senadores del partido acompañaron la manifestación frente a la cárcel y luego a las puertas del juzgado.

En esta causa, Lula responde por el presunto beneficio de reformas pagadas por las constructoras brasileñas OAS y Odebrecht entre 2010 y 2014 en un campo en Atibaia, en el interior del estado de San Pablo. La fiscalía lo acusa de ser el propietario "de facto" y haber retribuido estas prebendas con preferencias para contratos con Petrobras.

La defensa de Lula mantiene su inocencia y asegura que la propiedad no le pertenece. Según los expertos, la sentencia difícilmente saldrá antes de un mes y lo más probable es que se dicte después de la feria judicial de fin de año.

Beneficios

En la condena a 12 años y un mes de cárcel que cumple en Curitiba, Lula fue considerado beneficiario de un departamento tríplex en la ciudad balnearia de Guarujá, sobre la costa de San Pablo, puesto a su disposición por OAS a cambio de su mediación en contratos de la petrolera Petrobras.

Lula enfrenta otros cuatro procesos por corrupción pasiva, tráfico de influencias, lavado de activos y formación de organización criminal. En todos se declara inocente y denuncia una conspiración para evitar que vuelva al poder, una teoría que se vio inesperadamente reforzada a ojos de sus partidarios con la incorporación de Moro, el hombre que destapó el mayor escándalo de corrupción de la historia de Brasil, al gabinete del ultraderechista Bolsonaro.

Según la defensa del expresidente, la designación de Moro es "la prueba definitiva [...] de que Lula fue procesado, condenado y encarcelado sin haber cometido ningún delito, con el claro objetivo de neutralizarlo políticamente".

La partida del juez abre una nueva etapa en el Lava Jato. Hardt, de 42 años, es por lo pronto considerada una jueza de "línea dura", lo que complica las perspectivas de Lula y su equipo de abogados. Magistrada desde 2009, comandará la investigación solo hasta la designación del relevo definitivo de Moro, lo que abrirá un nuevo capítulo en la trama de corrupción que desató un terremoto político en el país.

AFP y Reuters

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