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Una selección en tránsito: le ganó bien a México pero mantiene la duda central

Festejo argentino: la selección le ganó a México con algunas señales positivas.
Festejo argentino: la selección le ganó a México con algunas señales positivas. Fuente: AFP
Javier Saúl
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16 de noviembre de 2018  • 21:09

CORDOBA.- En los apuntes de Lionel Scaloni se pueden destacar algunas buenas conclusiones después del 2-0 a México logrado en esta ciudad en la noche del viernes. Un par de líneas de un balance con pocos puntos positivos, pero valorados en plena transición: rodaje para los más experimentados, oportunidades para los juveniles y la buena actuación de Paulo Dybala, más allá de mantener su sequía albiceleste -no registra goles en 17 partidos-.

En un ciclo marcado por la necesaria renovación, el cordobés emerge como el abanderado. Un recambio obligado tras el sacudón de Rusia. Y en tiempos sin Messi, Dybala no está solo: Giovani Lo Celso, el gran excluido en la aventura mundialista, es el socio ideal. Uno habla y juega. Participa y se hace cargo de ser marcado como el líder futbolístico. El otro es pura prestancia. Es la elegancia al servicio del orden.

En un noche cordobesa con más ruido que marco de público -hubo claros en las tribunas, más allá de las promociones para comprar entradas-, la Argentina fue apenas un poco más que México y se llevó el triunfo por 2-0 con un cabezazo de Ramiro Funes Mori y un gol en contra de Isaac Brizuela. Una victoria justificada por un buen primer tiempo que sirvió de prólogo para una desdibujada segunda mitad.

Tras un inicio con dudas en la última línea -México contó con dos chances en los primeros minutos-, la Argentina se fue acomodando y dominó las acciones en gran parte del partido, aunque con matices. Más allá de algún cimbronazo cerca del arco de Agustín Marchesín, la pelota quedó en gran parte del lado albiceleste, pero no siempre tuvo peso más allá de las buenas intenciones. Si la versión antes del Mundial era la de una selección que controlaba el juego, pero se hacía previsible, este equipo queda en el camino entre lo que quiere ser (control del juego, poder ofensivo y toque en el mediocampo) y lo que muestra (desconexión con delanteros como Lautaro Martínez o Mauro Icardi, dependencia de lo que pueda ofrecer Lo Celso y buenas intenciones de Renzo Saravia o Marcos Acuña). Una selección en construcción.

Funes Mori grita su gol, el del 1-0.
Funes Mori grita su gol, el del 1-0. Fuente: LA NACION - Crédito: Diego Lima

La deuda de los delanteros es un tópico que se repite en los últimos tiempos. Goleadores en Europa que no pueden ofrecer su mejor versión a la hora de vestir la camiseta de la selección. Martínez, que hace gala del combo de velocidad y potencia, no logra conectar y termina enredado en la puerta del área grande. Icardi, el mismo al que se le caen lo goles de los bolsillos en Inter, queda lejos de la generación de juego. Dybala, que se debía un buen partido, muestra su calidad, pero sigue sin convertir.

Situación que se invierte en el otro lado del campo. Más allá de los ajustes iniciales, los defensores tuvieron un desempeño de menor a mayor, con el veinteañero Juan Foyth (la perla de la generación 98) como la figura en la zaga. No es una sorpresa: ya dio sobradas muestras de capacidad en su paso por las selecciones juveniles, sus minutos en Estudiantes y su temprano salto a Tottenham. Ramiro Funes Mori, recuperado de las lesiones que lo dejaron sin pasaje a Rusia, aportó la cuota goleadora con su cabezazo. Una de las armas que lo trajeron hasta aquí.

De cara a la escala en Mendoza, queda en el aire la sensación de cuál es la verdadera cara de este equipo. Si la del vértigo, la presión y la posesión del primer tiempo, o la del desgaste del segundo tiempo, casi a ritmo de un entrenamiento. Habrá cambios de nombre y más minutos para jugadores que vieron el partido desde el banco de suplentes o apenas ingresaron en el pack de seis modificaciones por equipo que ofreció el amistoso. En el camino de la renovación, el paso por Córdoba quedará con el buen sabor de la victoria, pero con incógnitas para el futuro. La renovada selección apenas toma color y queda presa de la duda principal: todavía desconoce qué pasará con su entrenador.

Correa lleva la pelota ante la marca de Reyes. El martes, la revancha en Mendoza.
Correa lleva la pelota ante la marca de Reyes. El martes, la revancha en Mendoza. Fuente: LA NACION - Crédito: Diego Lima

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