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River-Boca: La táctica de Bianchi que Guillermo usa para reencontrarse con el mejor Tevez

Guillermo y Tevez: el DT quiere al Apache en su mejor forma para un superclásico a todo o nada
Guillermo y Tevez: el DT quiere al Apache en su mejor forma para un superclásico a todo o nada Fuente: LA NACION - Crédito: Aníbal Greco
Pablo Lisotto
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15 de noviembre de 2018  • 23:59

"Esta final es por lo que vos viniste". El cuerpo entero de Carlos Tevez se encendió con esas palabras concisas de Guillermo Barros Schelotto, antes de ingresar ante River. Su pecho se infló, su mentón se levantó y sus ojos se posaron fijamente sobre el andar de la pelota y sus rivales: ya tenía claro el objetivo en Boca. Unas cuantas palmadas en la pierna del Mellizo significaron una respuesta que no necesitaba de voz. El "¡ganalo!" de Gustavo, acompañado de un leve toque de confianza en la rodilla de Carlitos, terminó de despertarlo.

No hubo un mejor Tevez desde que regresó del fútbol chino. La final de la Copa Libertadores. Ese anhelo persiguió desde el preciso momento en el que creyó que su etapa europea había finalizado, pese a plenitud física y futbolística con las que se fue de Juventus. La Bombonera repleta y eufórica por el contexto. Que el rival fuese River. Todo aquello se refrescó automáticamente y Tevez salió decidido a cumplir con una deuda personal que se hizo más grande por el calibre del cruce. Su sprint final pudo cambiar la historia del primer episodio de la final del mundo.

Después de la frase motivadora, jugó con la potencia de aquel chico al que ni los centrales más rudos del continente podían frenar: tomó la pelota en tres cuartos de cancha con una fuerte aceleración y sacó ventajas, se bancó de pie el roce del intento de una patada descalificadora de Maidana y con mucha lucidez -y poco egoísmo- habilitó de zurda a Benedetto. El pedido de Gustavo Barros Schelotto estaba cumplido: Tevez había ganado el partido. Solo que la pierna del arquero de River impidió el 3-2.

Guillermo sobre el Virrey

Guillermo pareció disfrazarse de Carlos Bianchi. Quienes lo tuvieron de entrenador no dejan de repetir que, muchas veces, no necesitaba más que unas pocas palabras para tocarle la fibra íntima al futbolista. Frases nada efusivas, diálogos cortos y relajados, con la confianza de que estaba actuando como debía. El Mellizo pareció querer revivir eso que alguna vez Bianchi le enseñó, en el momento más necesario. Casi desplomado en su asiento del banco de suplentes, utilizó esa herramienta que ahora emociona a todo el mundo Boca y le da esperanzas de cara a la revancha: Boca quiere revivir la noche épica del 2004, en la que un magnífico Tevez marcó un gol sobre la hora y silenció el Monumental (a través de los penales, Boca pasó a la final de la Copa).

Su experiencia y trayectoria, tal como lo remarcó el técnico para explicar el por qué de su ingreso, parecen jugar un papel especial. Los de afuera, que hace tiempo sostenían que el atacante de 34 años no estaba en condiciones de jugar en Boca, ahora se inclinan por su titularidad para el sábado 24. Y el entrenador cree que la figura del ídolo será fundamental, aún si no elige ponerlo de entrada.

Un papel destacado

Tevez goza del protagonismo que no experimentó a lo largo de este semestre decisivo. Guillermo había decidido incorporar a Mauro Zárate, el hombre de calidad que buscó para intentar ganar la Libertadores. Sin embargo, en el primer partido de la final continental más importante de la historia boquense, lo dejó sentado en el banco. Y Carlitos, que ni siquiera había disputado un segundo en las dos semifinales ante Palmeiras, entró en el campo: la apuesta en un hombre totalmente maduro, totalmente identificado con la camiseta azul y oro, y que ostenta la marca de ser el segundo argentino con mayor cantidad de títulos (26), detrás de Lionel Messi, con 33.

No es la primera vez que el Mellizo motiva a Tevez: antes de enfrentar a Huracán, en el comienzo de la presente Superliga, le había comunicado que lo dejaría fuera de la concentración. Desde allí, otro Apache empezó a asomar discretamente. Empezó a ponerse a la par de Zárate en la competencia. El domingo pasado terminó por sentenciar que, más que nunca, pueden contar con su levantada futbolística.

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