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Lidera un grupo de científicos que impulsa el uso de semillas de código abierto

Leandro Africano
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16 de noviembre de 2018  

Anabel Marín (47)

Uso colaborativo del conocimiento en la agricultura, inspirado en experiencias de software libre y ciencia ciudadana.

¿Quién es? Directora de Bioleft, licenciada en Economía, magíster en Desarrollo Industrial y doctorado y posdoctorado en Estudios de Política Científica y Tecnológica.

¿Qué hizo? Lidera un grupo de científicos y especialistas en agro que impulsan la utilización de semillas de código abierto como alternativa al sistema de protección de propiedad intelectual vigente.

¿Cómo lo hizo? Como investigadora, Anabel está trabajando desde 2010 en diferentes aspectos relacionados con la política científica y el desarrollo productivo de la Argentina. Así llegó hasta el tema de las semillas, insumo central de la agricultura, que a su vez es la base de la alimentación mundial. Durante milenios, los agricultores aprendieron a optimizar las semillas a partir de métodos de cruzamiento y selección de las mejores versiones. A principios del siglo pasado, aparecieron fitomejoradores profesionales (técnica con la que se cruzan distintas variedades de una misma especie vegetal con el objetivo de mejorar sus características genéticas), lo que facilitó el intercambio entre agricultores. Las empresas se empezaron a involucrar cuando apareció la posibilidad de apropiarse de las semillas: primero por una innovación técnica, la hibridación, y luego a través de una institución, los derechos de propiedad intelectual. Este proceso derivó en la concentración empresaria: a mediados de la década de 1980, las nueve empresas más grandes tenían el 13% del mercado mundial de semillas y, en 2017, solo seis controlaban más del 60%.

En ese contexto surge Bioleft: "Un equipo transdisciplinario integrado por economistas, ingenieros agrónomos, abogados y comunicadores que pretendemos lidiar con el alto nivel de concentración empresaria que hay en la industria semillera mundial", explica Marín. Y amplía: "Buscamos democratizar el acceso a la innovación, el desarrollo y el registro de nuevas variedades de semillas, hasta ahora reservado solo a las grandes empresas semilleras, ya que proponemos una red que sirva para testeo colaborativo de semillas en cultivos".

Anabel Marín es investigadora del CONICET y está al frente de Bioleft.

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Desde la perspectiva de la organización, una herramienta central y necesaria es una ley para la transferencia de material genético (semillas). "Este instrumento debe incluir licencias abiertas para transferir semillas que impidan la apropiación y aseguren la circulación de material genético", señala Marín. Otra herramienta de la propuesta es una plataforma web para registrar y mapear las variedades de semillas que se producen, los intercambios entre investigadores y las mejoras continuas que se formulan. "Con esta herramienta, Bioleft generará un banco de semillas vivo, una gran fuente de información y una red de campos de experimentación potencialmente mucho más amplia que cualquier red privada", explica y resume: "Nuestras semillas corren el riesgo de ser privatizadas. Cada vez menos variedades se adaptarán a diferentes tipos de agricultores y agriculturas y solo quedarán las semillas que funcionan junto a paquetes tecnológicos vendidos por multinacionales". De ahí, la urgencia de la propuesta de Bioleft.

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