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Conurbano: la desigualdad no distingue entre municipios ricos y pobres

Evangelina Bucari
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20 de noviembre de 2018  • 09:53

Según una nueva herramienta que mide el Índice de Progreso Social, la zona más poblada de la provincia se caracteriza por los contrastes en la calidad de vida y las oportunidades de sus pobladores; la urgencia, achicar las brechas y lograr más equidad

El conurbano bonaerense es un dilema no resuelto. Por sus dimensiones, densidad demográfica y características socioeconómicas, es una de las zonas más complejas y desiguales del país, que concentra gran parte de la población en situación de vulnerabilidad, con casi un millón de hogares en la pobreza. Entre tantas carencias crónicas, una de las ellas es la de información fiable, un recurso fundamental para aplicar políticas públicas. A salvar esa situación apunta un nuevo e inédito estudio, centrado en lo social y ambiental. Sus conclusiones son claras: la brecha en la calidad de vida es profunda y la desigualdad no distingue entre municipios ricos y pobres.

Desde el tipo de nutrición o el acceso a los servicios básicos, hasta la percepción de la seguridad o, incluso, si los vecinos están satisfechos con los temas medioambientales. Todos estos aspectos son parte del primer Índice de Progreso Social (IPS), que busca aportar información concreta sobre estas realidades.

Realizado por la Red de Progreso Social -una alianza multisectorial-, el IPS trabajó sobre los 24 partidos metropolitanos, donde viven 10.894.664 personas, es decir, el 25% de la población nacional y el 64% en el caso de la provincia de Buenos Aires. Este índice, que en su interior combina diversas variables, busca establecer un patrón con el cual comparar el estado de desarrollo de cada municipio más allá de lo económico, partiendo de la certeza de que el ingreso no siempre es la única medida con la cual determinar la calidad de vida de las personas.

El primer gran resultado es que el conurbano es una zona de contrastes marcados. Entre el distrito con mejor IPS y el peor hay más de 25 puntos de diferencia. A partir de datos recogidos durante 2017, los municipios con mayor desarrollo son Vicente López, San Isidro, Morón, Avellaneda, seguidos por San Fernando y Tres de Febrero, pertenecientes al primer cordón bonaerense. En el otro extremo, con los valores más bajos, se encuentran Almirante Brown, Malvinas Argentinas, Esteban Echeverría, Merlo y José C. Paz, todos del segundo cordón.

El promedio general de IPS fue de 47 puntos sobre 100 posibles. Es decir, se encontró un nivel de progreso social medio, si bien el 50% de los municipios están debajo de esa línea (ver infografía). Según el último informe del Instituto Nacional de Estadísticas y Censo (Indec), la pobreza se ubicó en el 31,9%, mientras que la indigencia llegó al 6,2%.

La Red de Progreso Social, creada específicamente para desarrollar ese relevamiento, está conformada por el Ministerio de Desarrollo Social de la provincia de Buenos Aires, el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec), el Grupo de Fundaciones y Empresas (GDFE), y la Fundación Avina.

Marcela Mondino, responsable de Avina en la Argentina, destacó que todos estos indicadores permiten ver la mirada de lo social y lo ambiental, y que no considera variables económicas. "Esto la vuelve una herramienta complementaria pero independiente del Producto Bruto Interno (PBI), que es la mirada con la que generalmente decimos si estamos bien o mal. Entonces, este nuevo lente que nos trae el IPS es sumamente interesante, muchos más para un sector como el conurbano", evaluó Mondino.

Un índice múltiple

Para componer este índice se estudiaron tres dimensiones: necesidades básicas humanas, fundamentos de bienestar y oportunidades, cada uno con sus diversos componentes. En cuanto a las necesidades básicas, la faceta que mejor desempeño mostró en todo el conurbano fue vivienda (62 puntos), mientras que seguridad personal (donde se combinó la percepción de los vecinos con datos oficiales de criminalidad) mostró el desempeño más bajo (39). "No sorprende que este sea el componente dentro de la dimensión con peor resultado. Más del 44 % de homicidios dolosos a nivel nacional ocurrieron en la provincia", destacó el informe.

En la dimensión fundamentos de bienestar, las brechas entre los componentes son menores. Con el mejor desempeño está salud y bienestar (54 puntos) y el más bajo es el acceso a conocimientos básicos (43 puntos). Calidad medioambiental, con 45 puntos, también da cuenta del déficit en políticas y prácticas al respecto. De todos modos, el estudio indicó que "la incipiente incorporación de leyes de protección y de tratamiento de residuos puede, en el mediano plazo, contribuir a mejorar esta situación". Una variable con resultados algo mejores es el acceso a la información y comunicaciones, con 50 puntos. "La penetración del celular es bastante alta en casi todos los municipios, sin embargo el acceso a internet móvil y en el hogar todavía alcanza a un menor número de usuarios", detalló el estudio.

La dimensión de oportunidades -grado de derechos y libertades personales, y capacidad de tomar decisiones- tiene un promedio de 42 puntos, 5 por debajo del IPS. De hecho, todos los municipios tienen peores resultados en esta dimensión, con una brecha de 25 puntos. El principal desafío es la ampliación de posibilidades en educación superior (ver aparte). El componente de tolerancia e inclusión, con 48 puntos, tiene niveles medios de aceptación a minorías sexuales, pero casi la mitad de los encuestados se sintieron discriminados en algún momento de su vida.

"El estudio, conducido por la Red de Progreso Social, es un hito de la articulación público-privada que aúna esfuerzos para combatir la pobreza multidimensional. Busca generar datos para la formulación de políticas públicas y para promover una inversión social privada que responda con innovación, recursos y capacidades a los desafíos locales", aseguró Maria Julia Díaz Ardaya, Presidente del Grupo de Fundaciones y Empresas (GDFE).

Del análisis a la acción

"Estamos poniendo sobre la mesa información valiosa que va a servir para mejorar la planificación de políticas públicas y conocer en profundidad la situación de cada municipio", explicó Agustina Suaya, investigadora asociada del Programa de Monitoreo y Evaluación de Cippec. Con esta base -que esperan repetir cada dos años-, se podrán establecer metas y luego monitorear la efectividad de las medidas en términos de desarrollo.

Suaya destaca "una conclusión llamativa, a contramano de lo que se piensa: que el norte no es más rico que el sur, ya que hay municipios con el nivel más alto del IPS en el norte y también con el más bajo, y en el sur sucede lo mismo". Desde su mirada, esto responde "al desarrollado poco planificado que ha tenido el conurbano". La investigadora explicó que "en los últimos 30 años el conurbano experimentó un gran crecimiento poblacional que no fue acompañado por una ampliación de los servicios públicos y de infraestructura, derivando en las brechas de progreso social".

Para Mondino, más allá del resultado puntual, es clave "cómo observar la realidad para priorizar decisiones de interés público en función de una perspectiva social y ambiental", que no niega la mirada del crecimiento económico, pero que se pregunta cómo lograrlo con equidad, cuidado ambiental y democracia.

En principio, destacaron la urgencia de un abordaje interjurisdiccional, para compensar el déficit de un conurbano que creció sin una gestión articulada. "Los desafíos que señala el IPS, por lo tanto, deben ser abordados de manera coordinada por los tres niveles de gobierno que operan sobre este territorio (nación, provincia y municipio)", concluyó la Red de Progreso Social. Es decir, "solo si se logra reducir la fragmentación de las intervenciones se podrá avanzar hacia un desarrollo integrado". Una vez identificado, el problema también supone una oportunidad. "Cómo un municipio con otro pueden encontrar acciones conjuntas que les permitan modificar favorablemente estos índices, dar prioridad a determinados municipios, empezar a ver un conurbano más articulado, no tan separado, es un desafío político no menor", detalló Mondino.

El peor dato: el acceso a educación superior

La posibilidad de acceder a la educación superior fue el promedio más bajo de todo el índice y, a la vez, el más desigual. El puntaje general fue de 24 puntos, con brechas que llegan a los 67 entre ambas puntas de la distribución. Por ejemplo, en esta variable, Vicente López tiene once veces el desarrollo alcanzado por Florencio Varela, que ocupa la última posición.

"El tema del acceso está vinculado a de dónde partís. En lugares en que todavía no hay ni agua ni cloacas, ni hay pavimentos, no hay acceso al transporte, no hay atención primaria de la salud, la universidad parece una especie de utopía", subrayó Santiago López Medrano, ministro de Desarrollo Social bonaerense. "Muchas universidades han trabajo muy bien en la vinculación con la comunidad. Por ejemplo, en el medio de Villa Lanzone, en San Martín, un barrio muy periférico, se construyó un colegio secundario universitario para generar el vínculo. Algo que es muy complejo, pensando que el 50% no termina la secundaria en la Argentina", destacó el ministro.

"Este componente refleja, quizás más que cualquier otro, diferencias económicas entre las familias que viven en cada municipio. Queda claro que los distritos con mayor potencial económico tienen mayor acceso a la universidad", subrayó Agustina Suaya, de Cippec. López Medrano consideró que el desafío más grande es la vinculación y que "ese adolescente considere que hay un lugar para él en la universidad", ya que "tienen sistemas de becas y hay herramientas para sostener". Para el ministro, el problema es evidente: "No podés sostener algo a lo que nunca accedés".

En este punto, para Suaya "la apertura de universidades en el conurbano de los últimos años abre la ventana a ampliar este acceso". Recordó que "muchas son muy jóvenes y todavía no hay graduados", por lo que "hay que esperar a las próximas mediciones para ver si muestran mayor acceso".

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