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Franco Armani, el arquero de las 12 atajadas que cambiaron el destino de River en la Copa

Una atajada que puede significar el título para River: Armani ataja el mano a mano frente a Benedetto en la Bombonera, en los últimos minutos de la primera final
Una atajada que puede significar el título para River: Armani ataja el mano a mano frente a Benedetto en la Bombonera, en los últimos minutos de la primera final Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Filipuzzi
Ariel Ruya
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17 de noviembre de 2018  • 21:45

El reloj marca casi 45 minutos del segundo tiempo el domingo 11 de noviembre, en la Bombonera. Boca y River empatan 2-2 en la eléctrica final de la Copa Libertadores. De pronto, Carlos Tevez esquiva una patada a destiempo de Jonatan Maidana, levanta la cabeza y encuentra con una asistencia de zurda a Darío Benedetto, en soledad, de cara a Franco Armani. El arquero se convierte en figura, con los pies hacia adelante, evita la derrota. Cómplice en el primer gol, con sabor a poco en el segundo tanto, rápidamente se transforma en héroe. Fue la última de una serie de salvadas clave en el recorrido millonario durante la Copa Libertadores.

Faltan 24 minutos para que se cierre la historia, el 30 de octubre, de las semifinales que se definen en Porto Alegre; Gremio gana 1-0, lo que aumenta la adrenalina, ya que el equipo millonario sufre un golpazo: había perdido por el mismo resultado en su estadio. De pronto, Everton, uno de los mejores intérpretes gaúchos, encara con el balón dominado, con Javier Pinola fuera de escena. El arquero se convierte en figura, con los pies hacia adelante, evita la eliminación. Cómplice en el tanto en Núñez por una salida en falso, con la histórica reacción millonaria, el 2-1 lo transforma en clave.

El cronómetro describe 12 minutos de la segunda mitad en el gran encuentro sin goles en Avellaneda entre Independiente y River, el 19 de septiembre, por los cuartos de final. Armani y Martín Campaña se sacan chispas. De pronto, Meza avanza con decisión por el sector derecho y se cita con Gigliotti en el centro del área, su zona de influencia. Es gol: hasta el relator de la TV se anticipa al desenlace. Sin embargo, ocurre el milagro. El arquero se convierte en figura, con los brazos estirados, evita la desventaja. Cómplice en el 1-1 de Romero en el encuentro decisivo, también esencial con otras salvadas, con el 3-1 rápidamente levanta su figura.

El tiempo reglamentario ya casi fue cumplido el 9 de agosto, en el Cilindro, Racing y River empatan en un 0-0 sostenido por la última línea millonaria, con algo más de un tiempo sin Leonardo Ponzio, el símbolo, expulsado. Se cumplen 3 minutos, de los 4 agregados, cuando Racing avanza con entusiasmo. De pronto, un centro largo de Solari termina en una bella palomita de Cristaldo, que vuela a la red. El arquero se convierte en figura, con un cierre oportuno en el primer palo, envía la pelota al córner, evita la derrota. Cómplice en salvadas sorprendentes en la Superliga que motivaron bromas de Eduardo Coudet ("apagá la tele, voy a seguir soñando con Armani"), mientras charlaba con los medios, y desde la pantalla se repetían sus atajadas, otra vez se transforma en héroe.

Un minuto de descuento, de los cuatro previstos, se desarrolla en Guayaquil, el 19 de abril, en el triunfo de River por 1-0 contra Emelec, por la tercera jornada de la primera rueda del Grupo D. De a ratos, es un sufrimiento. De pronto, Marlon de Jesús, un número 9 corpulento, queda de frente al arco, con el balón dominado y la cabeza levantada. El empate debe ser la consecuencia, pero no lo es. El arquero se convierte en figura, inmenso con el cuerpo y con las piernas, deriva la pelota al córner, evita la igualdad. Cómplice en otras dos situaciones claras, transforma la hipótesis de una derrota en una victoria.

Van 23 minutos de la segunda mitad, en el 0-0 entre River e Independiente Santa Fe, convertido en una imaginaria partida de ajedrez, el 5 de abril, otro combate de la etapa de grupos, en el Monumental. De pronto, se presenta un puntinazo en el área de William Tesillo, inesperado, entre varias piernas de ambos bandos, a la salida de un córner, un mal que River no termina de resolver. El arquero se convierte en figura, en un vuelo hacia la izquierda. Cómplice con un par de buenas decisiones, su figura otra vez vuelve a ser decisiva.

Franco Armani dispuso de seis atajadas inolvidables en la Copa Libertadores. En todas, sus manos inclinaron el resultado: River ganó o -al menos-, no perdió. Hubo, exactamente, seis más: 12 atajadas imprescindibles. No lo pueden olvidar De Jesús (Emelec), Baldomero Perlaza (Independiente Santa Fe), Gustavo Bou, en dos ocasiones (Racing), Matías Zaracho (Racing) y Silvio Romero (Independiente).

La postal de Armani frente a Benedetto queda en el archivo. Marcelo Gallardo, como todos los hinchas de River, lo vive a la distancia. "Una vez más, Franco tuvo una muy buena actitud en una jugada determinante, muy marcada, y eso hizo que no nos quedáramos con nada en el bolsillo", advierte el DT.

El fuera de serie nacido en Casilda recibió en la Superliga un gol después 965 minutos. Nicolás Blandi, en el 1-1 con San Lorenzo de la Superliga, le cortó la posibilidad de alcanzar a Carlos Barisio, quien en 1981 consiguió 1075 minutos invicto en Ferro. Le faltaron, apenas, 110 minutos para escribir un capítulo que iba a dejar su huella en la historia del fútbol argentino. Sin embargo, su rúbrica vuela por otros aires. River lo sabe muy bien.

Sensación en las redes

El arquero preferido para los fanáticos de la copa

"Defender con el corazón los tres palos es tarea de los más grandes del continente. Acá nominamos dos de los porteros más importantes para que tú elijas al mejor. #ElEquipoIdeal". Esa fue la propuesta en twitter lanzada por el sitio de la Conmebol Libertadores para los fanáticos: quién es el mejor arquero del certamen. Su "adversario" era Julio César, ex arquero de Flamengo. Desde que fue subida la propuesta, Armani arrasó en las preferencias. Desde su cuenta, el arquero publicó una captura de la encuesta acompañada del texto: "Yo ya voté ¿Y ustedes?". Más allá de su figura, suele mostrarse tranquilo, sin ansiedad, lejos de todo tipo de divismo. "Estoy orgulloso por este presente. No como arquero, sino por todo el equipo. Es un trabajo en conjunto que no depende solamente de mí", suele contar Armani, que jugó dos partidos en la Copa del Mundo, frente a Nigeria y Francia.

Por: Ariel Ruya

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