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Laureano Staropoli, el argentino que fue policía y lloró tras cumplir su sueño: debutar en la UFC

El argentino de 25 años derrotó al mexicano Héctor Aldana en su debut en la UFC
El argentino de 25 años derrotó al mexicano Héctor Aldana en su debut en la UFC Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Filipuzzi
Matías Baldo
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18 de noviembre de 2018  • 00:20

Laureano Staropoli no olvidará jamás la noche del 17 de noviembre: el argentino de 25 años derrotó al mexicano Héctor Aldana en su debut en la UFC , en su país, ante su gente. Consumado el triunfo que persiguió durante toda su vida, Staropoli se quebró en medio del octágono cuando el árbitro le levantó el brazo en señal de victoria tras conocer la decisión unánime de los jueces, quienes fallaron por 30-27 en favor del local tras los tres asaltos.

"Es el mejor día de mi vida. Es algo hermoso, es mi debut soñado. No me dejé llevar por las emociones porque si lo haces, perdés. Hasta que no me levantaron la mano evité pensar en todo", explico a LA NACION, minutos después de su presentación triunfal, aún con las marcas de la batalla en la cara y rengueando desde la salida del ring.

Fue una guerra en el octágono. Aldana, guerrero como todo mexicano, aguantó el castigo y convivió con un corte profundo en el párpado de su ojo izquierdo. La sangre brotaba a borbotones, manchando a los dos protagonistas e incluso salpicando la lona.

En cada descanso se repetía la misma rutina: Aldana se sentaba en el banco de su rincón, su equipo lo curaba en la esquina, el árbitro pedía un minuto antes del comienzo del round y el médico de la pelea revisaba que estuviera en condiciones para seguir. "No me sorprendió que no pararan la pelea. Yo quería seguir peleando. Héctor es mexicano, es latino, es un guerrero como yo y va a seguir peleando aunque no pueda ver", explicó Staropoli.

Aldana, guerrero como todo mexicano, aguantó el castigo y convivió con un corte profundo en el párpado del ojo izquierdo.
Aldana, guerrero como todo mexicano, aguantó el castigo y convivió con un corte profundo en el párpado del ojo izquierdo. Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Filipuzzi

Oriundo de La Plata, durante los últimos meses entrenó en laureada academia Chute Box de Brasil. Fue ahí, mientras esperaba por una oportunidad en tierras brasileñas, que se enteró hace menos de un mes que participaría de la velada argentina: "No caía que iba a pelear en el evento más grande del mundo, en mi país. Estaba en San Pablo y cuando mi entrenador me avisó, me costó creerle".

Con 25 años, se convirtió en el quinto luchador nacional en participar de un evento de la empresa más popular del mundo de las artes marciales mixtas tras las apariciones de Alex Schoenauer, Nazareno Malegarie, Guido Cannetti y su ídolo Santiago Ponzinibbio.

Pepi, como lo apodan, evidenció desde su salida un fuerte sentido de pertenencia con la Argentina. Eligió al himno nacional como banda sonora para ingresar al octágono y lo corroboró en la entrevista posterior. "Uno tiene que enfrentar sus miedos. Cuando estás por subirte te da cagazo pero cuando subo a pelear pienso en los soldados de Malvinas que hace muchos años fueron a pelear por nosotros con 18 años. Pienso en eso y me llena de energía. Eso es tener huevos, si ellos lo hicieron, ¿cómo no voy a poder subirme al octágono a pelear que es lo que me gusta?", contó.

La historia de Staropoli es, como la de muchos, una historia de sacrificios: "Hace tres años me metí en la policía porque no nací en una cuna de oro. Tuve que salir a laburar, no me quedó otra, para pagarme los entrenamientos, los complejos vitamínicos, todo. Tuve que pasar un montón de tiempo trabajando, saliendo a patrullar, entrenando cansado. Nunca saqué la cabeza del foco, nunca dejé de pensar que lo iba a lograr. Tenía fijo en la cabeza que iba a llegar a estar acá". Además de policía fue repartidor, repositor en un supermercado chino y seguridad en una empresa privada.

Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Filipuzzi

Haber llegado a la UFC es haber alcanzado el mojón que se trazó desde que empezó a practicar artes marciales mixtas: "Imaginate todo lo que pasé, llegué a pelear por $500 y ahora cobro en dólares, en el mejor evento del mundo, donde estuvieron mis ídolos. Es como que un chico esté en un potrero y de repente te digan que vas a jugar un Mundial".

Su futuro seguirá vinculado a la UFC, empresa con la que tiene un contrato por tres peleas más. "La clave fue la perseverancia", asegura cuando explica las razones de su triunfo y, también, el proceso que le permitió cumplir su sueño.

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