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Adultos receptivos y atentos: dos claves para poder actuar

Los indicios en las víctimas son múltiples; el rol fundamental que cumple la escuela
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19 de noviembre de 2018  

"Todos tenemos que estar atentos y como adultos convertirnos en agentes de detección y prevención del abuso sexual en la infancia. No nos estamos ocupando lo suficiente de un tema que afecta al 20% de la población", subraya Paula Wachter, fundadora de Red por la Infancia.

Según las estimaciones de la Organización Mundial de la Salud, una de cada cinco chicas y uno de cada 13 varones son abusados sexualmente antes de los 18 años.

Para los especialistas, prestar atención a las señales de alerta es clave. Además, subrayan que la educación sexual integral (ESI) cumple un rol fundamental para prevenir y dándoles herramientas a los chicos para que puedan contar lo que les pasa.

En esa línea, la semana pasada se presentó una guía para el abordaje de los abusos sexuales hacia menores, en el marco del Plan Nacional de Prevención del Embarazo No Intencional en la Adolescencia que llevan adelante los ministerios de Salud y Desarrollo Social, de Educación y Justicia, y la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia.

Algunas de las señales

"Los cambios de conducta de los niños que están siendo abusados son 'patognomónicos', es decir, dirigen inmediatamente la atención hacia la alerta", explica Eva Giberti, psicoanalista con más de 50 años de experiencia en la temática.

Entre los indicios enumera: chicos que siempre se dejaban bañar y de pronto se niegan, no se quieren desvestir o que les toquen el cuerpo; sobreadaptación; aislamiento o ensimismamiento; conductas sexuales infrecuentes o precoces; conflicto o desconfianza con las figuras de autoridad o los adultos; pesadillas y miedos que antes no tenían; irritación en las partes externas de los genitales o en la zona perianal; regresiones en cuanto a hábitos ya adquiridos, como el control de esfínteres; entre otros.

"Además hay que mantenerse alerta cuando un niño, por ejemplo, no quiere estar con una persona y dice 'me molesta'. El chico no sabe decir 'me abusa', y aquel es el sinónimo que encuentra para expresar que le hacen algo que no le gusta", señala Giberti.

Cristina Bösenberg, coordinadora de la Comisión de Violencia y Abuso Sexual Infantil del Colegio de Psicólogos de San Isidro, agrega: "Los chicos siempre intentan buscar ayuda, pero esto va a depender de si encuentran del otro lado cierta receptividad para lo que intentan develar y un contexto de seguridad. Según la psiquiatra Irene Intevi, solamente a un 20% de los chicos que empiezan a hablar del tema o intentan develarlo se les cree".

Bösenberg explica que no hay un "perfil" del abusador. Puede ser cualquiera. "En cuanto a sus características psíquicas, se considera que se establece una división entre dos partes que no entran en contradicción. Desde una de ellas puede concebir al niño o niña como una cosa, que no siente y sufre, por lo que no tiene culpa o compasión y, por ende, no se angustia y no inhibe o frena su acto", detalla. Y agrega: "Esta doble fachada de los abusadores las describen significativamente algunos niños: por ejemplo, hay chicos que dicen tener dos papás, el bueno y el malo; otros, utilizan la figura de los Transformers para dar cuenta de esa realidad".

Lo que siempre les dicen los abusadores a sus víctimas es: "Este es un secreto entre vos y yo". "Ese es un fenómeno que se replica en todo Occidente. Hay amenazas, pero sobre todo políticas de enorme seducción", advierte Giberti.

La especialista agrega: "La ESI tiene un rol fundamental. Cualquiera que sea su edad, hay que explicarles a los chicos: 'Tu cuerpo es tuyo, no tenés que dejar que te toquen el pito o la vulva', es fundamental hablar un lenguaje correcto".

Para ella, los docentes son de gran ayuda: "En general son aquellas personas con las que los chicos se confidencian en primera instancia: eso lo vemos muy a menudo".

El embarazo forzado, una cruel realidad

Cada año nacen en la Argentina entre 2500 y 3000 bebés de madres menores de 15 años: la mayoría tiene entre 10 y 14, según datos de Unicef Argentina. "A esa edad hablamos de embarazos forzados, porque no se puede asumir que son intencionales y con plena asunción de derechos. Siempre hay que sospechar que hubo abuso", dice Alejandra Sánchez Cabezas, médica y fundadora de la asociación civil Surcos.

La especialista explica que la interrupción legal del embarazo en este grupo etario está dentro de las causales de la ley, ya que pone en riesgo la vida y la integridad de las niñas. Según el Ministerio de Salud, en estos casos los equipos de salud tienen la obligación de ofrecer toda la información sin esperar que la demanden.

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